ANÁLISIS Y OPINIÓN

El secreto de los guantes del Dibu Martínez

Pasó el Mundial y nos dejó de todo: festejos, tristezas, teorías inadmisibles, el reclamo por Malvinas y un álbum a medio llenar. Y una revelación sobre el Dibu Martínez

Se ajustó los guantes a conciencia y con cuidado. Después, mientras caminaba con la mirada al frente y el paso seguro, hizo como que aplaudía con las palmas de las manos: típico gesto de arquero antes de comenzar el partido o dispuesto a enfrentar el peligro de un penal o un tiro libre directo directo. Soy El Dibu Martínez, dijo a la pasada, reconcentrado.

Tiene casi 4 años y apenas casi 1 metro de estatura. Los guantes que lleva no son ésos de uso profesional. Tampoco son de marca internacional. Son guantes de látex, de ésos que muchos se calzan -no para atajar penales ni atrapar centros llovidos- para lavar los platos, entre otras tareas domésticas.

- Soy el Dibu Martínez -insiste.

No es el Dibu Martínez, pero se siente el arquero de la Selección argentina. Coletazo del Mundial.

El Dibu Martínez, arquero de la Selección argentina. 

El Dibu Martínez, arquero de la Selección argentina.

El Dibu Martínez, mi vecino

Es mi pequeño vecino, el que vive en el departamento de arriba. Ése al que escucho a veces, cuando vuelve de la salita escolar; el que corre y patea la pelota de fútbol en el parquizado del complejo de departamentos donde vivo. El que a veces llega dormido en los brazos del padre o la madre. El que tiene una hermanita menor. El que a veces me saluda desde el balcón.

Pasó el Mundial. La Selección argentina nos dejó un subcampeonato y el corazón todavía galopante por el sufrimiento y las remontadas contra Cabo Verde y Egipto y las victorias épicas contra Suiza e Inglaterra.

A casi una semana de las lágrimas de Lionel Messi por la derrota contra España, se apagan todas esas teorías conspirativas que mejor no recordar y las cosas vuelven a su lugar. Este sábado juega River y mañana será el turno de Boca; ya jugó y ganó el Lobo mendocino y pronto la Lepra saltará a la cancha.

Pasó el Mundial y dejó mucho de bueno. Lionel Messi, a los 39, hizo lo increíble, lo inesperado. Acaso deba borrar de mi léxico la palabra inesperado cuando se trata de genios como Messi. Y otras cosas más.

Pasó el Mundial y dejó, entre los pibes, esa estela de emotividad y protagonismo que el fútbol destila cuando suena el pitazo final y se apagan los televisores y las radios.

Pasó el Mundial y los pibes rápidamente salieron a jugar a la pelota en las calles, en las canchitas. Volvieron a jugar, con todo lo que eso significa. Lo lúdico. Lo entretenido. La competencia. El día a día terrenal.

¿Quién no jugó a ser el Pato Fillol después del Mundial '78? ¿Y a ser Maradona después de México ´86?

Diego Maradona brilló en el Mundial México 1986.

Diego Maradona brilló en el Mundial México 1986.

¿Quién no salió a jugar a la pelota en la calle para sacarse el lastre de una derrota?

Gracias, Mundial. Por los goles y las emociones. Por las figuritas, incluso las repetidas. Por las cábalas y la previa con picadita y el matecito del entretiempo. Por los festejos desaforados en todo el país. Por el legítimo e histórico reclamo por Malvinas que buena parte del mundo acaso desconocía pero que después del partido con Inglaterra ya no puede negar.

Gracias, Mundial. Por mi vecinito, que se siente El Dibu Martínez cada vez que se ajusta los guantes de látex de lavar los platos y camina con paso firme y reconcentrado como si fuera a jugar el partido de su vida. Con el futuro por delante.

En pocas palabras

  • El Dibu Martínez: El arquero de la Selección argentina inspira a los niños tras el Mundial.
  • Legado del Mundial: El evento deportivo dejó pasión y el anhelo de imitar a los ídolos.
  • Impacto infantil: Los niños recrean a sus héroes futbolísticos en el juego diario.
Resumen generado por Thinkindot AI