El Gran Premio de la Ciudad de México ofreció una jornada vibrante y repleta de incidentes que no solo dejó resuelta la corona del campeonato, sino que le brindó a Franco Colapinto la revancha perfecta para cortar una seguidilla adversa. En una prueba con neutralizaciones y fricción constante, el piloto argentino exhibió madurez conductiva para esquivar los roces de la pista, sostener un ritmo competitivo y volver a ver la bandera a cuadros dentro de la zona puntuable.
Gran remontada en el Autódromo Hermanos Rodríguez y desahogo en la gira americana
La faena de Colapinto en el Autódromo Hermanos Rodríguez comenzó a construirse desde los primeros metros. Tras haber clasificado en el 11° lugar, ejecutó una largada extraordinaria que le permitió escalar hasta el séptimo puesto provisional antes de la primera curva.
A partir de allí, administró con solidez los neumáticos en el exigente trazado mexicano y completó una labor formidable para cruzar la meta en la octava posición, otorgándole un valioso botín de cuatro puntos a la escudería gala.
El resultado significó sacarse una pesada mochila de encima tras semanas de sinsabores en la Fórmula 1. Por diversas circunstancias ajenas y toques en pista, Colapinto venía atravesando un tramo complejo del certamen sin poder engrosar su casillero.
Este octavo lugar reafirma el salto de calidad que Colapinto logró plasmar a lo largo de 2026 en el Gran Circo. Con la tranquilidad de tener su butaca blindada para el próximo campeonato junto a Gasly, el piloto albiceleste encara la recta final de la temporada con la convicción de seguir sumando puntos, cerrar el año en el nivel más alto y afianzar a Alpine en la tabla de constructores.
