La Fiesta Nacional de la Vendimia 2026 celebró sus 90 años con un espectáculo en el teatro griego Frank Romero Day que miró hacia atrás para entender el presente. Esta edición especial propuso un viaje simbólico a través del tiempo, respetando el orden cronológico de los hitos que marcaron la trayectoria de la celebración más antigua del país.
La Vendimia 2026 celebró sus 90 años con un tradicional viaje a la memoria
A 90 años de la primera fiesta, la Vendimia 2026 apostó a una mirada retrospectiva para reconstruir sus hitos y tradición en el teatro griego Frank Romero Day
La memoria se convirtió así en el eje dramático de “90 cosechas de una misma cepa”, una puesta que reivindicó la identidad mendocina como fruto de una historia colectiva.
La fiesta imaginó el regreso de dos espíritus hacedores para contemplar el destino de los sueños que ayudaron a sembrar a comienzos del siglo XX: Guillermo Cano, gobernador de Mendoza entre 1935 y 1938, y Frank Romero Day, ministro de Industrias, Obras Públicas y Riego.
Desde esa mirada que cruzó pasado y presente, ambas almas recorrieron el devenir de la Vendimia y observaron cómo la semilla de una celebración popular se transformó en tradición.
A través de 3 actos, 11 cuadros, 2 aperturas y un epílogo, la historia se entrelazó con la memoria guiada por un personaje simbólico: la Memoria del Viento.
Metafóricamente, el viento mendocino sopló sobre el tiempo y conectó las distintas épocas para rendir homenaje a esas “90 cosechas de una misma cepa”, una propuesta que puso en primer plano la identidad cultural de Mendoza.
Un relato de la Vendimia 2026 para las multitudes
La guionista Silvia Moyano eligió un lenguaje claro y directo para dialogar tanto con la multitud -de más de 20.000 personas- que colmó el Teatro Griego Frank Romero Day como con quienes siguieron el espectáculo por televisión o streaming.
Y el director Pablo Mariano Perri tomó las riendas de una fiesta que comenzó a imaginar cuando dirigió su primera Vendimia Central, en 2024, con la intención de volver a los orígenes de un ritual único en el mundo.
Los roles protagónicos recayeron en Aníbal Villa (Frank Romero Day), Federico Moretti (Guillermo Cano) y Giuliana Mattiazo (la Memoria del Viento), quienes condujeron el relato dramático de una puesta que buscó reconstruir el camino recorrido por la celebración.
Para conmemorar el 90° aniversario, el espectáculo recuperó escenas icónicas que permanecen grabadas en la memoria de los mendocinos: el tango bailado sobre el agua, los pisos iluminados desde abajo, las coreografías dentro de cajas lumínicas, la cinta transportadora de botellas y el gaucho brindando. Así como el preludio en su narrativa hizo un repaso por Vendimias pasadas.
Reaparecieron vestuarios patrimoniales de las décadas del '60 y '70 y un repertorio musical que atravesó distintas épocas con raíces profundamente folclóricas.
Tradición y legado de la Vendimia
Como en cada edición, teatro, danza, acrobacia y música en vivo se conjugaron para recrear la cosecha, la tierra y la gente que le da sentido a la celebración.
Pero esta Vendimia no sólo miró al pasado: también buscó marcar el destino de una fiesta que se perpetúa en el tiempo y que se transmite de generación en generación, más allá de que se sea o no viñatero, de que se prefiera el vino o la cerveza. La puesta dejó en claro que la Vendimia no es simplemente un espectáculo, sino un símbolo compartido. Un mandato cultural que atraviesa a Mendoza toda.
Tal vez por eso, en esta edición el antagonista no fue el granizo -enemigo histórico de la vid- sino el olvido.
El relato no dejó afuera los pilares de la tradición: los huarpes, los inmigrantes, la figura de San Martín y la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos.
También aparecieron momentos clave de la evolución vendimial, como la construcción del teatro griego -ese “altar de piedra” que alberga la fiesta desde los '60 y que este año utilizó a pleno sus fuentes de agua- o la innovación de Abelardo Vázquez al integrar los cerros aledaños al espectáculo central en los años '70.
