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Mendocinidad y mendocinistas

Vendimia te amo y te odio: dame ya la licencia de "mendocinidad" y todos en paz

¿Qué significa la Vendimia? ¿Cuánto debe atravesar un foráneo, para que la Mendoza nacida y criada le considere digno? ¿La mendocinidad es exigible?

Editado por Ricardo Montacuto
montacuto.ricardo@grupoamerica.com.ar

En 1997 y con 32 años supe que al año siguiente me mudaría a Mendoza, tierra de Vendimia, a gerenciar la redacción del antiguo Diario Los Andes. Una de las primeras documentaciones a las que accedí en el proceso de “inducción” fue una detallada encuesta de producto que me permitió asomarme a una materia que me era desconocida: mendocinidad.

¿Qué tan difícil podía ser? Ya había trabajado y dirigido redacciones en Chubut, Río Negro, y Neuquén. La experiencia en el Alto Valle debía resultar un input decisivo, por ser aquella una región productiva, como esta.

Los años transcurridos desde entonces me convencieron del error de valoración y de lo duro que resultaría este oasis.

Pero no me rindo.

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Un técnico trabaja en estaciones meteorológicas en el Aconcagua, la montaña que es orgullo de los mendocinos.

Hola, Mendoza

El domingo 12 de julio de 1998, el mismo día en que Francia se coronó Campeón del Mundo de Fútbol por primera vez en una recordada final ante Brasil, tomé un vuelo definitivo desde Neuquén y aterricé en Mendoza.

Paré en un hotel de dos estrellas del centro -que aún existe- y al día siguiente comencé mi experiencia mendocina. Pasados 27 años, aún no me dan el carnet. El índice de mendocinidad en sangre no me es suficiente. El mendocinómetro me mantiene a prueba, a perpetuidad. No importa lo que haga, ni los méritos -o deméritos- que haya acumulado en todos estos años. No me extienden el pasaporte ni la licencia de mendocinidad, y por lo tanto voy al banco de suplentes. Hago esa comprobación casi a diario, cuando me enredo en alguna discusión con los oyentes, de las que terminan invariablemente del siguiente modo: “Vos, no sos mendocino…” Un dato certero e inapelable. Y clavan el puñal hasta el fondo.

Mi respuesta a la afrenta es tan caprichosa y subjetiva como barrera. Elegí vivir acá… Y eso es más que haber nacido (¿¡!?).

Durante muchos años intenté comprender la “mendocinidad”. Incluso recuerdo haber sostenido largas charlas al respecto con Carlos La Rosa (uno de los máximos cultores de la mendocinidad de los ochenta y coautor del exitoso “Equipo de los mendocinos” del peronismo), Arturo Guardiola (por entonces síndico de Los Andes, supernumerario ganso y familiar de Elvira Calle de Antequeda) y Enrique Chrabolowsky, periodista y difusor del vino. En este último caso, con varias botellas de buen vino mendocino de por medio.

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Las 18 reinas departamentales de la Vendimia 2025 junto a los conductores del "Especial de Reinas" que se vio en vivo el lunes por El Siete.

La puñalada trapera “Vos no sos mendocino” surge siempre que desde mi rol de periodista al frente de “No tenés Cara”, por Radio Nihuil, cuestiono algún aspecto central del acervo cultural mendocino, como la Fiesta de la Vendimia. Tal vez lo hago como desquite, despecho u obcecación. ¿Por qué no me firman el pasaporte, y ya?

La Fiesta Nacional de la Vendimia es la máxima expresión del festejo popular mendocino. Amor puro. Sin embargo, los especialistas mendocinos en Vendimia suelen hacer críticas furibundas del acto central. Los despellejan en vivo. Cada párrafo de un “vendiomiólogo” se siente como si estuvieran desollando a alguien. De esto saben mucho Patricia Slukich, Ulises Naranjo, Fausto Alfonso, Laureano Manson, entre otros. Los respeto y me tomo muy en serio lo que escriben o dicen sobre la fiesta máxima de los mendocinos. Y de vez en cuando, desde un sitio tan inculto en asuntos del arte como un campo abandonado, intento mojar el pancito en la salsa de ese debate. Las peloteras con los oyentes, sobre todo los más conservadores, son memorables y agotadoras.

-Ah… pero vos no sos mendocino...-

¿Qué es la mendocinidad?

Las personas a quienes les he disparado la pregunta no respondieron enseguida. Se tomaron su tiempo. No alberga una respuesta sencilla. Se me ocurre, como ser humano que vive en Mendoza en el sentido amplio de la palabra, que la mendocinidad es un conjunto de valores propios de los nacidos aquí, pero también de quienes la adoptaron sin cuestionamientos. Estos valores incluyen esfuerzo, personalidad (“carácter montañés” me dijo Andrés Gabrielli en el pase), orgullo, pertenencia, tradición, modernidad, institucionalidad… Andrés también me anotició que la mendocinidad tiene matices, según la región de la provincia de la que estemos hablando.

