Rafael "Golondrina" Ruiz es leyenda viva de la Fiesta de la Vendimia, ha dirigido puestas inolvidables y ha prestado su cuerpo y su voz a las páginas doradas de nuestra cultura vendimial. Pero detrás del director y el guionista habita un buscador de la identidad nacional. Entre 1976 y 1982, con una juventud que promediaba los 28 años, Golondrina decidió subirse a un caballo y recorrer diferentes pueblos de 14 provincias argentinas, desde el centro del país hasta La Quiaca.
El viaje a caballo por el país que Golondrina Ruiz convirtió en su primer libro de relatos
Con 78 años, el gestor cultural y artista, figura referencial de la Vendimia, publicó su primer libro en el que relata sus travesías a caballo por 14 provincias

El hacedor cultural y artista, referente de la Vendimia, tardó 20 años en publicar su primer libro, basado en la experiencia de visitar pueblos del país a caballo.
Foto: Axel Lloret/Diario UNOAquella travesía en solitario, cargando solo su guitarra y su curiosidad, fue el crisol donde se fundió su amor definitivo por la tierra, sus paisajes y su gente.
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Hoy, a sus 78 años y a medio siglo de iniciar ese recorrido a caballo, bajo el sello de Ediciones Culturales de Mendoza el viaje se materializa en “El yantar de los cantares”, su esperado primer libro cuyos relatos escribió hace unos 20 años.
No se trata de una simple recopilación de recuerdos; es una experiencia literaria estructurada en 13 capítulos que llevan el nombre de platos criollos tradicionales -como las tortillas al rescoldo, el tomaticán o la chanfaina- e incorpora códigos QR para escuchar tonadas locales mientras se lee.
Un caballo para recorrer buena parte del país en 6 años
Haber viajado a lomo de caballo durante 6 años le otorgó al artista una perspectiva única del territorio y del tiempo, alejada de las prisas modernas, que le generaron un vínculo íntimo con el paisaje y sus paisanos.
Escrito originalmente hace 20 años y madurado al calor de esas vivencias tierra adentro, el libro es también un homenaje a los puesteros del desierto y la cordillera que alguna vez le abrieron sus puertas.
Para Golondrina Ruiz, nacido en Tunuyán en 1947, el caballo no era un medio de transporte sino el vehículo para la comprensión mutua, para el encuentro con las verdaderas raíces de su origen.
Llegar de ese modo a los parajes más aislados del norte argentino o del Litoral rompía cualquier distancia inicial con los lugareños, transformando al forastero en un vecino dispuesto a escuchar.
"Andar a caballo, sí. Porque justamente el llegar a caballo no es pasar, es llegar. Y eso te permite el diálogo, el compartir, el contar, el recibir", rememora Golondrina con la calidez del fogón grabada en la memoria.
En aquellos años de juventud, el autor aprendió que el aislamiento del campo se vencía compartiendo el alimento tangible y el alimento del espíritu.
Adentrarse en los pueblos a caballo y con su guitarra a cuestas
En esa dinámica de hospitalidad, su guitarra se convirtió en el pasaporte hacia la intimidad de los ranchos. "Para pagar de alguna manera el agasajo de la recepción en cada pueblo les cantaba una canción", revela en una charla distendida con Diario UNO, una gélida mañana al calor de los estantes y mesones de la Biblioteca Pública General San Martín, donde ocurrió la entrevista.
"Los viajes a caballo generalmente los hacía con mi guitarra, era un poco la llave para abrir esos mundos en donde me metía", reconoce.
Y en sus crónicas -en las que registra el vocabulario campesino a modo de conservar los modismos y el habla rural- destaca cómo la convivencia en los puestos del campo terminó por moldear su sensibilidad artística, sobre todo en los guiones de sus fiestas de la Vendimia, tanto departamentales como centrales.
También supo trasladar estas andanzas a caballo en un programa de radio que supo tener en los años '80. En “Mano a Mano con Golondrina Ruiz” iba contando esas experiencias de vida y "mucha gente escuchaba la radio en el campo y me escuchaban para seguir esos relatos que eran como relatos de viaje y que hoy cumplí el sueño de publicarlos en un libro", expresa el artista.
a mesa compartida como escuela de su propia vendimia
El título del libro juega con una analogía del texto bíblico "El cantar de los cantares", pero reemplaza la primera palabra por el término del castellano antiguo "yantar", que significa comer.
Para Golondrina Ruiz, la verdadera comunión humana y la base de toda cultura se genera en el espacio sagrado de la comida compartida. Es en torno a un mate cocido o un plato de locro donde las lenguas se desatan y se transmiten las verdaderas historias de un pueblo.
"Yantar significa comer en castellano antiguo. El título es una analogía con el libro bíblico. Acá se juega un poco con la palabra yantar, porque en realidad lo tangible es comer. Y cantar es una cuestión espiritual. Entonces, ¿dónde se nutre la espiritualidad? En el compartir. En el compartir una mesa, un mate, un mate cocido, un yerbeado. Y eso hace también al conocimiento, porque en esos momentos se da el diálogo", explica de este modo la esencia de su obra.
Esta inmersión en la Argentina profunda y rural funcionó, a la larga, como la gran academia intuitiva para sus posteriores creaciones vendimiales.
Golondrina Ruiz, que reconoce no tener pretensiones literarias académicas y haberse formado de manera autodidacta, aplicó todo el paisaje humano asimilado en sus viajes a los guiones de fiestas nacionales y departamentales de la Vendimia.
Incluso hoy, lejos de retirarse, su mirada sigue puesta en el origen: se encuentra diseñando un proyecto para la Vendimia 2027 centrado en la resiliencia del pueblo mendocino.
Un libro que rescata el legado de los ausentes y el valor del territorio
El amor de Golondrina por el campo y sus costumbres no nació de la nada; proviene de sus vacaciones de infancia en San Martín, específicamente en Nueva California, junto a sus abuelos maternos.
A pesar de que su padre era suboficial del Ejército, sus progenitores respetaron su libertad y apoyaron sus decisiones, un gesto que el artista dimensiona con especial emoción y cierta nostalgia al mirar hacia atrás en el tiempo.
"Les dije 'me voy a andar a caballo por el país'. Se miraron entre ellos, me miraron a mí, y me dijeron que haga lo que quiera ser. ¡Qué difícil para un padre y más en ese momento que no existían los celulares! Con los años es algo de lo que reniego un poco, esa ausencia que les provoqué por años", admite Golondrina Ruiz y su mirada se humedece.
Hoy, asentado en su Mendoza natal tras haber residido 10 años en España donde trabajó de albañil y hasta de fotógrafo, el hacedor cultural observa el presente con el deseo de que las nuevas generaciones no pierdan el contacto con su propia tierra.
Aunque reconoce que los tiempos han cambiado, defiende la necesidad de salir y conocer el país de cerca. "Se lo recomiendo a los jóvenes, porque en la medida que conozcamos de cerca y en primera persona tenemos una dimensión diferente de la vida y de las posibilidades que nos da la vida", sostiene convencido.
Al final del día, "El yantar de los cantares" -disponible en la Librería Pública Gildo D'Accurzio- queda como el testimonio vivo de un hombre que, emulando a Atahualpa Yupanqui, prefirió ir llegando de a poco a los lugares para llenarse la mochila de pueblo.