En las últimas semanas, el presidente Javier Milei se ha lanzado alegremente a una orgía de odio hacia periodistas, medios, editores y empresas periodísticas, por un puñado de razones variopintas. Extraño en un liberal, llamativo como un unicornio entre los presidentes, en momentos en que la economía da señales contradictorias.
No odiamos lo suficiente a los presidentes
Las agresiones a la prensa se han disparado. El 29 se conocerá un duro informe sobre la libertad de prensa en la Argentina. Los días de furia de Javier Milei
¿Por qué hostiga al periodismo a tiempo completo? ¿El presidente no entiende el rol de la prensa libre en una república? Sí lo comprende. Allí radica el problema.
Los espías rusos
Necesitamos un poco de contexto. Semanas atrás, un consorcio internacional de periodistas del que participa el argentino Santiago O’Donell (Página 12), reveló que una organización de la inteligencia rusa llamada “La Compañía” logró filtrar y publicar en diversos medios argentinos unas 250 notas falsas, desinformaciones firmadas por periodistas inexistentes y críticas del gobierno de Javier Milei. Una especie de “guerra híbrida” contra el Jefe de Estado argentino cuando Joe Biden aún era presidente de EE.UU. y estaba alineado a Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania, invadido y en guerra con Rusia.
El gobierno argentino conocía desde el año pasado estos hechos ocurridos en 2024. Lo que reveló el consorcio periodístico fueron detalles de quiénes publicaron qué cosa, y el presidente Javier Milei -que no se enteró por sus espías, ni los servicios secretos, ni ningún ministerio, sino por la prensa- estalló de furia.
Pero cuidado. La operación rusa le fue útil a Milei para cuestionar e insultar a medios y periodistas que publican abundante material sobre los casos de presunta corrupción y tráfico de influencias que preocupan al gobierno nacional, tales como Andis, $Libra, Adorni, y ahora los créditos hipotecarios del Banco Nación a funcionarios. Lo mismo les cabe a periodistas que plantean dudas sobre la marcha de la economía.
Meter todos en la misma bolsa es una reducción útil al poder, siempre.
Aversión a que se contradiga el discurso oficial
El presidente suele militar la frase “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, y de allí hacia abajo, incluso compartir una andanada de insultos feroces contra la prensa, o hacer alusiones sobre sexo no consentido entre hombres, expresiones habituales en el mundo tuitero libertario por razones misteriosas.
El fin de semana largo de Pascua, de acuerdo con registros que publicaron varios medios, Milei pasó 14 horas online publicando, compartiendo y reposteando más de 900 insultos y descalificaciones a medios, editores y periodistas. Raro, fue el mismo finde en que publicó una nota de opinión sobre Adam Smith en uno de los medios que suele ser blanco de sus diatribas.
Sería mucho más profundo intentar indagar por qué Milei odia al periodismo, como extensión de su aversión total a que le contradigan. Serían las ciencias políticas o en todo caso las de salud, las que deberían determinar tales motivaciones. Aunque hay algunas razones prácticas para ese odio indigesto a la prensa. Los casos que jaquean al gobierno, especialmente la causa por presunto enriquecimiento del jefe de Gabinete y vocero Manuel Adorni, significó una bomba de profundidad en la narrativa de superioridad moral libertaria. La danza de abuelas y policías prestamistas alrededor del funcionario contradicen de modo frontal el relato ético del gobierno nacional.
La economía importa
¿Cuándo le importa la corrupción al electorado? Cuando el bolsillo aprieta. La realidad arroja numerosos indicadores de que la ecuación inflación + sueldos + alquileres + servicios no cierra bien, aún con la baja considerable de la inflación que consiguió el gobierno de Milei.
Como consecuencia, hay un contexto económico que corroe una parte de la paciencia social, y por lo tanto, aumenta el malhumor presidencial con medios y periodistas, por aquello de no soportar las contradicciones.
Desde diciembre de 2023, la inflación acumulada en Argentina fue de cerca de 203%. Pero en el último año, fue sólo de 33,1% a febrero de acuerdo al INDEC. Una baja importante, aunque lejana del estándar deseable.
