Divisarlos es fácil: asoma un mini cardumen de personas con la camiseta del jugador en cuestión, habitualmente con algún personal de seguridad y el alboroto de los cholulos que quieren meter selfie empieza a crecer a los costados del mini grupo.
Entre esa parentela asoma la mamá de Rodrigo De Paul, pilar para el Motorcito durante toda su carrera. Con una amabilidad hermosa, Mónica Ferrarotti también revela cositas de su hijo: “Siempre fue igual, desde chico. Dicen que se parece a mí (risas) pero yo no soy tan revoltosa como él. Soy una abuela babosa de mis nietos, lo más lindo que tengo”.
Algunos no tienen problema en prenderse a algunas preguntas, aunque otros ni siquiera responden como Carlos Mac Allister, que prefiere pasar de largo. Caso contrario para Carolina Calvagni, esposa de Nicolás Tagliafico: “Por suerte sigue sumando minutos y mejorando de la lesión. Claro que es el más fachero de todos”, devuelve la pared, ponderando a su amado lateral izquierdo.
El caso particular de Antonela Roccuzzo
Si bien la gran mayoría de los parientes de los jugadores de la Selección argentina camina por los pasillos de los estadios como si nada, Antonela Roccuzzo y la familia de Lionel Messi escapa a la normalidad.
Ahí entendés, un poco más, lo que genera el capitán de la Selección argentina. Su entorno camina con un coral de seguridad que cuida celosamente cada paso del árbol genealógico. Es más, ingresan por otro sector distinto al del resto.
No solo eso: a la cancha llegan en dos camionetas negras, escoltadas por la policía de la ciudad, idéntica forma para salir. En el primer partido versus Argelia, hubo un error de logística y los Messi quedaron en una de las entradas principales al estadio, lo que generó una locura en todos los que ingresaban al estadio de Kansas City. Sin dudas, parte de la vorágine que genera el mejor del mundo.