Fagúndez relató lo difícil que resultó ese período, en el que además sufrió una intervención quirúrgica por fuerte lesión en una de sus rodillas: "Pasé muchas cosas. Hace un año tuve depresión. No fue un año bueno porque también me había roto la rodilla, fue un año complicado".
Al profundizar sobre la gravedad del cuadro que atravesó y admitir que era algo que "nunca lo hablé directamente", el futbolista surgido en Nacional expuso los momentos más oscuros de su lucha personal: "Tuve pensamientos feos. Me subía al auto y a veces tenía ganas de darme contra algo".
El atacante detalló que la crisis no estuvo ligada únicamente al plano profesional, sino a una acumulación de acontecimientos trágicos en su entorno: "Estaba pasando un mal momento futbolístico, también había pasado la muerte de un amigo, problemas familiares. Fueron muchas cosas, todo mal y todo junto".
Fagúndez reflexionó sobre el error de intentar solucionar todo sin ayuda externa en un principio, dejando un mensaje directo sobre el cuidado de la salud mental: "Pedí ayuda, pero me hice el fuerte y el ‘yo puedo con todo, si yo me metí acá puedo salir’, y la verdad es que no es así. Obvio que tenés que pedir ayuda". En esa misma línea, el insistió en que "uno nunca puede solo con los problemas" y no dudo en "agradecerle a Dios y a mi familia que nunca me soltó".
El presente del delantero en Independiente Santa Fe, bajo las órdenes de Pablo Repetto, contrasta drásticamente con aquel momento vivido en fútbol azteca.
Luego de marcar de penal a diez minutos del final del partido con River para igualar el gol inicial de Sebastián Driussi, convertir en la extensa tanda definitoria donde brilló Weimar Asprilla y sellar el pase a los cuartos de final frente a Vasco da Gama, Fagúndez concluyó con una reflexión sobre su revancha en la cancha: "Hoy pensaba en eso. El fútbol a veces es cruel, pero a veces es lindo".