Al mismo tiempo, la plataforma Zonaprop reveló que los alquileres subieron de año a año unos siete puntos más que la inflación. Luego, desde diciembre de 2023 y por la baja de los subsidios, los servicios públicos aumentaron entre 400% y 590% según la zona del país. Además, el consumo sigue cayendo. Las ventas en supermercados cayeron, crecieron los mayoristas y la mitad de las compras son con tarjeta, según el INDEC.
Todos estos factores aumentan la preocupación social, que ya se refleja en encuestas, y exacerban el odio oficial al periodismo que publica datos que contradicen la versión optimista de la economía, que además es justificable: inflación y pobreza bajaron, y la economía creció. Hay dólar barato y acumulación de reservas, con baja de tasas. Todo esto apalancado en el ajuste fiscal y en los sectores que sí crecieron. Pero como suele decir Alfredo Cornejo, no todas las provincias tienen granos exportables ni Vaca Muerta. El “metro cuadrado” de muchos argentinos estaría muy complicado pese a varias buenas noticias de la macroeconomía. La economía es contradictoria en un país que se ha vuelto extravagante.
Nadie le puede pedir al gobierno nacional que resuelva en un año ni en dos ni en cuatro los desajustes que dejó el kirchnerismo en dieciséis años de gobierno más los cuatro fallidos de Mauricio Macri, que intentó y no pudo. Pero si Milei odiara menos, sería todo más sencillo.
La misión
La consecuencia del odio presidencial funciona como un ariete contra la libertad de expresión, que no es de los medios ni de los periodistas, sino de las audiencias. Nuestra misión como hombres y mujeres de la prensa es la de facilitar el acceso a la información pública, para que la gente pueda tomar sus mejores decisiones.
Si en algo se parecen los populismos de Cristina Fernández de Kirchner y de Milei, como opuestos, es en su odio al periodismo. Somos una barrera entre el poder y el baño de masas al que aspiran los presidentes. Milei usa sus propios insultos y las patrullas digitales contra la prensa. Resulta menos sofisticado que Cristina, que usaba la AFIP, los espías de la SIDE de entonces y sus propios medios y periodistas pagos para atacar al periodismo.
Aparecen similitudes entre ambos. Cristina corrupta y presa y el presidente Milei son gemelos idénticos respecto de medios y periodistas. Cancelar a la prensa sería su máximo sueño. No a toda. Ambos tuvieron a su favor una cohorte de periodistas adictos, que Milei robustece con la abundante y agresiva militancia libertaria en redes. El “678” de Cristina y los numerosos spots y streamings libertarios se parecen mucho. Pero el inventor de la pólvora fue Abraham Lincoln. Durante la campaña electoral de 1859 en EE.UU. compró el periódico de habla alemana "Illinois Staats-Anzeiger”, para captar el voto de los inmigrantes ilegales. “La opinión pública lo es todo” decía.
El fin de semana salvaje de Milei
Durante el fin de semana de Pascuas, el presidente publicó y reposteó casi un millar de expresiones insultantes, denigrantes y descalificatorias contra medios. Luego, usó la campaña de inteligencia rusa para aplicar censura selectiva y restricciones al periodismo. Periodistas de medios que publicaron las desinformaciones rusas tienen prohibida la entrada a la Casa Rosada. Pero no todos. Sólo los más críticos.
Hay en las expresiones del presidente un patrón sistemático de confrontación. El primer trimestre del año ha sido a toda orquesta.
Según el informe "El insulto como estrategia" de Fopea, aproximadamente 15,2% de las publicaciones totales de Milei (incluyendo posteos propios y reposteos) contienen insultos o descalificaciones en general. Pero cuando el presidente se dirige específicamente a actores del campo mediático, la agresividad aumenta a 70% de sus publicaciones dirigidas a periodistas o medios.
Todos delincuentes
La semana pasada, en una entrevista en TV dijo que "95% de los periodistas argentinos son delincuentes". Una afirmación improbable, producto de un odio intenso, pero de doble estándar. La militancia libertaria suele decir que el periodismo "llora" pauta. Cuando el presidente anunció que la pauta oficial se reduciría a “cero” a los medios, las tropas propias festejaron. Pero el Banco Nación, YPF y Aerolíneas aumentaron sus gastos de publicidad oficial.
