Es periodista de Diario UNO

Gustavo De Marinis, la búsqueda de su hermana desaparecida y un viaje a Canadá para recordarla

"El Mono" De Marinis es un luchador mendocino por los derechos humanos que en los próximos días viajará a Canadá para contar su historia. Y es, además, uno de los periodistas más queridos de esta redacción

La noche de aquel 3 de junio de 1976, Gustavo De Marinis tiene 15 años y ha estado leyendo en su habitación los diarios del Che Guevara en Bolivia. El libro quedó abierto en la mesa de luz. Alrededor de las 12, el "Mono" intenta conciliar el sueño, o a lo mejor ya ronca.

Cerca, su hermana Lidia (26) atiende a un hijito de 5 meses y también descansa. Los padres de Lidia y del Mono ven en el living alguno de los plomizos programas que emiten los canales de televisión durante la dictadura.

Ninguno de ellos imagina que pasada la medianoche un grupo de tareas ingresará de prepo al departamento ubicado en Catamarca y Montecaseros, de Ciudad, y se llevará a la muchacha.

Son cinco los tipos encapuchados que entran a los gritos. El Mono se asusta y no es para menos: "Me despiertan y me empiezan a preguntar cosas", cuenta él, ya más grande y en otro presente -el de este 2024-, entrevistado por un compañero de redacción de Diario UNO.

De Marinis repasa aquella noche, su vida y la de su hermana, y volverá a repasarlas dentro de algunos días, ya que fue invitado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Brock, una casa de estudios superiores de la provincia de Ontario (Canadá). Allí disertará el próximo 29 de febrero en el ciclo "Relatos, supresión y trauma: testimonios de los sobrevivientes de la dictadura argentina".

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Gustavo

Gustavo "Mono" De Marinis durante una de las marchas para pedir justicia por su hermana y por otros desaparecidos durante la dictadura cívico militar de 1976-1983.

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La vida de Lidia Beatriz

Curtido ya por las décadas, el Mono va remontando recuerdos: "Mi hermana, Lidia Beatriz De Marinis, militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y por lo que he podido reconstruir era algo así como una encargada de prensa, porque repartía la revista de la organización, Estrella Roja. Se la llevaron aquella vez y desde entonces nunca más supimos de ella".

Y sigue: "Antes de irse, la patota nos ata de pies y manos y nos tapa la cabeza con fundas de almohada".

-¿Y el bebé de cinco meses, el hijo de tu hermana? ¿Qué pasó con él?

-Cuando van saliendo, uno de los canas le grita a mi vieja (Doña Isabel): "Hacete cargo del pendejo". Y ella, con una fortaleza que yo desconocía, logra desatarse y asomarse a la ventana. Desde ahí alcanza a ver tres autos. En uno se están llevando a mi hermana.

Lidia fue secuestrada descalza, encapuchada y en camisón. La patota se llevó de paso los libros que el Mono usaba para estudiar en la escuela.

Los matones no alcanzaron a ver el libro de los Diarios del Che, que quedó abierto a pesar de la estela de terror que flotaba en el aire; un objeto absurdo y como fuera de tiempo en la mesa de luz de aquel Mono De Marinis adolescente.

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La historia de miles

En ese punto la historia del Mono confluye con la de miles: una retahíla de búsquedas en comisarías, en las calles, donde fuera que surgiera un dato, una pista. La esperanza de que la persona desaparecida volviera un día cualquiera; entrara por la puerta del hogar con su voz conocida y dijera que ya pasó, que la vida seguía.

Sin embargo ya nada fue lo mismo sin Lidia. "Las madres y las hermanas salían a la búsqueda de los que faltaban, mientras los varones en general caían en depresión. Mi viejo, de hecho, no se recuperó nunca más", admite De Marinis.

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Lidia Beatriz De Marinis está desaparecida desde 1976.

Lidia Beatriz De Marinis está desaparecida desde 1976.

Lo indecible

Al principio era difícil definirse como "familiares de desaparecidos". Los microfascismos que acechaban cual trampas invisibles bajo la alfombra de lo cotidiano hacían que fuera algo indecible, un tabú. Algo para lo que ni siquiera había palabras.

