Además, defendió la fuerte inversión realizada en el último mercado de pases argumentando que “este equipo tiene dos meses” y que los 70 millones invertidos son “para construir la base de una corrección profunda” con vistas a los próximos tres años, remarcando que “hoy no es un buen momento y va a requerir tiempo”.
En paralelo a lo deportivo, la dirigencia de River encendió las alarmas por la relación con la Asociación del Fútbol Argentino y el nivel de los arbitrajes. Di Carlo apuntó duramente contra Nicolás Ramírez califícandolo como “un muy mal árbitro” que “fue decididamente a complicar el partido”. Por este motivo, confirmó un pedido formal ante la entidad: “Hemos pedido que Ramírez no nos dirija más, y no solo por este partido, sino por los otros superclásicos”.
Finalmente, el presidente se refirió al malestar generalizado en la LPf y al distanciamiento institucional con las autoridades del torneo: “Acá no hay disputa política; esto es una reacción ante una agresión. El problema es sistémico y cuando los errores son siempre al mismo lado, dejan de ser errores”. También aseguró que “muchos presidentes piensan igual que River”, pero advirtió que “nadie lo dice por miedo” a sufrir represalias dentro de la competencia local.