Laguna Blanca es un paraje inhóspito, silencioso y blanco, ubicado a 186 kilómetros de Malargüe, Mendoza. Es la puerta sur del departamento, y este lunes 30 de junio se convirtió, una vez más, en el rincón más frío de la Argentina. Allí vive Horacio Sepúlveda con sus padres, con sus caballos y sus chivos.
La temperatura descendió a niveles extremos, y no es una metáfora: este lunes el termómetro marcó –14°C, y la sensación térmica llegó aún más abajo. “Este año sí se ha sentido mucho más el frío que otros años, bastante, bastante más”, dice Horacio.
El frío congela el resuello -o el moco- de los caballos
El frío es tan intenso que hasta el cuerpo de los animales reacciona. “No serían mocos, es el mismo resuello del animal que sale caliente por la nariz, empieza a transpirar y se le congela directamente en el bigote”, explica. “Uno dice el moco, pero es el resuello. Anoche mismo llegué y el caballo venía con las narices congeladas”, relata.
No es una imagen exagerada ni literaria: es una señal cruda del rigor climático. A caballo se recorren estos caminos, a caballo se trabaja. Y si el caballo sufre, se detiene todo.
El frío que flaquea y mata a algunos animales
Horacio se crio en Laguna Blanca, donde hoy sigue dedicado a la crianza de animales. No necesita consultar el parte meteorológico para entender qué pasa: lo ve en su hacienda. “Con estos hielos así, los animales se enflaquecen y mueren de flacos. Siempre, casi todos los años pasa. A fines del invierno se mueren de flaqueza, porque se han enflaquecido mucho con el frío”.
Este fenómeno no es exclusivo de su campo. “En muchos lugares que estamos cerca de la sierra, lugares muy altos, pasa igual. Hemos invernado en lugares muy altos y les pasa a todos lo mismo”, advierte. El invierno cobra vidas animales, silenciosamente.
Vida rural, leña y aislamiento en medio de la nieve
La casa de Horacio se calienta con leña. No hay gas natural ni otras comodidades. “Nos calefaccionamos con leña, a fuego. Estamos más que acostumbrados, pero este año se ha sentido mucho”, repite.
Laguna Blanca está lejos de todo. A 30 kilómetros de la escuela de Ranquil Norte, Horacio ni siquiera sabe si las clases se suspendieron o no. La conectividad es escasa y las prioridades son otras: sobrevivir, cuidar los animales y encender el fuego para no congelarse.




