La historia que sacudió a Mendoza

Un par de zapatillas rotas, una escuela y un hilo de esperanza en un país liderado por ególatras

Una maestra de Guaymallén consiguió zapatillas para uno de sus estudiantes. La reacción del niño conmovió a todos y trascendió las fronteras de Argentina

Los docentes que trabajan en la periferia de las ciudades argentinas están acostumbrados a caminar observando disimuladamente el suelo, para detectar qué estudiantes no tienen calzado y ver cómo pueden ayudarlos.

Saben que nadie aprende a leer si está muerto de frío.

Y las zapatillas de C. eran de lona, gastadísimas. Por arriba tenían agujeros y en la suela también. Según la propia Valeria, el chico "estaba hecho un ovillo en su pupitre", aterido.

"Se probó las zapatillas e hizo una sonrisa tan grande que se le veían todos los dientes" "Se probó las zapatillas e hizo una sonrisa tan grande que se le veían todos los dientes"

Valeria hilvana la secuencia en diálogo con UNO: "Di la clase. Pasó un rato. Llamé a C. aparte y fuimos hasta un armario que tenemos con mis colegas. Es donde guardamos la ropa que vamos juntando. Se probó unas zapatillas. Le quedaban pintadas. Cuando comprobó que le iban bien, sonrió de una forma...se le veían todos los dientes".

Al día siguiente, Valeria volvió a entrar al aula de séptimo grado. Los chicos estaban ahí de nuevo. Las tasas de ausentismo son muy bajas: en la escuela, cuentan con baño y calefacción, a diferencia de lo que ocurre en muchas de sus casas. Entonces casi nunca faltan.

Y ahí estaba C. Pero tenía las mismas zapatillas de siempre. Las rotas.

Qué había pasado

Valeria esperó que C. estuviera solo y se le acercó.

-¿C., no dijimos que íbamos a cambiar esas zapatillas destrozadas?

-Sí, seño. Pero le di las nuevas a mi mamá del corazón.

"Mamá del corazón" es el nombre que algunos críos de las clases populares le dan a la pareja de su papá, en reemplazo de la tan vapuleada palabra "madrastra".

C. reconoce a esa mujer como a una mamá, y le dolía verla lavar la ropa en pleno invierno, frente a un fuentón del patio, calzada solamente con unas crocs.

-La vi a ella en el patio con los gomones (las crocs) y le regalé mis zapatillas- repitió C.

"Entonces -recapitula la maestra Valeria- me di cuenta de que él nos estaba dando una lección a nosotros. Y además no lo veía desanimado: estaba convencido de que íbamos a encontrar alguna solución. Ellos creen, tienen fe en la escuela".

La historia conmovió a la "seño": Valeria le contó la secuencia a una amiga y ella, a su vez, la hizo trascender en la prensa. Llegaron entrevistas como la de Matías Pascualetti en Radio Nihuil, más otra de Canal 7 y una importante cobertura en otros medios locales.

También hubo repercusión en los diarios de Buenos Aires y del resto de Latinoamérica.

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Valeria en la escuela Tierra de Huarpes.

Valeria en la escuela Tierra de Huarpes.

Era una historia sencilla. Con dos personas, unas zapatillas y una escuela. Pero reflejaba la realidad de millones.

"La verdad es que en nuestras aulas hay muchos C. -reflexiona Valeria-. Chicos que no tienen zapatillas, o medias, o pantalones. O a lo mejor tienen un solo calzoncillo, o una sola bombacha. Chicos que cuando entran al aula se quedan al lado de la estufa porque pasaron frío esa noche, en casas donde a lo mejor hay mucho afecto y ganas de salir adelante, pero ninguna calefacción", añade ella.

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Un mural de la escuela

Un mural de la escuela "Tierra de Huarpes" de Guaymallén, donde se trabajan intensamente los valores y la autoestima de los estudiantes.

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Ponerse en los zapatos de otro

La bola mediática se agigantó. Se comunicaron empresas constructoras, una marca de zapatillas, incluso vecinos del barrio Paraguay -donde está la escuela- que querían compartir la poca indumentaria que tenían para pasar la temporada.

