Día del Periodista

Somos periodistas y nuestro trabajo es incomodar, les guste o no a los poderes de turno

Hoy es el Día del Periodista. La amenaza de los discursos de odio. La IA generativa y el riesgo para medios y periodistas. Actitudes miserables en la víspera

Advertencia necesaria para lectores sensibles: esta columna está escrita desde el corazón, desde el estómago. Desde las tripas más profundas. Desde ese lugar donde se anudan las emociones del cuerpo y el alma, si es que tal cosa existe. Hoy es el día de los periodistas. Salud.

Vivimos un tramo de la vida nacional cruzado por una ola de repulsa al periodismo y a quienes lo ejercemos.

Cualquier persona se siente capaz de soltar que “los periodistas son todos ensobrados”, una generalización absurda y profundamente ignorante. Es como si nosotros dijéramos que los agentes estatales son todos ñoquis, los políticos todos ladrones, los abogados y médicos unos negligentes, o que todos los ingenieros calculan mal los puentes. ¿Percibimos la dimensión estúpida de estas afirmaciones?

Capacitación de Google News Initiative sobre el uso de IA en la redacción de periodistas del Grupo América Interior
Capacitación de Google News Initiative sobre el uso de IA en las redacciones, con periodistas del Grupo América Interior.

Capacitación de Google News Initiative sobre el uso de IA en las redacciones, con periodistas del Grupo América Interior.

A causa de esta misma ligereza, cualquiera se cree con derecho a dar lecciones de práctica profesional… a los propios profesionales. Así es la Argentina: hoy todos somos expertos en fútbol, en macroeconomía y en periodismo. Sabemos más que los ministros, un gobernador, un presidente, o que Scaloni, Bilardo y Menotti, o seríamos capaces de enseñarle a asar al mismísimo Francis Mallmann.

Existe, además, una corriente de odio ultramontano al periodismo, empujada por el presidente Javier Milei y reproducida en las redes por las patrullas digitales libertarias, sus dirigentes y militantes. “No odiamos lo suficiente a los periodistas” o “el 95% de los periodistas es basura inmunda” son algunos de los improperios que alimentan este clima hostil.

¿De qué trabajamos los periodistas?

¿Qué hacemos? ¿Por qué somos incapaces de explicar a las audiencias la importancia de nuestra tarea como uno de los pilares de la democracia y las sociedades libres? Fracasamos en ese intento a tiempo completo.

Sin embargo, desde que estalló el "Caso Adorni", la furia presidencial contra los medios parece volverse poco a poco en contra del propio Milei, y el gobierno podría estar perdiendo la “batalla cultural” frente a la información profesional y rigurosa.

javier milei y manuel adorni
El presidente Javier Milei y su cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

El presidente Javier Milei y su cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

La consultora Pulso Research, del analista Juan Adaro, midió semanas atrás que 60% de los argentinos confía más en los medios tradicionales (TV, radio y diarios) a la hora de informarse, contra solo 27,2% que elige a las redes sociales y sus usuarios; donde el gobierno y el poder juegan su partido.

Nuestro trabajo es echar luz donde hay oscuridad y explicar los hechos. Recientemente, en el Congreso Mundial de Medios en Marsella, el director editor de The New York Times Arthur Sulzberger sintetizó nuestra misión: "Ir a diferentes lugares, hablar con la gente, desenterrar información, cubrir temas y eventos importantes, proporcionar contexto y análisis, e investigar a los poderosos”.

arthur sulzberger
Arthur Sulzberger, director de The New York Times, y su advertencia sobre el uso de la IA para sustituir al periodismo profesional.

Arthur Sulzberger, director de The New York Times, y su advertencia sobre el uso de la IA para sustituir al periodismo profesional.

En ese encuentro, el editor del diario más prestigioso del mundo advirtió sobre el saqueo permanente que las inteligencias artificiales hacen de los contenidos periodísticos, y las comparó con los piratas de Napster de principios de los 2000. Una amenaza directa para el periodismo original, sustento de la democracia y de las sociedades sanas. Ya lo dijo George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques; todo lo demás son relaciones públicas”.

Pero también opinamos sobre temas de interés público, y eso molesta al poder. A todos los poderes. Aunque es cierto que a veces caemos en la "alucinación”, como advirtió Juan Quibar, director de Diario UNO, en el "súper pase" que hicimos en Radio Nihuil el viernes junto a Julián Imazio, Agustina Fiadino, Matías Pascualetti y Rosana Villegas. "Alucinar es decir cosas que no ocurrieron con tal de llenar un espacio de radio o TV”, amplió, señalando que se trata de un vicio muy extendido. Muchas veces hacemos valoraciones sobre un tema sin conocerlo en profundidad.

No somos gente dócil

Días atrás, reflexionando sobre nuestra tarea, el filósofo y periodista Miguel Wiñazki -por quien siento un profundo respeto y admiración- compartió una frase genial: “El periodismo es la única profesión en la que alguien te insulta cuando hacés bien tu trabajo”. A ningún poder le molestaría un periodismo dócil, apático, “nádico” o gacetillero.

