Análisis y opinión

El último año del secundario: el tiempo vuela y las decisiones apremian

Aunque la secundaria tiene por finalidad habilitarlos para el ejercicio pleno de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación de estudios, también la familia debería poder participar y acompañar este proceso

Terminó la tercera semana de clases. Los chicos del último año del secundario planifican y organizan la presentación de los buzos y remeras de la promoción. Sin embargo, no todo es diversión. Para muchos ya comenzó a palpitar un interrogante. ¿Ahora qué? Se viene la recta final de la trayectoria educativa y empieza un proceso crucial. Cada cual irá tomando conciencia de que terminar esta etapa implica posicionarse de modo individual de cara al futuro.

Cuando los adolescentes y jóvenes tienen que tomar decisiones acerca de su incorporación al mercado laboral, la elección de un curso de capacitación ocupacional o una carrera para su formación profesional, nunca faltan los miedos, la sensación de incertidumbre, y en algunos casos, el peso de las expectativas que los demás depositan en ellos.

Pensar, planificar y organizar un proyecto de vida es complejo. Los chicos, muchas veces se plantean objetivos, pero desconocen los procesos y recursos necesarios para concretarlos y alcanzar sus metas. Y, aunque la escuela secundaria tiene por finalidad habilitarlos para el ejercicio pleno de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación de estudios, también la familia debería poder participar y acompañar este proceso.

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Cada cual irá tomando conciencia de que terminar esta etapa implica posicionarse de modo individual de cara al futuro.

Cada cual irá tomando conciencia de que terminar esta etapa implica posicionarse de modo individual de cara al futuro.

Pero, los grandes ¿cómo podemos integrarnos en esta fase de su desarrollo personal? Ante todo, hay tener en cuenta una serie de cuestiones que son importantes, para escucharlos empáticamente, dialogar al respecto y generar un clima de confianza.

Tenemos que saber que, el mejor punto de partida para tomar decisiones es el autoconocimiento, es decir, todo aquello que está relacionado con el reconocimiento de las capacidades, los intereses y los valores personales. Por eso, las metas y los objetivos que los chicos se propongan, deben ser coherentes con cualidades que tienen o quieren desarrollar, los intereses que los motivan y los valores que no están dispuestos a declinar en su visión de la vida. En este sentido, si queremos apoyarlos en esta transición, tenemos que ayudarlos a reconocer y valorar sus cualidades individuales, antes que poner a consideración grandes temas como: ¿Qué te gustaría estudiar? ¿Vas a buscar trabajo?

Asimismo, para que puedan establecer sus objetivos con una perspectiva realista, hay que poner a consideración de modo claro, los recursos disponibles y los condicionamientos del contexto familiar.

Después viene la etapa de explorar alternativas de capacitación, estudio y trabajo. Y, dado que no hay concreción sin plan de acción, para evitar que esas metas y objetivos queden en el abandono o se vivan como una realidad inalcanzable, hay que planificar.

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Para que los chicos puedan establecer sus objetivos con una perspectiva realista, hay que poner a consideración de modo claro, los recursos disponibles y los condicionamientos del contexto familiar.

Para que los chicos puedan establecer sus objetivos con una perspectiva realista, hay que poner a consideración de modo claro, los recursos disponibles y los condicionamientos del contexto familiar.

Toda planificación tiene pasos. Y, en este caso, el orden de los factores sí altera el producto. Por lo tanto, el primer paso es promover el egreso efectivo del nivel secundario.

Finalmente, dado que se trata de un proceso de deliberación y maduración que comienza en un ciclo lectivo que aún no ha terminado, es probable que haya revisiones, ajustes y cambios. No nos asustemos y tengamos paciencia por sus tiempos individuales.

Demás están los juicios de valor, que expresan el sistema de creencias de quienes los emiten, más que de la realidad objetivamente evaluada. Cultivar una actitud receptiva y de escucha activa, evita condicionar las decisiones que puedan tomar.

Algunos adolescentes pueden necesitar asesoramiento profesional que les brinde orientación vocacional u ocupacional. Interpretar esta necesidad como algo negativo, no suma, si lo que queremos es crear un clima de comunicación fluida.

El proceso que realizan los adolescentes al proyectar aquello que desean hacer, quieren tener, y ambicionan ser, forma parte de la necesidad humana de dar sentido a la vida.

Menudo contraste, si pensamos que hasta hace poco preocupaban los riesgos de una noche con posibles desbordes antes del último primer día. Corre sin pausa el último año de la escuela y ahora nos toca ocuparnos de comprometerlos a pensar en el futuro como algo que les pertenece. Por eso, también nosotros tendremos que hacer una transición de la educación vista como cuidado, protección y nutrición, a la educación entendida como liderazgo de las capacidades de nuestros hijos.