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Análisis y opinión

Si un delincuente entra a tu casa, mejor invitale un café... y que no sufra ni un rasguño

La venganza carcelaria de cualquier delincuente como coletazo de la inseguridad. Fueron 2.600 las víctimas asistidas el año pasado. Un caso traumático

Editado por Ricardo Montacuto
montacuto.ricardo@grupoamerica.com.ar

La noche del jueves 7 de marzo del año pasado pintaba calurosa en Mendoza. Las puertas abiertas para dejar pasar el airecito nocturno. Waldo, su mujer y su hijo miraban una serie policial que seguían desde hacía tiempo, después de una cena liviana en el pequeño comedor de la casa. Hasta que un delincuente partió la paz como un cristal.

La cuadra se transformó por los gritos en los patios vecinos, pasos apurados y corridas en el techo de la casa de Waldo, una vivienda minimalista en una de las zonas populosas de Guaymallén.

Lo que pasó después les cambió la vida para siempre.

allanamientos las heras detenidos

El Gobierno ha encarado una serie de operativos y allanamientos masivos en el Gran Mendoza.

Las personas tienen reacciones imprevisibles ante una situación de peligro grave. Nadie sabe cómo va a responder hasta que algo le ocurre.

Waldo pensó mil cosas en un segundo. Si el delincuente estaba armado, si iba drogado, si tenía un revólver o un cuchillo, o si era simplemente un loco. El primer reflejo fue el de proteger a su familia. Se asomó a un patio muy pequeño, del tamaño de un Fiat 147, cubierto en parte con una “leonera” de hierro, y el resto por chapas, una de ellas del tipo “tragaluz”, plástica.

Parado en el dintel, pegó el grito “¡No te vayas a bajar acá, que estoy armado!”, mintió, para evitar que el delincuente se meta a su casa. Pero el hombre que corría por el techo se sentó y empezó a patear con fuerza la chapa plástica con los talones, hasta que logró caer en el patio. De inmediato, el dueño de casa y el ladrón se trenzaron en una pelea a puño limpio.

Waldo es una persona de más de 50 años, y muy buen estado físico. Pero el delincuente le llevaba una cabeza de alto y era mucho más joven.

El lugar era muy pequeño, el ladrón logró meterse a la casa. La mujer abrió la puerta delantera y le ofreció una vía de escape. Pero el invasor tomó por un pasillo, hacia una habitación. Siguieron la pelea a puño limpio hasta que Waldo logró tomarlo del cuello desde atrás, apretando fuerte con los dos brazos intentando reducir al atacante. La famosa llave “mataleón”.

En el forcejeo entraron al baño. El delincuente arrancó el botiquín y lo estrelló en la frente de Waldo. Le produjo un corte del que manó abundante sangre, hasta que la presión sobre el cuello del bandido dio resultado, y empezó a perder fuerzas y a desmayarse. Un vecino, fornido, advertía desde la puerta:

-Dejalo Waldo, ya está …

El barrio ya era una romería en la puerta de la casa, gritos que iban y venían. La esposa de Waldo y el hijo se refugiaron en la parte delantera. Llegaron dos policías, un hombre y una mujer. Pero el delincuente se despertó en el baño y comenzó a repartir piñas y patadas. No había forma de reducirlo. Arrancó el lavamanos y el inodoro, hasta que lograron ponerle una de las esposas con la ayuda del vecino corpulento, pero la otra se cerró en el aire. El problema fue que para abrirla hubo que volver a la comisaría a buscar las llaves correctas, ya que las que portaban los policías eran de otro juego de pulseras. Era una escena de Tarantino. A lo mejor pasaron 15 minutos, pero fueron eternos con el ladrón incontenible y los policías tratando de mantenerlo a raya.

