La selección nacional de fútbol de Panamá aseguró su segunda clasificación a un Mundial al vencer a El Salvador por 3-0 este martes, desatando una ola de júbilo en todo el país. La victoria encendió celebraciones masivas y espontáneas, con miles de personas desbordando las calles de Ciudad de Panamá en una muestra de alegría colectiva y orgullo nacional.
La diversidad panameña se reflejó en la multitud, con ciudadanos de herencia afro, indígena y blanca mezclados en un solo abrazo festivo. Muchos lucían la camiseta de la selección, algunos disfrazados, mientras un hombre tocaba la trompeta entonando "Patria", el clásico de Rubén Blades que es casi un himno nacional.
El festejo fue "delirante e histórico para la memoria panameña", según el periodista, marcando la segunda vez que el país se viste con la ilusión de participar en un Mundial. Esta clasificación, más allá del resultado, se vive como un triunfo colectivo.
Una lección de alegría deportiva: valorar el camino
Comparando la situación con Argentina, donde solo ganar un Mundial se considera un éxito, vale la pena subrayar la importancia de esta victoria panameña como un recordatorio de que la participación en sí misma puede ser un festejo inmenso.
La lección de los delirantes panameños bailando por las calles de su ciudad capital es clara: el solo hecho de participar puede ser también un festejo.
La clasificación panameña
Panamá selló su clasificación al Mundial 2026 al golear 3-0 a El Salvador, y mandó a la repesca a Surinam, en la última jornada de las eliminatorias de la Concacaf.
Los goles de Panamá los anotaron César Blackman (17'), Éric Davis (45+3') y José Rodríguez (85'), en un duelo disputado en el Estadio Rommel Fernández de la capital panameña, que registró un lleno total.
