La mayor parte de las escuelas económicas (por no decir casi todas salvo la Escuela Austríaca de Economía y ni hablar de las ideologías) han denostado y/o ignorado uno de los conceptos más vitales de la economía: el capital.
Desde las visiones marxistas, de tinte más ideológico, hasta escuelas económicas, como es el caso de neoclásicos, keynesianos, monetaristas, se han dedicado a colocar al capital en un lugar diabólico, las primeras, o directamente lo han ignorado, en general por desconocimiento y/o por carencia de una teoría del capital.
Cuando algo no se comprende lo mejor es ignorarlo, como si no existiera. Keynes por ejemplo directamente lo pasó por alto. En el caso de los neoclásicos, y para ello utilizamos a Pareto, lo asumen como un elemento dado y estático. La Escuela Austríaca, en cambio, ha dedicado buena parte de su literatura al tema, ya que lo considera algo fundamental en el funcionamiento de la economía. Desde Menger, pasando por Böhm-Bawerk, Mises, Hayek, Rothbard, hasta llegar a alguien que le dedicó su obra magna Tiempo y Dinero, el profesor Roger Garrison, quien elaboró una teoría macroeconómica basada en el capital, a diferencia del resto que están basadas en el trabajo, lo que deja de lado al capital obviamente. Nobleza obliga, deberíamos agregar al profesor Huerta de Soto y su teoría de la Eficiencia Dinámica, que toca también el concepto de capital.
Definición correcta de capital según Roger Garrison (que es la realidad de lo que sucede en la economía y en el mercado), el capital sería una estructura intertemporal que posee diversas etapas de producción y conformación hasta que desemboca en el producto final que recibe el consumidor también final. No es algo como un bloque dado, es algo que se va produciendo y acumulando a lo largo del tiempo. Y para que ese proceso de producción y acumulación sea virtuoso y eficiente, es imprescindible que los precios reflejen oferta y demanda sin ningún tipo de intervención del Estado, ya que, en ese caso cambiarán los incentivos y las preferencias temporales, generando despilfarro de recursos; algo que es escaso. Cualquier distorsión en precios, tasas de interés, incluso violaciones al derecho de propiedad, hará que este proceso casi quirúrgico se altere. Supongamos un negocio simple de venta de panchos. Se necesitó acumular capital para la construcción del local, para la provisión de gas, de energía, de agua, para la producción de carne, de tripas, de pan, de condimentos, para el armado de pancheras, para el papel con el que se envuelve, sillas, mesas, etc. Todo ha estado interconectado por medio del sistema de precios y tasas de interés, para llegar al pancho que compra un consumidor final.
Como sabemos, la economía funciona desde el lado de la oferta y no desde la demanda. Es la oferta de valor agregado de mis clases la que me permite luego poder comprar un pancho, y a su vez es la oferta de valor agregado de quien vende panchos la que le permite poder comprar leche, etc. La demanda es simplemente el puente por donde transitan las distintas ofertas de valor. En una economía donde no hay nada, nadie podría comprar nada, como creen los keynesianos sobre todo.
Por ello, los incentivos adecuados y la interconexión entre las preferencias temporales, son los instrumentos que permiten que los recursos sean asignados a donde oferta y demanda lo digan. Si los precios y las tasas de interés son alterados, la asignación cambia de lugar y se traslada desde donde iba a ser asignada en un mercado sin intervención a otro lugar totalmente distinto.
En nuestro ejemplo, si la combinación de oferta y demanda, había establecido que se destine recursos a todo el proceso de producción y acumulación mencionado hasta llegar al pancho, y el gobierno altera este proceso por ejemplo bajando la tasa de interés que el mercado había establecido; se genera una alteración en la toma de decisiones. Cuando un gobierno toma medidas de política económica que implica bajar la tasa de interés desde aquella que el mercado había fijado libremente, los incentivos cambian al igual que el proceso de acumulación.