Lo más duro vino después. El ladrón de los techos seguía totalmente “sacado” y no podían reducirlo, así es que con ayuda del personal de una ambulancia que llegó, le aplicaron algún tipo de sedante y lo subieron a una camilla en el pasillo de la casa. Enseguida se descompensó, una de las enfermeras se subió de rodillas a la camilla para practicarle RCP, pero nada dio resultado. El delincuente murió en el pasillo de esa casa en Guaymallén. Era un joven de 23 años con antecedentes de varias fojas, que no era del barrio, y llevaba un par de días dando vueltas por la zona.

En ese momento, comenzó la segunda parte de la pesadilla para esta familia.

El mundo del revés

Unos policías que habían llegado de “refuerzo” le comunicaron a Waldo que debía “acompañarlos” e intentaron ponerle las esposas. Se armó una discusión, con el muerto estacionado sobre la camilla en el pasillo. Finalmente fue el hijo quien lo convenció de ir a la comisaría.

Ya eran más de las 02:00 de la madrugada cuando Waldo, vecino común de Guaymallén, laburante y emprendedor, entró esposado a la Comisaría 25, tratando de explicar que el delincuente era el otro.

Lo metieron en una celda de dos por dos, donde dos hombres detenidos por alguna razón dormían en el piso. Así, el hombre de familia al que le había entrado un ladrón por los techos, pasó casi 24 horas preso. Lo liberaron cuando en la autopsia se supo que el delincuente había muerto por una sobredosis de drogas duras. La causa judicial por esa muerte fue archivada.

La revancha

Nueve meses después, un tío del ladrón fallecido metió medio cuerpo por la ventana de la pequeña casa de Waldo y amenazó de muerte a toda la familia. Les sabía todas las señas particulares. A la esposa le dijo “A vos te voy a matar, también a tu hijo”. El dueño de casa se enteró de todo esto internado en una habitación del Hospital Central, donde pasó un par de meses luego de un accidente gravísimo en moto.

Como resultado de todo esto, la esposa de Waldo y el hijo se refugiaron en casa de unos parientes, Waldo quedó como vigilante convaleciente en su casa cerrada, y retiró sus pocas cosas de valor del lugar, por temor a un robo o un ataque. Planea dejar la casa donde vivió los últimos 20 años, y a causa de las amenazas, el Ministerio de Seguridad le hizo asignar un “rondín” del que debe notificarse diariamente.

La inseguridad trae aparejada la venganza patibularia, un nuevo problema social. Sólo el año pasado, la Dirección de Asistencia a la Víctima del Ministerio de Seguridad atendió a más de 2.600 víctimas “de todo tipo, incluyendo las de violencia de género”, dice su directora, la abogada Elizabeth Ormezzano.

La fantasía de matar al ladrón

Mucha gente suele decir que si un ladrón ingresa a su domicilio, es capaz de matarle. Esas experiencias por lo general terminan mal. A Waldo y su familia esa muerte les modificó su condición de vida y su tranquilidad, puede que para siempre.

A principios de marzo de este año, tomó trascendencia nacional el caso de un comerciante del barrio Altos del Oeste, en Las Heras, que persiguió y atropelló a un delincuente que murió como consecuencia del golpe. Franco Correa, un vecino querido, respetado, de familia trabajadora, terminó imputado por homicidio simple en exceso de la legítima defensa. No irá preso de ninguna manera, pero cargará toda la vida con esos minutos fatales, y eso... esperando que no haya sorpresas en el juicio que debe afrontar.

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Científica recaba pruebas donde fue atropellado un delincuente que había robado una bicicleta en Altos del Oeste, Las Heras.

El temor a la venganza carcelaria siempre circunda a las víctimas reales de cada hecho de inseguridad de los que exceden la gravedad promedio. En los últimos días, es noticia el caso de la nena de 11 años baleada por un supuesto sicario enviado por un “narco” preso en Almafuerte I. El Gobierno puso a disposición de la madre de esta criatura dependencias de tres ministerios: Seguridad, Salud y Gobierno. Pero ella dijo a los medios que no recibía asistencia “de nadie…” La gente tiene reacciones muy complejas. Hay un mundo misterioso y delictual, que la mayoría desconoce.

