Rompiste todos los récords: máximo goleador, máximo asistidor, más presencias con la Albiceleste... Pero, ¿sabés qué más rompiste? El concepto de que vos no ibas a poder recoger ese guante inmenso que había dejado Diego Armando Maradona. Rompiste con la idea de que no ibas a poder ganar títulos con la Mayor (como muchos dijeron); fulminaste el triste pensamiento de que los días de gloria no iban a volver para el fútbol argentino. Ese fútbol tan pasional como hermoso.
Pusiste de nuevo el significado de unidad sobre la mesa. En un mundo tan dividido por tantas cosas, nos reuniste a todos y demostraste que juntos, somos más fuertes.
Y hoy te culpo, Lionel Messi. Porque sos el principal responsable de toda esta nostalgia, de la angustia de lo que se va. Somos prisioneros de la tristeza de lo ya no podrá ser y de la añoranza de regresar a esos días felices. Pero, sobre todo, somos prisioneros del inexorable paso del tiempo... Nos dejás con este vacío que va a tardar en llenarse, mago infinito. Te culpo porque "tu dolor" de no venir más a la Selección, es el nuestro también.
Te culpo porque aprendí que no se puede bajar los brazos. Adquirí esa filosofía con tu silencioso y humilde ejemplo. Tuviste que vivir en España, alejado de tu familia, para que te vieran en Argentina. Soportaste críticas despiadadas cuando no podías calzarte el traje del responsable de apaciguar frustraciones ajenas. Sobre tu zurda cargamos miles de expectativas y esperanza, y con tu liderazgo sereno, las cumpliste todas.
Regaste de gloria este suelo. Y por eso, te culpo Lionel Messi, porque un pueblo no olvida a quien lo hizo feliz. Y por el mismo motivo, te digo gracias y hasta siempre. Porque no verte más con los colores de la Selección argentina es un punto final en mi alma.
Los 21 años de tu carrera con la camiseta argentina se me pasaron volando. Y hoy ya no sos solo un jugador o solo el capitán de la Selección argentina; hoy sos parte del imaginario colectivo. Te vas, pero te quedas en las banderas, en las canciones, y en la lista de ídolos de nuestro pueblo. Nunca te vamos a olvidar, te lo prometo. Como nunca vamos a poder retener el tiempo que se escurrió entre las manos hasta esta despedida.
Fueron 21 años maravillosos que cierran una historia de resiliencia y superación. Nos hiciste mejores y por eso tu legado será eterno. Trascenderá ese mensaje y tu inefable fútbol por todos los tiempos. Gracias capitán, por ser el responsable de este amor inmenso.