Ahora la atención - y la tensión - del Mundial se trasladó del césped a las oficinas del ente del fútbol global. El comité disciplinario encargado de velar por el cumplimiento de las normas de conducta analiza los informes elaborados por los veedores oficiales, una situación que encendió las alarmas en la AFA a pocos días de las instancias decisivas del campeonato.
La reglamentación de la FIFA prohíbe terminantemente cualquier manifestación que pueda interpretarse como un agravio o reclamo contra otra de las naciones competidoras. El texto del estatuto veda el acceso de "Cualquier material, incluyendo pero no limitado a pancartas, banderas, volantes, prendas de vestir y otros artículos relacionados, que sean de naturaleza política, ofensiva y/o discriminatoria, que contengan palabras, símbolos o cualquier otro atributo dirigido a la discriminación de cualquier tipo contra un país…".
En esta primera instancia de evaluación, el escenario más probable para la AFA consiste en la aplicación de severas "multas económicas", un mecanismo de castigo habitual que el ente rector utiliza para sancionar administrativamente a las asociaciones que no logran contener la conducta de sus parcialidades.
Más allá del impacto monetario que estas penalizaciones representan para las arcas de la calle Viamonte, el reglamento disciplinario también prevé advertencias de mayor gravedad para casos de reincidencia o desacato explícito.
Entre las opciones que barajan los directores del comité se encuentra el apercibimiento formal y la amenaza de aplicar restricciones parciales al ingreso de público o la prohibición de portar ciertos elementos de animación en los compromisos venideros de la escuadra nacional.
Esta no es la primera ocasión en que el seleccionado nacional se ve envuelto en este tipo de expedientes administrativos por reivindicaciones de identidad nacional en el marco de la Copa del Mundo.
El antecedente histórico más directo sobre este tipo de controversias con consecuencias para la AFA se remonta al 7 de junio de 2014, previo a la Copa del Mundo de Brasil, donde en un encuentro preparatorio disputado contra el seleccionado de Eslovenia en la ciudad de La Plata, el plantel conducido tácticamente por Alejandro Sabella decidió retratarse antes del pitazo inicial sosteniendo un lienzo con una fuerte proclama de soberanía patria que llevaba la frase "Las Malvinas son Argentinas".
Esta acción motivó la inmediata intervención de la FIFA que resolvió abrir un expediente disciplinario contra la federación de nuestro país. La resolución del conflicto determinó un castigo de carácter estrictamente financiero, obligando a la Asociación del Fútbol Argentino a abonar una multa de 30.000 francos suizos, aunque el dictamen final eximió de cualquier tipo de sanción deportiva a los futbolistas que participaron del reclamo.