Nos tildan de "ensobrados” por la pauta oficial. La publicidad estatal es la vía legal a través de la cual los gobiernos difunden sus actos, tal como los obliga la Constitución. Deben hacerlo de modo masivo y, aunque utilicen sus propios canales, tienen que garantizar equilibrio y difusión en medios periodísticos. La pauta no existe para hablar bien de una gestión o para callar pecados inconfesables, sino para que la administración pública informe sobre asuntos del Estado: nombramientos, contratos, licitaciones o campañas públicas. Lo que sea que deban publicitar. Pero esto es muy difícil de explicar a una audiencia descreída.

La grieta en el espejo

Parte del periodismo y de los medios están claramente posicionados no sólo en un arco ideológico sino partidario. Estos desvíos nos colocan bajo la lupa de las audiencias. El periodismo militante, la grieta y el discurso del odio le hicieron mucho daño a la profesión, y no somos del todo conscientes de ello. Aunque quizás tampoco tengamos demasiada voluntad de darnos latigazos en la espalda porque venimos soportando toneladas de ofensas, insultos y estigmatizaciones desde hace tiempo; un clima agudizado bajo la presidencia de Milei.

Así, el mes pasado, el último informe del Monitoreo de Libertad de Expresión de Fopea nos dio patente de republiqueta bananera. Con perdón de los países productores de aquel noble fruto.

Teatro Plaza y Bebo Granados en No Tenes Cara, radio Nihuil 4
El equipo de

El equipo de "No Tenés Cara" de Radio Nihuil, junto a Bebo Granados en el Teatro Plaza de Godoy Cruz.

Hay otros daños ocasionados a las buenas prácticas a causa del ego, las cámaras, el streaming, la influencia, las redes, la popularidad y la cercanía con el poder… Incluso por nuestra dimensión humana. Por estas razones, nos hemos ido alejando de los fundamentos del oficio serio.

A esto se le suman los apremios económicos que atraviesan las empresas periodísticas del mundo, de los que Mendoza y el país no están exentos. La caída de audiencias e ingresos comerciales se debe, en gran parte, a que las plataformas digitales utilizan nuestros contenidos -elaborados por profesionales y con costos reales- para cocinar sustitutos gratuitos sin pagar un solo peso de derechos de autor. Un conflicto que hoy se debate en los tribunales de Europa y Estados Unidos.

El valor de nuestro oficio

Conviene resaltar ciertos aspectos de nuestra práctica: los periodistas podemos negarnos a revelar una fuente ante un fiscal, un juez, un jefe o la empresa dueña del medio. Sostener eso le puede costar el puesto a cualquiera -y pasa-, pero guardar el secreto profesional es un derecho constitucional protegido por el artículo 43 de nuestra CN, pensado para que las audiencias accedan a información certera, libre e independiente.

Los periodistas contrastamos datos. No nos guiamos por chismes de peluquería, a menos que sean la punta del ovillo de una noticia. Así comenzamos con el caso Lobos: vecinos cercanos al mundo jurídico sospecharon de los gastos del clan y nosotros tiramos de ese hilo. Ya saben cómo terminó: con un intendente primero desalojado del poder y luego condenado y preso en una sentencia ejemplificadora, junto a su ahora ex esposa.

Podemos ser objetores de conciencia; nadie nos puede obligar a falsear un dato o decir algo que no es verdad. El periodismo profesional es el único capaz de mantener a salvo a la sociedad de las fake news, las desinformaciones y las banalidades que se viralizan en las redes, que representan una competencia real para nuestros contenidos.

Incomprensión mutua

Más allá de las amenazas al negocio de elaborar noticias y ofrecerlas a clientes privados para financiarnos y seguir informando, atravesamos un momento de profunda incomprensión mutua entre la prensa y el público.

Todos los años hacemos encuestas. La gente asegura: “Preferimos programas donde solo se informe y el periodista no opine”. Pero después, los programas con opiniones fuertes y controversiales son los que más miden. Nos pasa a diario en Radio Nihuil.

Luego, les preguntamos qué contenidos prefieren, y empieza una danza extraña: piden “más cultura, internacionales, política y grandes reportajes”. Sin embargo, los contenidos más leídos y consumidos terminan siendo la mayoría de las veces, los chimentos de la farándula porteña. Al punto que hay una generosa oferta de canales, programas y medios especializados.

Somos periodistas

Estamos al servicio de la gente movidos por la pasión, la curiosidad y el interés por una historia. Y, por supuesto, cobramos un sueldo por eso.

La mayoría de los profesionales de esta provincia se han formado en universidades; aunque quedamos también unos pocos jurásicos que nos construimos en la calle, en las redacciones, moldeados por la sabia práctica de décadas en las historias reales.

Somos periodistas. Aunque nos odien, nos insulten desde el gobierno libertario o nos escupan como hacía el kirchnerismo. La relación entre los poderes y el periodismo debe tener tensiones. Es sano que así sea.

Sin embargo, la política está tomando revanchas miserables. Así resultó la posición genuflexa del bloque oficialista de Cambia Mendoza en la Cámara de Diputados, para no dar un homenaje -a instancias de los libertarios- a tres periodistas mendocinos recientemente fallecidos: "Coco" Yáñez, Cristian Ortega y Walter Carbone.

Igualmente misérrimo resultó el freno del mileísmo a una candidata a jueza sólo porque es familiar de un periodista que investiga el poder.

Ambas posturas son muestras de una peligrosa miopía antirrepublicana. Deben entender que vinimos a incomodar. Ese es nuestro trabajo, y bienvenido sea.