"Él esta contento porque siente que dejó de ser invisible" "Él esta contento porque siente que dejó de ser invisible"

Se acercó una pareja de abuelos con la intención de donar unos pulóveres que traían doblados prolijamente. Y hasta los alumnos más chiquitos, al ver el ejemplo de los grandes, trajeron útiles por si a alguien más podían servirles.

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Valeria recibiendo la donación de una vecina que se movilizó al conocer lo que había pasado.

Valeria recibiendo la donación de una vecina que se movilizó al conocer lo que había pasado.

Un desconocido le envió a C. un par de zapatillas nuevas. Y Valeria dice que el nene está contento "porque siente que por una vez dejó de ser invisible".

Antes de terminar la charla con este medio, la "seño" insiste en que ella no es la única docente que le está poniendo el pecho a la crisis y, sobre todo, en que C. no es el único chico que precisa atención.

Es verdad: según datos del INDEC, en Argentina hay 5,5 millones de menores de 14 años que no cubren sus necesidades básicas.

No son santos ni demonios: son seres humanos olvidados por su propia sociedad, en un país que decidió relegarlos de la agenda y focalizarse en interminables disputas de dirigentes ególatras que no han pasado hambre ni un solo día de su vida.

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Las zapatillas nuevas que alguien le envió a C.

Las zapatillas nuevas que alguien le envió a C.

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Reconstruir lo que está roto

¿Y cuánto aguanta el corazón de un chico cuando siente que es ignorado? ¿Cuándo se rompe? ¿Se ven los huecos de un corazón cansado de esperar cariño, como se ven los agujeros de las zapatillas?

El escritor Pablo Ramos recordó alguna vez un diálogo entre su hermana -que siempre andaba en alguna movida solidaria- y el dueño de una fábrica de alfajores. Parece que este párrafo no tuviera nada que ver, pero sí tiene.

Resulta que cuando la hermana de Ramos murió, este empresario le contó al escritor que en un invierno ella había ido a pedirle alfajores para festejar el día del niño con más de cien pibes de un barrio popular.

"Le dije que no había problema, que había muchas cajas de alfajores rotos o mal envueltos. Que podía llevárselos todos", rememoró el empresario.Y agregó que la mujer se quedó mirándolo en silencio.

"¿Necesitás algo más?", quiso saber el dueño de la fábrica. “Necesito los alfajores sanos”, retrucó ella- “Rotos ya tengo a los pibes”.

Reparar: eso es lo que intentan miles de maestros. Coser el tejido de una comunidad a la que le venden individualismo como si fuese una (otra) droga.

La importancia de la autoestima y cómo colaborar

Hace poco, antes de que pasara lo de las zapatillas, Valeria y otra docente, Mónica Emi, armaron en la escuela una actividad para el programa de Fortalecimiento de Trayectorias, que está dedicado a los chicos que tienen problemas de rendimiento.

Y, justamente para ver qué es lo que había que reparar ahí, trabajaron la autoestima. La dinámica consistía en sentarse individualmente en "un sillón especial" y que el resto de los compañeros le dijeran a ese niño "todo lo bueno y lindo" que veían en él o ella.

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Una postal tomada el día de la actividad sobre autoestima. Los chicos se sentaban en un sillón especial y sus compañeros tenían que contarles qué veían de bueno en ellos.

Una postal tomada el día de la actividad sobre autoestima. Los chicos se sentaban en un sillón especial y sus compañeros tenían que contarles qué veían de bueno en ellos.

"Fue emocionante observar cómo se transformaban sus caritas al recibir tantos halagos -relataron después las maestras-. Hubo una niña que comentó, al final de la clase, que 'no se había dado cuenta que tenía cosas tan bonitas adentro'".

  • C., el chico de las zapatillas, ya no tiene sus pies desnudos, pero actualmente vive en un hogar de chapas y cartones. Para colaborar con él y sus amigos se puede llamar 447-0463 o enviar mensajes al 261 63 15 004.

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