El BNA lo hizo en 2025 86 % respecto de 2023, de acuerdo con resultado de un pedido de Acceso a la Información Pública que hizo la organización Chequeado. Pero el banco estatal declinó especificar a quiénes deriva esa publicidad. Ante pedidos similares, YPF y Aerolíneas Argentinas tuvieron la misma respuesta en 2024.
Las organizaciones más importantes de empresas periodísticas y de periodistas tales como Adepa y Fopea se han expresado reiteradamente sobre el peligroso clima de descalificación y agravios permanentes a la tarea periodística en que caen el presidente Javier Milei y varios de sus funcionarios. Pero al oficialismo tales advertencias le estarían importando tres belines.
Los funcionarios públicos tienen la obligación de rendir cuentas, mucho más allá del pórtico que significa estar investigado por la Justicia. Cuando un periodista hace una pregunta, quienes están encargados de administrar la cosa pública no le están respondiendo a un medio o a ese periodista en particular, sino a una audiencia que en ocasiones puede ser de millones de personas.
Las herramientas de hostigamiento
El presidente Milei y el oficialismo han entrado en una vorágine, usando andamiajes del poder para intentar disciplinar a la prensa.
La mayoría de las agresiones ocurren a través de reposteros del propio Milei en su cuenta de X. Utiliza cuentas de su militancia digital para amplificar ataques personales, dándoles la aprobación presidencial.
La Oficina de Respuesta Oficial ha sido creada y utilizada para responder con nombre y apellido a periodistas, exponiendo sus vidas privadas o sus ingresos en un claro intento de disciplinamiento.
Solo en marzo de 2026, se registraron reportes de demandas judiciales iniciadas por el presidente contra cinco periodistas en una misma semana, utilizando la Justicia como método de presión.
Ensobrados, operadores, mercenarios, ignorantes, brutos, kukas, zurdos, corruptos, miserables, basuras. Muchas fueron las expresiones de agravio y descalificación del presidente a la prensa. Algo que no se había visto nunca en la Argentina, aunque hay que decir que no llegaron al límite de incendiar medios, como ocurrió durante el gobierno kirchnerista de Alberto Fernández, cuando se registraron ataques incendiarios contra Clarín en la CABA, y uno especialmente grave contra El Chubut en la ciudad patagónica de Trelew.
Lo que hace el presidente Milei es utilizar el insulto como herramienta de neutralización. El problema que tiene es que con el periodismo profesional tales métodos de coerción no siempre dan resultado, y las audiencias que se empiezan a cansar del método, comienzan a mirar con ojos peores cuánto ocurre con el gobierno. Sobre todo si el bolsillo aprieta.
Una era post Milei
Los presidentes argentinos tienen una historia desgraciada una vez que dejan el poder. De ello no se ha salvado ni el radical Raúl Alfonsín, el “padre de la democracia” que gobernó entre 1983 y 1989. O terminaron con la imagen por el piso, o tienen que hacer un largo derrotero por los tribunales. Que lo diga Cristina, presa por fraude a la administración pública, y aún no terminó de atravesar la causa más dura, la de los Cuadernos de la Corrupción.
¿Tendrá temor el presidente de ese espejo negro, y buscaría curarse en salud de una prensa escrutadora? Quién sabe. Esos tiempos podrían estar lejanos, más allá de un probable segundo mandato aunque ya hay encuestas que le otorgan paridad con el peronismo para las elecciones de 2027.
Habrá datos preocupantes sobre la libertad de prensa
El miércoles 29 de este mes en la Universidad de Palermo, el Monitoreo de Libertad de Expresión de Fopea dará un informe sobre la libertad de prensa durante 2025 en nuestro país. El informe del año 2024 reveló un aumento de 53% en los ataques a la prensa, “con un fuerte protagonismo de la violencia digital y los discursos estigmatizantes provenientes del poder político” dice la organización que nuclea a periodistas argentinos de todo el país. Los datos del año pasado serán peores.
“No odiamos lo suficiente a los periodistas” es una frase poco feliz, autoritaria, irresponsable, estigmatizante, descalificadora y destructiva. Exactamente como el título intencional de esta nota.
Los periodistas no odiamos a Javier Milei. Simplemente él es el presidente. Y ahora el escrutinio público de su tarea y de su gobierno, le toca cargarlo a él. Es su turno. En las democracias, la revisión viene con el voto. Mal que le pese al presidente.