"Otra vez: mi vieja fue fuerte y nos marcó el camino. La acompañaban mis hermanas, mi cuñado; y yo me fui involucrando", recuerda el Mono.

Como el joven De Marinis trabajaba de cadete en un bazar, cursaba el tercer año de la Secundaria en una nocturna.

"A la nocturna iba gente más grande, que me cobijó mucho. Pero había un tipo, Ricardo Révora, que cursaba conmigo y después descubrimos que sospechosamente estaba haciendo la secundaria... ¡por segunda vez!".

Según el mismo Révora confirmó más tarde, trabajaba para la Policía y una de sus funciones era "cuidar" al Mono. En criollo: espiarlo.

"Había otro tipo que me vigilaba en el laburo. Un día lo corrí a escobazos..." "Había otro tipo que me vigilaba en el laburo. Un día lo corrí a escobazos..."

"Y había otro que me vigilaba en 'La casa de los cubiertos', el bazar donde yo laburaba -sigue De Marinis-. Se paraba todos los días en la esquina de San Martín casi Godoy Cruz; hasta que un día agarré una escoba y lo corrí a los escobazos increpándolo para que me dijera adónde estaba mi hermana".

Más tarde, cuando le tocó el Servicio Militar, el Mono volvió a quedar en la mira. Era el año 79. "Me citaron para la colimba en Uspallata y a los días me llamaron aparte, me metieron en una piecita y un oficial me dijo que me quedara piola porque sabían lo de mi hermana, y me habló pestes de ella".

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Escribir, vivir

"Lo que escribo son las respuestas que no se me ocurrieron a tiempo", anotó el escritor chileno Alejandro Zambra en su bellísima obra "Literatura Infantil". Se podría agregar que en ocasiones se escribe también para rescatar las respuestas que uno tuvo en mente, pero que el Poder y el terror silenciaron.

A lo mejor por eso -para empezar a responder aunque fuera cada tanto a las iniquidades-, el Mono se metió en el mundo de las letras y particularmente en el periodismo.

A los 18 entró al Diario de Mendoza, en la sección Deportes. El medio -como tantas otras cosas- estaba intervenido por el gobierno militar.

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Los periodistas Gustavo

Los periodistas Gustavo "Mono" De Marinis (izquierda), Cacho Cortez, Sergio Di María, Jorge Germán Ruiz y Ricardo Robles.

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Y así, de redacción en redacción, pasaron 40 años. De Marinis siguió militando y escribiendo. Fue uno de los promotores de los históricos juicios de lesa humanidad en Mendoza.

En efecto, los responsables por la desaparición de Lidia Beatriz fueron juzgados y condenados en la sentencia a la Megacausa por Tribunal Oral Federal (TOF) Nº1. Los 10 militares y policías acusados gozaron de todas las garantías jurídicas que no tuvo la hermana del Mono en su momento.

Y fue justamente en uno de esos procesos que docentes canadienses estuvieron presentes y se contactaron con De Marinis, lo que derivó en la invitación para viajar al país del norte, tanto para él como para una militante de H.I.J.O.S Mendoza, Alba Vega.

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El Mono es uno de los periodistas más queridos y respetados en la redacción de Diario UNO.

El Mono es uno de los periodistas más queridos y respetados en la redacción de Diario UNO.

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"Es como raro que el viaje surja justo ahora, entre tanto discurso negacionista y ataques hacia quienes hemos estado en esta lucha. A la vez es algo bueno, porque ya hemos pasado épocas difíciles en la dictadura y demuestra que seguimos adelante. Siempre con la enseñanza de las madres, abuelas, hermanas y esposas de desaparecidos: esgrimir la razón y nunca el deseo de venganza", cierra él.

Junto al Mono viajará a Canadá Laureano (14), que es hijo de Lisandro (48), aquel bebé que se quedó sin su mamá en la noche aciaga del 3 de junio del '76 y fue criado por los que sobrevivieron. Ninguna patota puede borrar la fuerza de los lazos humanos.

* Gustavo "Mono" De Marinis integra el colectivo que sigue los juicios de lesa humanidad en Mendoza y la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas, aparte de la nueva Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas de la provincia. Los domingos grita con pasión los goles del Club Atlético Argentino de Guaymallén.