Corría el año 1958 cuando, sobre el césped de un estadio en Suecia, los jugadores de la Selección Argentina salieron a disputar un partido mundialista vistiendo una llamativa remera amarilla, un color completamente ajeno a la identidad histórica de nuestro país y, por el contrario, relacionado al archirival Brasil.
Antes del encuentro, las autoridades determinaron que los colores de ambas camisetas podían generar dificultades para distinguir a los equipos en el campo de juego, especialmente en las transmisiones televisivas en blanco y negro.
El problema fue que la delegación argentina no contaba con una camiseta alternativa disponible. Ante esa situación, se inició una búsqueda contrarreloj para conseguir una indumentaria diferente que permitiera disputar el encuentro sin inconvenientes.
La solución llegó gracias al club sueco IFK Malmö, que facilitó un juego de camisetas amarillas para que el conjunto nacional pudiera presentarse en el partido. Así, la Selección Argentina protagonizó una de las postales más llamativas en la historia de los Mundiales.
Un cambio que no trajo suerte
El resultado tampoco acompañó. Argentina cayó por 3 a 1 ante Alemania Federal en un torneo que terminaría siendo una experiencia difícil para el seleccionado nacional.
Pese al pésimo mundial, el resutado se convirtió en anécdota con el paso del tiempo, ya que a curiosa imagen de los futbolistas argentinos con la camiseta amarilla es algo que perduró todo este tiempo.
