Ante esta situación, la UEFA reaccionó de manera categórica rechazando la idea de expandir el torneo a 64 participantes. A través de un manifiesto difundido inicialmente por RMC Sport, las 55 federaciones europeas hicieron común acuerdo para oponerse a un nuevo incremento de cupos, argumentando que se deben frenar las determinaciones arbitrarias que perjudican a los torneos locales, a los futbolistas y a un calendario oficial severamente sobrecargado.
En el comunicado emitido por la confederación europea se enfatizó la postura institucional señalando: "FIFA no debe volver a tener permitido tomar decisiones unilaterales disruptivas que van en contra de las ligas, los clubes, los jugadores y los aficionados".
Para el bloque europeo, la propuesta promovida desde el máximo estamento del fútbol internacional responde únicamente a un interés por abultar las finanzas de la propia entidad.
Este escenario de quiebre y desacuerdo generalizado coincide con una serie de encuentros estratégicos encabezados por la FIFA en Rabat, Marruecos, donde se reunió con representantes de Qatar, República Democrática del Congo, Yibuti, Emiratos Árabes Unidos, Mauritania, Kuwait, Níger, Sri Lanka, Indonesia, Líbano y Bután, naciones consideradas aliadas clave con vistas a las elecciones presidenciales del organismo previstas para el año 2027.