Música, símbolos y memoria
Las reinas, símbolo inseparable de la Vendimia, también tuvieron su lugar y fue en el centro de la escena con las candidatas de esta edición sentadas como espectadores de privilegio.
También en pantalla y en el escenario fueron evocadas las reinas de mandato cumplido a través de la figura de Delia Larrive Escudero, la primera soberana nacional. Su presencia invitó a imaginar qué pensaría hoy aquella joven de 16 años coronada en 1936 si pudiera contemplar la magnitud que alcanzó la fiesta.
La música en vivo volvió a ocupar un lugar central en la Vendimia 2026. Bajo la dirección de Paíto Figueroa y con la orquesta conducida por la maestra Alicia Pouzo, los músicos se ubicaron nuevamente en las alturas y al centro del Teatro Griego Frank Romero Day, recuperando una disposición escénica que potencia la dimensión poética del espectáculo.
Las partituras apostaron por un tono clásico y orquestal donde se destacaron los vientos y las cuerdas cuyanas, además de las voces del propio Paíto Figueroa, Anabel Molina, Gonzalo Gorordo y Andrés Iacopini.
Interpretaron versiones festejadas por la platea popular como “Zamba de mi esperanza”, "Entre a mi pago sin golpear", “Canto a Mendoza” y “Tonada de otoño”, además de un pasaje final que recuperó la primera canción de la Vendimia de 1936: "Bachus".
Y tuvieron su momento Los Trovadores de Cuyo, agrupación emblema del folclore local que también actuaron en la previa de la Vendimia 2026. Así como el canto coral se lució en un homenaje a la viña.
No hubo guiños contemporáneos ni incursiones en géneros urbanos: la música también eligió dialogar con la tradición.
Escenas de la Vendimia que quedan en la retina
Uno de los cuadros más simbólicos recreó la disputa entre españoles e italianos por producir el mejor vino. El conflicto encuentra su resolución con la llegada del obispo José Verdaguer, quien convoca a la unión de una comunidad formada por nativos e inmigrantes. De esa convivencia surgiría el verdadero protagonista: el vino mendocino.
La escena remite al nacimiento de la Bendición de los Frutos en 1938, el acto litúrgico y ecuménico que cada año inaugura la Vendimia.
Otro de los momentos más recordables llegó con la aparición de la Virgen de la Carrodilla. Esta vez la imagen se mantuvo oculta dentro de un dispositivo blanco de estética galáctica ubicado en el centro del escenario.
El efecto visual sorprendió al público al revelarse la figura, generando una mezcla de asombro y debate frente a una iconografía profundamente tradicional.
Entre las postales más curiosas del espectáculo quedó también la de un gato juguetón durante la escena del fin de cosecha, mientras los viñateros celebraban bailando entre las hileras. Y la escena un tanto lúgubre con brazos de artistas envueltos en tubos negros rompió la armonía folclórica de la Vendimia 2026.
La novedad este año llegó con la utilización de drones al final del espectáculo, formando el rostro del General José de San Martín, hojas de parra, copas de vino, el cosechador, la insignia de las 90 Vendimias y más imágenes en el cielo del Teatro Griego Frank Romero Day.
El ciclo infinito de la Vendimia
Sobre los 2.600 metros cuadrados de escenario, las danzas folclóricas tomaron protagonismo en la Fiesta de la Vendimia con cuecas, gatos, tonadas y cogollos acompañados por el característico grito cuyano. El vestuario reforzó la estética regional con bombachas de gaucho y amplias faldas de colores y texturas diversas.
En algunos momentos, las polleras se transformaban en banderas argentinas al elevarse en el aire, mientras los ponchos mutaban de lisos a estampados, recursos estéticos ya conocidos pero siempre efectivos para amplificar la identidad visual del espectáculo.
El cierre del Acto Central 2026 retomó el cuadro inicial, en un gesto circular que recordó que la Vendimia -como la vida- se mueve en ciclos. Y que cada marzo, en Mendoza, la historia vuelve a comenzar.













