El "trapo" (como suele decírsele a este tipo de banderas en el fútbol) llegó directamente desde la tribuna, arrojado por un grupo de fanáticos en un momento de pura euforia hacia el césped, donde los futbolistas lo recogieron sin dudarla para sumarlo a las celebraciones.
Lo verdaderamente insólito es la accidentada confección del estandarte. Lejos de ser un lienzo tradicional, se trató de un pedazo de sábana del hotel que fue pintado con urgencia y ante la prohibición de una bandera oficial a mano un grupo de argentinos decidió "sacrificar" la ropa de cama de su habitación.
Desde un hotel a Malvinas y al mundo.
Con un par de pinceles y pintura comprada a última hora, diseñaron un mensaje entre las cuatro paredes del hotel sin imaginar que forjaron una imagen que está dando la vuelta al mundo.
Una muestra más de que, para el hincha argentino, la creatividad siempre está al servicio de la pasión.