UEFA anunció este jueves a la FIFA que ninguna de sus 55 selecciones nacionales participará de los torneos organizados por la entidad matriz mientras se mantenga la intención de ceder activos comerciales a inversores privados.
UEFA anunció este jueves a la FIFA que ninguna de sus 55 selecciones nacionales participará de los torneos organizados por la entidad matriz mientras se mantenga la intención de ceder activos comerciales a inversores privados.
La postura del organismo europeo fue unánime e inflexible. Tras una cumbre entre los representantes de cada federación del continente, Aleksander Eferin, presidente de la entidad, encabezó el durísimo comunicado en el que le marcó la cancha a Gianni Infantino: la Copa del Mundo no es un producto financiero y no se vende.
La dirigencia de la FIFA avanzó en negociaciones para transferir la explotación y gobernanza de sus competencias a capitales externos, una movida que en Europa leyeron como una verdadera traición al patrimonio del fútbol.
Básicamente entienden que, si la prioridad pasa a ser el dinero de los accionistas, el calendario internacional, la salud de los futbolistas y la estructura de las ligas locales quedarán totalmente subordinadas a los intereses corporativos.
Desde la UEFA fueron lapidarios al señalar que este modelo privatizador pretende imponer un gobierno basado en la coerción, obligando a las federaciones a elegir entre ceder el control del deporte o sufrir las represalias.
Sin las potencias como España, Francia, Inglaterra, Alemania o Italia, cualquier certamen futbolístico pierde de inmediato su jerarquía deportiva, su valor televisivo y el atractivo para los patrocinadores y espectadores.
Tanto en la CONMEBOL como en la AFA siguen de cerca la evolución del conflicto, sabiendo que esta división del mapa internacional afectaría directamente las fechas de eliminatorias y la cesión de las figuras que militan en el Europa.
UEFA ya dejó su ultimátum sobre la mesa: la abstención será total hasta que la FIFA descarte por completo la privatización y firme garantías vinculantes. Por ahora, el conflicto no cesa y la historia del fútbol se ve seriamente perjudicada.