Algunos ensayan la síntesis. “Mendoza es la mejor provincia del mundo…”, le dijo el ministro de Defensa de la Nación, Luis Petri, al equipo de Radio Nihuil, al ingresar el jueves al predio de la Fiesta de la Cosecha. Le tembló la voz. Estaba emocionado. Repleto de mendocinidad. Después tuvo que volar a Bahía Blanca, donde la inundación ya es tragedia.

San Martín y la mendocinidad

Por falta de información, creía que la mendocinidad era una construcción cultural posterior a José de San Martín, el gobernador más famoso y renombrado que tuvo Mendoza. Pero resulta que el Libertador -correntino de nacimiento y que hablaba como andaluz- también lidió con esto, hasta que se fue a Los Barriales.

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Daniel, el cosechador que salió en Radio Nihuil y podrá ir al Acto Central de la Vendimia.

Entiendo que muchos exponentes máximos de la mendocinidad no necesitaron nacer en esta provincia. Pero no se les cuestiona ese “defecto” de origen. Jorge Sosa fue un santafesino más mendocino que la sopaipilla con arrope. Luego, la consultora Martha Reale me explicó que probablemente José Octavio “Pilo” Bordón -otro santafesino-, fue quien mejor expresó la mendocinidad desde la política. “Fue el prototipo” dijo.

Oasis versus desierto

Jaime Correas fue muchos años director de Diario Uno. Multipremiado escritor y periodista, educador, ex Director General de Escuelas en la primera gestión de Alfredo Cornejo, indagador y curioso incansable, miembro de la Academia Argentina de Letras.

Es de los exponentes culturales que comprende la mendocinidad en toda su dimensión. “Es el oasis resistiendo el desierto” me dijo. Lo escribió en unos párrafos deliciosos cuando fue ingresado a la Academia, donde también estuvo Antonio Di Benedetto: “Mendoza es la laboriosa creación de un oasis extraordinario enclavado en el desierto. O al menos los mendocinos nos convencemos cada tanto de esa condición para no dejarnos vencer por el desánimo ante la adversidad. Tenemos de vez en cuando la sensación de estar dando una batalla inútil, destinada al fracaso. Pero perseveramos. Habitamos un oasis que requiere de gestos de reafirmación porque el desierto voraz avanza sin dar cuartel. Y hay que detenerlo. Tenemos una tarea: cada uno de los habitantes debe cumplir un papel, acorralados entre la piedra infinita de la cordillera de los Andes y la inmensidad de una llanura que remata en la distante abundancia de la pampa húmeda y el puerto. Para cumplir esa misión debemos convencernos de habitar un lugar único, donde suceden hechos inauditos. Es un mecanismo de subsistencia….”

No creo que haya mejor definición de la mendocinidad. Hablando con él de este tema, respondió a mis dudas con una pregunta:

-¿Vos escuchaste alguna vez a Jorge Sosa o Pilo Bordón decir que no son mendocinos?

Y parece que ese es un pecado que cometo seguido, porque persevero en mis intenciones: Soy un ciudadano de Mendoza, que disfruta del privilegio de vivir en esta provincia y de sentirme amante y parte de todo lo mendocino, de su institucionalidad y libertad, de su vino y de su gente. De su montaña y sus paisajes. Pero que no quiere renunciar a su origen patagónico. ¿Por qué no puedo tener doble nacionalidad? ¿eh?

Porque Mendoza abraza y ama, pero exige exclusividad.

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La Expo Vea de este año. Muchas empresas tienen una agenda vendimial intensa.

En aquel escrito de Jaime Correas a la Academia de Letras citó a Dardo Pérez Guilhou, sobre el carácter de los mendocinos: “El mendocino por naturaleza, ha sido y es, fundamentalmente, un empírico que confía en su prudencia para resolver toda clase de problemas. Por cierto que este empirismo no constituye un puro oportunismo inmoral. Por el contrario, sujeta su conducta a grandes principios guiadores, pero siempre rehúye a lo exageradamente ideológico o reglamentarista. Su pragmatismo le enseña que, con pocas normas fundamentales, que respondan a buenos principios, nunca demasiado revolucionarios, puede desarrollar seguro su accionar, y, en los casos poco claros, la buena y circunstancial conveniencia lo guiará para deslindar lo complicado…”

Hay estudios sobre mendocinidad

Otra vez… ¿Qué es la mendocinidad? ¿Se puede medir? ¿Por qué en determinados ámbitos es una condición exigible, aunque Mendoza se haya transformado en cosmopolita, ecuménica y universal?

