El éxito del film "La sociedad de la nieve" presentó a una nueva generación la historia de los uruguayos que sobrevivieron más de setenta días en la montaña. A diferencia de estos tiempos -en que las comunicaciones abundan y parecen "naturales"-, en aquel lejano 1972 ellos quedaron aislados luego del accidente aéreo. Inermes, completamente solos. Fuera del recóndito Valle de las lágrimas, en Malargüe, casi todo el mundo creyó que estaban muertos.
"La sociedad de la nieve": encuentro con el mendocino que conoce como nadie los secretos de la hazaña
¿Podrían haber pedido ayuda con los instrumentos que quedaron en el avión destrozado? ¿Qué aciertos y errores compartieron? ¿Se les escapó alguna posibilidad? Son preguntas que marcan la existencia de Horacio Bollati (61), mendocino, piloto de avión y radioaficionado desde hace cuatro décadas.
Horacio era un niño cuando vio por televisión -en blanco y negro- el rescate de aquellos 16 barbudos que tuvieron que comerse los cadáveres de sus amigos y familiares para subsistir, lograron sortear los rigores más extremos y dejaron un ejemplo de fortaleza que aún resulta inspirador.
"Desde ese instante el tema quedó conmigo como si tuviera pegamento. Y nunca más lo largué", reconoce.
"El gringo" Bollati recibe a Diario UNO en su casa, en medio de la ola de calor. Mientras repasa sus conclusiones, lo rodean decenas de libros -unos setenta- sobre la hazaña; y las radios artesanales que él mismo fabrica y que son réplica de modelos clandestinos que se utilizaron durante la Segunda Guerra Mundial. Un personaje.
Atrás, en la pared del living, pende una foto que muestra el momento en que los rugbiers uruguayos del club Old Christians fueron rescatados tras 72 jornadas batallando contra la muerte.
El hombre es un apasionado y quizás haya poca gente que sepa tanto sobre lo que realmente pasó en la llamada Tragedia de los Andes. Es más: Bollati viajó cinco veces hasta el lugar del hecho, conoció a los sobrevivientes y hasta escribió "Parámetros", un estudio donde analiza obsesivamente cada aspecto de aquella aventura donde murieron 29 seres humanos.
-Vos estás un poco loco...- comenta el periodista.
Desde otra habitación, Mónica -la esposa de Bollati- se asoma y asiente. A él le brilla la mirada: "A lo mejor".
►TE PUEDE INTERESAR: El vecino más antiguo de Penitentes y la increíble casualidad que destapó una aventura del pasado
Incomunicados
Pero volvamos al malogrado vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.
Tanto "La sociedad de la nieve" como su antecedente obvio, la película "Viven", dedican buena parte del metraje a contar cómo esos náufragos modernos intentaron contactarse para pedir auxilio tras el siniestro del viernes 13 de octubre del '72.
Pero no era sencillo activar los aparatos de la aeronave para emitir el S.O.S. que podría haber ahorrado tanto sufrimiento a los desesperados. Por eso nadie los encontró en esa zona inhóspita, muy cerca de la frontera entre Argentina y Chile.
"Si vos no tenés conocimientos sobre sistemas de comunicaciones, no podés hacerlo. El avión contiene un montón de elementos que hay que combinar para que funcione una radio; y tenés que ver qué radio vas a utilizar, con qué antena específica. No es sacar la del tablero del avión y ponerla a funcionar así nomás", apunta Bollati.
►TE PUEDE INTERESAR: Nando Parrado, el sobreviviente del "milagro de los Andes" que ideó un vino para homenajear a su padre
El Fairchild FH-227D que se estrelló en la cordillera malargüina tenía todos los sistemas de radio de la época: VHF, UHF y HF, que sirven para cubrir diferentes distancias y condiciones.
