La frase que más me gustó en esta semana de Vendimia (con Acto Central postergado) no me la dejó la Fiesta sino el deporte más popular. Dice así: "el fútbol se ha vuelto horrible". La dijo Ruud Gullit, futbolista holandés (Países Bajos) que fue figura en los años '80 y parte de los '90 en varios clubes famosos de Europa, lo que le valió ganar el Balón de Oro.
Si el fútbol, como dicen, "se volvió horrible", cuidado que no le vaya a pasar igual a nuestra gran Fiesta
A favor de renovar, actualizar y mantener la Fiesta de la Vendimia, el autor de esta nota de opinión reclama un festejo con mayor vuelo, menos ideas apolilladas y más riesgo creativo
Para ese delantero "el fútbol ha perdido alegría. Ya no hay jugadores que gambeteen, lo único que hacen es dar pases, pases y más pases. No hay diversión. Todos son iguales, como controlados por una computadora. Ya no disfruto".
Puede que Gullit exagere un poco, pero la frase "el fútbol se ha vuelto horrible" tiene una potencia tan provocadora, que nos ha dejado pensando. A su influjo podemos entender por qué a veces bostezamos viendo a nuestro equipo y decimos "qué plomazo, dónde está la emoción del juego".
A algunos de nosotros, que ya veníamos "palpitando la Vendimia", latiguillo que de sólo escucharlo en cualquier parlante nos produce escozor, se nos dio por preguntarnos si con tanta Fiesta adocenada, premoldeada, encorsetada no estaremos asfaltando el camino que nos lleve a decir alguna vez "la Fiesta se ha vuelto horrible". Tranquilo, lector, trataremos de que eso no ocurra.
Vendimia, fútbol, vicios
Durante 40 años trajiné la Fiesta desde la Redacción de diferentes diarios o de manera presencial en el anfiteatro. La Vendimia es, como el fútbol, una especie de vicio o de mal necesario. Hoy escucho los primeros acordes de la Marcha de la Vendimia y me pongo en guardia.
Es que dichos sones me recuerdan el trajinar de esos días febriles en las redacciones, sobre todo en la de Diario UNO, donde había que montar un mecanismo de relojería para que la información que se generaba en el Romero Day llegara a procesarse a tiempo. La edición impresa debía estar en la calle al mismo tiempo que los espectadores se retiraban del anfiteatro.
Muy distinto era disfrutar la Vendimia desde las gradas del Romero Day. Desde 1964, siendo un adolescente veníamos desde Palmira en grupos de parientes y amigos a ver la Vendimia. Al principio era desde los cerros, después desde las gradas. Como espectador vi los que han sido los mejores años de Vendimia, con Abelardo Vázquez como alma mater de un grupo creativo que no ha vuelto a repetirse y entre los cuales estuvieron Antonio Di Benedetto, Eduardo Hualpa y Alberto Rodríguez (h), entre otros.
Abelardo Vázquez dirigió y fue el guionista de 10 vendimias y colaboró como escritor en otras. Desde fines de los '50 y hasta principios de los '70 fueron una explosión de creatividad, algo tan potente que nunca ha sido superado. No sólo había un escenario central sino otros en los cerros, donde los artistas bailaban como si estuvieran flotando en el aire.
La luz, el sonido y hasta los fuegos de artificio usados con sentido dramático (cómo olvidar las cascadas y los viñedos luminosos que se desparramaban por las laderas de los cerros, que despertaban fuertes ¡oooohhhh! de la multitud) adquirieron una preminencia no superada a pesar de los adelantos tecnológicos.
Puntos excelsos de esa trayectoria virtuosa con la que directamente se volvió a inventar la Fiesta fueron la "Vendimia de cristal", de 1971 y la "Vendimia Fantástica" de 1973. Todas las puestas vendimiales donde Vázquez tuvo el control total dejaron marcas indelebles. Ahora hay director de esto, de lo otro y lo de acullá. No han faltado casos de "productoras ejecutivas" que exhibieron más poder que el director.
Condicionados
Adaptador, guionista, director integral, Vázquez fue además un vate que sobresalía del montón, el gran poeta del vino, como Ramponi lo fue de la "piedra infinita". No ha habido otro director que haya logrado tener un control total de la Fiesta. Nada que ver con quienes aceptaron después sin chistar (o sin suerte) los condicionamientos creativos impuestos por los sucesivos gobiernos de turno, verdadera cárcel para creadores talentosos.
Lo que sí hubo en los años posteriores a Vázquez fue la continuidad de una escuela de hacedores en distintos rubros requeridos para la Fiesta. Y también la consolidación de un "género vendimial", verdadera mezcla de música, teatro, coreografías multitudinarias, circo, orquesta en vivo, comedia musical, drama.
Sintetizando: estamos a favor de renovar, actualizar y mantener la Fiesta de la Vendimia, creo que es un activo cultural de la Provincia. No estoy de acuerdo con la elección de reinas de la Vendimia; lo veo como algo que ha quedado fuera del tiempo. Pero admito que pasará mucho tiempo para que haya aval social para plantear su reemplazo. Es muy fuerte el concepto de que "sin reinas no hay Fiesta".
Pero quisiera una Fiesta con más vuelo, con menos anquilosamiento. Hay exceso de miriñaque. Me inquieta el palabrerío vano y esa supuesta necesidad de tener que hacer obligatoriamente una épica mandona que nos obligue a ceñirnos a una única forma de hacer las cosas.
En la Vendimia hay demasiada declamación y un empacho de glosas empalagosas. ¿No será una exageración decir, por ejemplo, que la Vendimia es una epopeya colectiva? ¿ Por qué en los guiones siempre la Vendimia "nos quiere interpelar". Algún guionista llegó a decir que "La Vendimia es la identidad pura de nuestro pueblo". Paremos un poco. También está la alegría, el talento, la originalidad, el riesgo creativo.