Martha Reale, de Reale Dalla Torre, lo tiene estudiado y medido a través de diversos estudios de focus group. Porque entérense: la mendocinidad es tema para las empresas e inversores que se instalan en esta provincia. A veces, es factor crítico de éxito o de fracaso.

Dice Martha, sobre la base de estudios cualitativos propios: “la mendocinidad es el conjunto de valores, actitudes y sentimientos que caracterizan la identidad de los mendocinos. Se basa en tres ejes fundamentales: orgullo territorial, sentido de progreso y apego a las tradiciones”. Claro, desde ese punto de vista, meterse con la Fiesta de la Vendimia podría no resultar saludable.

En un breve texto, la consultora compartió algunas reflexiones sobre la mendocinidad:

  • El mendocino medio ha valorado históricamente la infraestructura, la modernidad y el desarrollo educativo y productivo de la provincia.
  • Existe un fuerte apego emocional a la provincia, lo que genera una reacción negativa cuando se critica algún aspecto de Mendoza. Se irritan si perciben que su imagen de progreso está en riesgo.
  • La Fiesta Nacional de la Vendimia es el mayor reflejo de este sentimiento: representa el esfuerzo colectivo, la proyección de Mendoza al mundo y la reafirmación de su identidad año tras año.
Vendimia 2025 - back de artistas - Acto Central - ensayo general - Victoria "Vichi" Palero es música (viola) y teje al crochet en los intervalos

Una de las intérpretes de la orquesta teje crochet en los interludios que le deja el ensayo.

A modo de conclusión, Martha Reale dice que la mendocinidad “es un sentimiento de orgullo por la provincia, su desarrollo y su imagen nacional e internacional, acompañado de una fuerte defensa de su identidad cultural. Se construye en la idea de que Mendoza es un lugar mejor organizado y más próspero que el resto del país, y encuentra en la Fiesta de la Vendimia su máxima expresión de identidad y pertenencia…”

Mejor, quedarse en el molde. Pero la verdad es que justamente los moldes nunca me vinieron bien.

Mendocinos y foráneos

Mendoza me ha halagado, cuidado, mimado y premiado de una manera enorme e indulgente. Aquí me rehice, construí una carrera profesional que me llevó a dirigir los destinos de medios muy importantes… Ahora mismo me toca gerenciar Radio Nihuil, además de escribir semanalmente en Diario Uno, o tomar contacto a mano limpia con la audiencia de Mendoza todos los días a las 10:00 de la mañana. Mi esposa Gabriela Moreno es más mendocina que el dulce de alcayota, y mi hijo menor vive y se educa en esta provincia. La mayoría de mis mejores amigos son mendocinos.

No me alcanzaría una vida para expresar agradecimiento suficiente a Mendoza y los mendocinos.

Jaime Correas escribió que los foráneos, si nos vamos, terminamos llevando el carácter mendocino impreso en el alma. Así de potente es esta provincia. Puede que tenga razón.

En estos 27 años me ha tocado dar peleas muy duras, a brazo partido. Un camino que recorrimos todos los que vinimos a esta provincia y elegimos vivir y quedarnos aquí, cautivados por el oasis, el vino, el sol, la gente, y la montaña. Enamorados para siempre. Desde el corazón… ¿Qué es la mendocinidad? Es única y mágica. No se me ocurre otra definición.

Ahora, por ese amor incondicional de los que vinimos, el trabajo par a par y el transcurso complejo del tiempo, es que nos hemos ganado el derecho a discutir. Entre otros asuntos, la Fiesta de la Vendimia, o la utilidad de seguir eligiendo reinas de cartón. ¿Por qué no? ¿O nuestra palabra no vale?

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Tiempo de cosecha.

La mendocinidad no es transferible. El fallecido empresario Raúl Juan Pedro Moneta pudo haber sido el máximo ejemplo de ello. El Banco Mendoza se liquidó y no le quedó debiendo un peso a nadie. Pero los mendocinos no van a exculpar jamás al banquero de los caballos que quiso “mendocinizarse” y no pudo. Porque la privatización primero y la caída y liquidación del banco después significaron una grieta feroz e imperdonable en el muro prolijo de la mendocinidad.

Mendocinidad es orgullo. Es única y propia de la gente de esta tierra y de algunos adoptivos dilectos. Pero atención, porque los “mendocinistas” estamos aquí. Vamos en aumento con derecho a la acción y la opinión. Así es que ya denme la licencia, carajo. Y basta de discusión. Que me lo he ganado, y todos en paz.

Por un objetivo común de nacidos y criados, de los prófugos y escapados, de los que vinimos y nos quedamos, para lograr esa cosa única que Mendoza puede: hacer lo extraordinario.

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