"La antena que deberían haber usado es la de HF, high frecuency, que trabaja por rebote de la atmósfera. De esa manera, la señal podría haber salido de ese valle rodeado de montañas que forma como un hueco. Sin embargo esa antena se perdió. Y era la única opción para que alguien de afuera los pudiera escuchar", repasa el entrevistado.
En cambio, los uruguayos intentaron poner en funcionamiento la radio VHF, que trabaja propagando en línea directa, es decir que -de salir- la señal habría rebotado contra los cerros cercanos. Era un camino sin salida.
"Aparte, necesitaban generar 115 voltios de electricidad para que la radio arrancara y eso tampoco era fácil. A ver: había una batería en la cola del avión. Podrían haber usado un generador de corriente de las turbinas -se perdieron- o los dos inversores que estaban en la cabina y fueron destruidos cuando el fuselaje se paró en seco por el impacto. Como sea, era una conexión compleja y un solo cable que pusieran mal hubiese arruinado todo", dice Bollati.
Y estaba el mecánico de la aeronave, Carlos Roque, que había sobrevivido al accidente. Horacio se lamenta: "Él era el que podría haberlos ayudado en eso, pero falleció poco después, cuando se produjo un alud".
►TE PUEDE INTERESAR: Un par de zapatillas rotas, una escuela y un hilo de esperanza en un país liderado por ególatras
El respeto por los héroes
Como se apuntó arriba, Bollati visitó cinco veces el lugar del accidente. Incluso cuenta que en el camino hubo quien lo invitó a hacer, en plan treking, el recorrido que trajinaron a lo largo de 10 días Nando Parrado y Roberto Canessa cuando dejaron al fuselaje y a sus compañeros para buscar ayuda.
"Son unos sesenta kilómetros hasta el sector donde Nando y Roberto se encontraron con el arriero Sergio Catalán. Le dije a quien me ofreció realizar ese viaje que prefería no ir. Esta es una experiencia humana que yo respeto mucho y transmite valores profundos ¿Para qué hacer el mismo camino? ¿Qué demostraría con eso? ¿Para qué medirse con ellos?", reflexiona.
No obstante, estando en el Valle de las lágrimas -a 3.500 metros de altura- Horacio sí quiso hacer lo que sus héroes ansiaron tanto y no consiguieron: transmitir por radio.
"Yo hice la primera transmisión desde el lugar. Me llevé además dos radios para escuchar broadcasting, una Sharp y una Spica -parecidas a las que tenían ellos-. Y me di cuenta de que en la noche y en la mañana las emisoras llegan hasta ahí perfectamente".
El siguiente video muestra cómo fue la emisión desde el epicentro de la tragedia:
►TE PUEDE INTERESAR: El Perro Polar Argentino, un bizarro experimento que empezó en la Antártida y terminó en Mendoza
Una idea que pudo cambiarlo todo
La cantidad de datos que ha recopilado Bollati es abrumadora. Incluso escribió otro libro, "Brillos en la montaña", donde reseña sus andanzas visitando distintos aviones caídos.
Pasa que en el punto exacto donde tuvieron lugar las tragedias aparecen informaciones nuevas, que no se adivinan de lejos. En el Valle de las Lágrimas, por ejemplo, a Horacio le surgió algo que podrían haber hecho los uruguayos y que solo resulta obvio después de ponerlo en palabras.
Cerca del sitio estaba, al menos hasta hace poco, una de las enormes ruedas del avión. Los sobrevivientes podrían haberla prendido fuego. Como se sabe, el caucho en combustión habría generado una columna de humo visible en varios kilómetros a la redonda.
No se les ocurrió, y nadie sabe por qué. Tal vez el destino -o Dios, o alguien que no tiene nombre y mira todo desde algún rincón del universo- movió causas y azares para legar a la posteridad esta saga de sacrificio, fe y solidaridad.
►TE PUEDE INTERESAR: Elegir a una reina de la Vendimia con sueldo y patrocinio del Estado, ¿es malo o es pésimo?










