En la memoria colectiva de la Selección argentina, la gesta del Mundial 1978 ocupa un lugar sagrado. Aquel equipo dirigido por César Luis Menotti levantó por primera vez la Copa del Mundo en el Estadio Monumental, marcando un antes y un después en la historia de nuestro fútbol.
Jorge Olguín, el campeón del mundo que terminó manejando un remis
El marcador lateral y central, que también dejó una huella imborrable en clubes de la talla de San Lorenzo e Independiente, experimentó en carne propia el vertiginoso contraste entre tocar el cielo con las manos y tener que reinventarse de cero una vez retirado.
A diferencia de las rutilantes estrellas de hoy, que tras una corta trayectoria aseguran el futuro de varias generaciones, los campeones del '78 debieron lidiar con un mercado de pases local austero y salarios que no alcanzaban para la posteridad. Cuando la pelota dejó de rodar, muchos de ellos tuvieron que salir a trabajar.
Lejos de los privilegios y fiel a la estirpe laburante que siempre caracterizó al futbolista de aquellas décadas, Olguín no le esquivó al bulto. Ante la falta de estabilidad financiera y la necesidad de sostener a los suyos, el exdefensor debió tomar una decisión que sorprendió a propios y extraños: se subió a un vehículo y se ganó la vida trabajando como remisero.
El reclamo histórico de los campeones
Ante esta situación, otros integrantes de aquel plantel alcieron la voz en reiteradas ocasiones para exigir pensiones acordes, cobertura médica eficiente y programas de inserción laboral o becas para exdeportistas luego de la etapa del retiro.
En concreto, el reclamo se basó en que el Estado y las instituciones no se acordaran de ellos únicamente para los aniversarios o las fotos protocolares, demostrando que el verdadero legado de aquel título merecía ser honrado con políticas estables