En una economía que funciona libremente, la tasa de interés de largo plazo es más alta que la de corto plazo por una simple razón, las personas prefieren liquidez, es decir, por esperar pedirán una compensación mayor. Si la compensación es aceptada, los agentes económicos dejan el dinero inmovilizado más tiempo, esto a su vez permite que las inversiones que requieren más tiempo (gas, energía, minería), accedan a una mayor cantidad de recursos y por más tiempo. En el preciso instante que un gobierno baja esa tasa, los agentes económicos no estarán dispuestos a esperar porque la compensación es baja (a mayor plazo menos tasa), haciendo que coloquen dinero en el corto plazo o directamente decidan gastarlo al instante. Ya sea un caso o en otro, el mensaje es que los recursos de capital deben ser asignados a inversiones cortas (bienes de consumo final o denominado hoy “consumo masivo”).
El problema crónico de Argentina: poca inversión y mucho gasto
La economía argentina viene teniendo desde hace muchos años (100 años profundizado en los últimos 25) muy baja inversión. Todos los gobiernos han realizado políticas económicas que han incentivado el gasto. Cuando no se mete y deja que la economía funcione libremente, incluso hasta el gasto pasa a ser eficiente, porque estará determinado por valor agregado de cada oferta, y no por un incentivo a que los agentes económicos demanden simplemente. Todos los programas de “ahora 12”, préstamos subsidiados, y similares, alteran la preferencia temporal, es decir, incentivan a consumir ahora y/o a colocar dinero en el corto plazo, y desincentivan a que se coloquen a largo plazo.
Esto a su vez genera incentivos equivocados porque al bajar la tasa de interés artificialmente, los agentes económicos suponen que el ahorro ha aumentado (única causa sana de una baja en la tasa de interés) y se largan a realizar inversiones de corto plazo (ponerse negocios de venta de panchos), haciendo que los recursos para las inversiones de largo plazo (energía, gas, pancheras, locales, etc.) se reduzcan. Hasta que llega un punto que hay tantos locales de venta de panchos que no pueden producir y vender panchos porque se corta la luz, el gas, el alquiler de locales sube mucho y deben comenzar a cerrarse.
Lo que hoy se está produciendo en Argentina, es un proceso de saneamiento precisamente, para que las inversiones se vuelquen al largo plazo y luego lleguen a las de corto plazo, pero como lógica consecuencia de ofertas con valor agregado y no por incentivos artificiales a la demanda. Esto obviamente genera que, quienes tenían un trabajo en una panchería, en una fábrica de pancheras, de condimentos (donde su oferta no agrega valor), deban trasladarse a trabajar (ofrecer agregado de valor) en otros lugares de inversión de capital de largo plazo. Estos procesos de saneamiento son tan lentos como el Congreso, la Justicia y los gobernadores e intendentes lo determinen, al trabar/ralentizar el proceso con leyes, normativas, impuestos, tasas municipales, etc.
Si queremos hilar bien fino, podemos decir sin lugar a equivocarnos que si le sacamos el “velo monetario” a la economía (como decían clásicos como Adam Smith, Ricardo, etc.), lo que hay detrás es intercambio de bienes y servicios por otros bienes y servicios. Si vamos más atrás, intercambio de derechos de propiedad por otros derechos de propiedad. Y más fino aún, intercambios de una forma de capital (mis conocimientos en clases) por otra forma de capital (capital en forma de panchos).
No hay nada estático ni en bloque como cree el mainstream económico. El capital es una estructura intertemporal. Elon Musk dice que la riqueza tiene un límite en donde, deja de ser consumo y pasa a ser asignación de capital, obviamente de manera subjetiva. En realidad, siempre es asignación de capital. Mis conocimientos de economía, que los brindo en forma de clases, son capital acumulado a lo largo del tiempo.
Si el mercado le parece que agrega valor, lo adquiere. ¿Con qué? Con capital también pero que tiene otro formato, por ejemplo capital con forma de panchos, que fue generado y acumulado a lo largo del tiempo (luz, gas, local, pancheras, etc.). El salario/honorario/precio es en definitiva, la renta de mi capital.
El capital es la clave de la economía, su seguridad y protección mediante el derecho de propiedad privada, es fundamental para que los agentes económicos tengan incentivos a generarlo y acumularlo, es decir, tengan incentivos a esperar y no consumirlo generando ciclos de recesión y auge artificial. Como decía precisamente Roger Garrison: “Los ciclos económicos no son una falla endógena del mercado, sino una falla exógenamente provocada por los gobiernos al intervenir en la economía”.






