Diego Maradona y un grito histórico.
El último gol de Diego Maradona en un Mundial
El encuentro tuvo como escenario el Foxboro Stadium de Massachusetts, un recinto que lució colmado por más de 54 mil espectadores para presenciar el estreno del combinado dirigido por Alfio Basile. El conjunto nacional ya se imponía con comodidad por 2 a 0 en el marcador gracias a un doblete inicial de Gabriel Batistuta, quien más tarde completaría un triplete en su cuenta personal.
Transcurridos 15 minutos de la parte complementaria, el equipo hilvanó una maravillosa sucesión de pases de primera que involucró a Fernando Redondo, Abel Balbo y Claudio Caniggia. La pelota retornó limpiamente a la posición de Maradona, quien con su intacta precisión de zurda sacó un potente remate directo al ángulo superior del arco griego.
Inmediatamente después de ver el balón en la red, el 10 corrió de manera desaforada directamente hacia una de las cámaras de la transmisión televisiva. Con la mirada fija y los puños apretados, descargó una mezcla de euforia y desahogo que se transformó de inmediato en una de las postales más emblemáticas de la historia de los Mundiales.
Fue el último gol de Diego Maradona con la camiseta de la Selección argentina.
El trasfondo del desahogo de Maradona y el inesperado final
El significado profundo de aquella desaforada celebración fue explicado por el propio futbolista años más tarde en su libro autobiográfico titulado "México 86. Mi Mundial. Mi verdad. Así ganamos la Copa". En sus páginas, el astro argentino dejó asentado el fuerte motor familiar que lo impulsó a prepararse con intensidad para la cita norteamericana.
"Yo llegué al Mundial limpio como nunca, porque sabía que era la última oportunidad de decirles a mis hijas: 'Soy un jugador de fútbol, y si ustedes no me vieron, me van a ver acá'", plasmó el capitán en sus memorias. En el mismo fragmento, Maradona resaltó que el grito frente a Grecia reflejaba su felicidad por tomarse una revancha genuina ante el mundo.
A pesar del enorme nivel futbolístico mostrado en ese debut y en el posterior triunfo ante Nigeria, la ilusión se truncó de forma abrupta. Un control de dopaje con resultado positivo por pseudoefedrina marginó al número 10 de las canchas por el resto de la competencia, convirtiendo de manera involuntaria aquella tarde en Massachusetts en el cierre definitivo de su ciclo goleador con la Selección Argentina.