Asistir a las víctimas

Matar a un delincuente, sufrir una venganza carcelaria, ser amenazado tras denunciar a alguien: son trances muy fuertes para personas comunes que no están habituadas a tratar con la marginalidad o la violencia. La oficina de Asistencia a la Víctima del Ministerio de Seguridad funciona desde 2008. Pero fue en la gestión de Mercedes Rus que adquirió una dimensión mayor. Trabajan 24 x 7 todos los días del año en una guardia permanente de un equipo multidisciplinario, que cuando ocurre un delito asisten a las víctimas. A veces, también a las familias. En el caso de Waldo, una abogada de la dirección hablaba con su esposa mientras el hombre estaba detenido en la Comisaría 25, sospechado de la muerte de un ladrón en el pasillo de su propia vivienda.

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El violento asalto en un kiosco de la calle Yrigoyen, en mayo del año pasado.

La Dirección de Atención, Acompañamiento y Asesoramiento a las Víctimas de Delitos (tal su nombre formal) tiene delegaciones en la zona Sur de la provincia, en el Este y en el Valle de Uco. Trabajan en coordinación con el 911, y se ocupan de todo tipo de víctimas.

Tienen investigadores, psicólogos, abogados, trabajadores sociales. Ofrecen apoyo legal e incluso ayudan a las víctimas a transformarse en querellantes. Así se hizo en mayo del año pasado, por ejemplo, en el caso de un asalto muy violento a un minimarket en la calle Yrigoyen de Godoy Cruz, a metros del casino provincial. El delincuente golpeó con saña a la empleada del kiosco, que tuvo que “hacerse la muerta” para luego escapar muy lastimada. No pudo volver a trabajar a ese lugar. A través de Asistencia a la Víctima, le asignaron una abogada que la representó en el caso, como querellante particular.

Los casos Altos del Oeste y Alfredo Moreno

Matar a un delincuente o mandarlo preso muchos años no es sencillo y las consecuencias pueden ser nefastas. En el caso de Waldo y su familia, el ladrón murió descompensado y pasado de “merca” y el dueño de casa quedó absuelto. Él no lo mató.

A Franco Correa, el comerciante que persiguió y mató al ladrón de la bicicleta, le espera un juicio abreviado. El delincuente que murió atropellado tiene una hermana policía y la familia no habría activado venganza alguna. Eso sí es suerte. No obstante, miembros de la familia de Correa reciben asistencia psicológica de la dirección de ayuda a las víctimas. Nunca está de más.

Alfredo Moreno (60) fue un famoso abogado penalista del foro local. Fue muerto a tiros en su casa, durante un robo el 12 de junio de 2012 . Presidente del Tiro Federal, experto en tiro, tuvo la idea de defenderse a balazos de un robo domiciliario a las cinco y media de la mañana en su casa de la calle Mármol, en Dorrego. Alcanzó a darle un tiro en el hombro a su atacante Fabián “Raimundito” Vega, un delincuente muy conocido desde que lo metían al Ex COSE siendo menor, pero el abogado recibió tres impactos de bala y murió. Vega cumple perpetua.

Raimundito quedó hospitalizado tras ser herido en el asalto a la casa de Moreno

"Raimundito" Vega fue herido en el asalto en el que mató a Alfredo Moreno.

No se le da a todo el mundo el matar a un delincuente. Mucho menos, acarrear con las venganzas carcelarias y el impacto terrible que implican aquellas revanchas tipo “Ojo por ojo” en la vida de una familia.

Tal vez lo mejor sea que cuando entre un ladrón a tu casa, le des todo, le invites a un café. Y que no le vaya a pasar nada. Porque las consecuencias pueden ser nefastas.

(Nota del autor: La Dirección de Asistencia a la Víctima del Ministerio de Seguridad está en Salta 617 de Godoy Cruz. El teléfono de guardia es 2613612998, y para turnos y consultas, hay que escribir o llamar al 2613615865. El correo es avd-seg@mendoza.gov.ar)

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