Entrevista

Gracias a rescatar el origen del vino, Facundo Impagliazzo es el "Viticultor del Año" para Tim Atkin

El cofundador de la bodega Raquis analiza la distinción que le dio Tim Atkin y el irreversible cambio de paradigma hacia la identidad del terroir en el vino

En su reciente Argentina Special Report 2026, el influyente crítico y master of wine británico Tim Atkin no solo cató una cifra récord de 1615 etiquetas de vino sino que sacudió los cimientos tradicionales de la industria al consagrar en el podio de su lista a un viticultor mendocino que se enfoca en la tierra antes que en el varietal.

Entre nombres de peso como Pablo Cúneo (Enólogo del Año), Bodega Salentein (Bodega del Año), Laura Principiano (Enóloga Joven del Año), Santiago Achával (Leyenda de la Enología) y Santiago Vignoni (Estrella Emergente) se encuentra Facundo Impagliazzo, cofundador de la bodega Raquis, como el Viticultor del Año 2026.

Facundo Impagliazzo tiene 40 años, es ingeniero agrónomo y desde que se recibió en 2008 que se dedica a la viticultura.

Facundo Impagliazzo tiene 40 años, es ingeniero agrónomo y desde que se recibió en 2008 que se dedica a la viticultura.

Las luces de la industria del vino y los galardones internacionales suelen estar reservados para los enólogos o para agrónomos que ejercen roles directos en la bodega.

Que un crítico de la talla y trayectoria de Tim Atkin decida -de un tiempo a esta parte- colocar en la cumbre a un viticultor neto -un hombre que pasa sus días pateando la tierra, descifrando el suelo de montaña y diseñando parcelas bajo condiciones extremas- es el reconocimiento de que el vino de nivel mundial nace en el íntimo entramado que se da entre la planta, el suelo, el clima y la sensibilidad de quien maneja el viñedo.

Un salto innovador para el mercado local del vino

Tras una década de aprendizaje como gerente de viñedos en la bodega Viña Cobos bajo la escuela de precisión del norteamericano Paul Hobbs, Facundo Impagliazzo (40) decidió en 2020 patear el tablero de la relación de dependencia.

Junto al enólogo Andrés "Mono" Vignoni y al gerente e ingeniero industrial Ariel Núñez Porolli -también excompañeros de Viña Cobos-, dio vida a Raquis.

Ariel Nuñez Porolli, Andrés Vignoni y Facundo Impagliazzo fundaron hace 5 años la bodega Raquis.

Ariel Nuñez Porolli, Andrés Vignoni y Facundo Impagliazzo fundaron hace 5 años la bodega Raquis.

El proyecto, cuyo nombre alude tanto a la palabra griega que significa "columna vertebral" como al escobajo o raspón del racimo, nació con la premisa de erradicar por completo los nombres de los varietales de sus etiquetas para hablar, única y exclusivamente, del origen, la añada y el paisaje de donde provienen sus uvas.

Facundo Impagliazzo repasa con Diario UNO su historia, desmenuza las sutilezas técnicas de las fincas que hoy lo desvelan, analiza los desafíos comerciales para que la palabra "Malbec" deje de encasillar al vino mendocino, y detalla cómo fue el momento exacto en que Tim Atkin le pidió ir a conocer a primerísima hora de la mañana una finca en Los Chacayes que todavía no tenía una sola planta en el suelo pero cuyo concepto técnico le terminó "volando la cabeza" al crítico inglés.

Premio con identidad en una industria del vino "encorsetada"

-Los premios internacionales generalmente recaen sobre el vino como producto o sobre el enólogo. ¿Qué significa recibir este galardón personal siendo viticultor?

-Es el primer reconocimiento que recibo de forma personal, porque en el mundo del vino cuando te puntúan con 100 puntos y te dan premios siempre es al vino más que a las personas. He recibido premios cuando trabajaba en la bodega Viña Cobos, pero así, de forma personal, no. Tampoco hay muchos premios personales para agrónomos. Normalmente las distinciones son para el que está a cargo de la bodega, que en la gran mayoría son enólogos o agrónomos que cumplen funciones de enólogos.

Tim Atkin es uno de los pocos críticos, si no el único en el circuito internacional, que premia el rol de los viticultores, poniendo el foco sobre el trabajo que hacemos en el campo, que es donde se gesta la materia prima y la identidad de lo que después llega a la copa.

Una vez más, el reporte de Tim Atkin para la Argentina está repleto de talentos del vino mendocino.

Una vez más, el reporte de Tim Atkin para la Argentina está repleto de talentos del vino mendocino.

-Ese arraigo con la tierra parece venir de lejos en tu historia, aunque en tu casa directa las profesiones iban por otro camino. ¿Cómo fue tu infancia y de dónde nace este vínculo con el viñedo?

-Soy mendocino, de familia de viticultores, salvo un par de generaciones porque mi viejo era abogado y mi vieja es bioquímica. Pero mi familia históricamente tuvo viñedos de Malbec en Maipú o en Vistalba. Mi bisabuelo, que vino de Italia, fue tonelero.

Siempre me gustó la naturaleza. Hice la Secundaria en el Liceo Agrícola de la UNCuyo, por lo que ya desde la adolescencia venía perfilando para este lado. Fue una elección natural estudiar para ingeniero agrónomo, lo elegí sin pensarlo. Mendoza es viña y tiene tanta historia que, de una u otra forma, todo el mundo está relacionado con la uva, la bodega y los paisajes.

-¿Cómo fueron tus primeros pasos en la industria del vino?

-Me recibí en 2008 y desde ese momento me dedico de lleno a la viticultura. Empecé en una bodega chiquita y a las dos temporadas di el salto a Viña Cobos. Ingresé como trabajador temporal, de soldado raso en el campo, y con los años fui creciendo. Mi escuela fue con Paul Hobbs, una experiencia hermosísima de precisión, de técnica extrema y también de saber entender los lugares. Pasé 10 años ahí y llegué a ser el Director de Viñedos.

Esa etapa me dio la oportunidad de trabajar también en Nueva York, en California y en Galicia. Toda esa experiencia me abrió la cabeza para entender cómo se trabaja la viticultura en distintas partes del mundo, manejando variables climáticas y geológicas muy diversas.

El viaje a la pureza del terroir expresado en una copa de vino

-¿Cómo nació Raquis y qué buscan aportar a la vitivinicultura argentina?

-En el 2020 empezamos con este proyecto que fundamos tres ex Viña Cobos: Andrés Vignoni, el enólogo; Ariel Núñez Porolli, gerente e ingeniero industrial; y yo. Los tres armamos Raquis como un proyecto de vida, un desafío a muy largo plazo que vamos gestando de a poquito, con paciencia.

Nuestra primera cosecha fue la de 2021 y recién en el 2023 salimos con los primeros vinos al mercado. Tener este tipo de reconocimientos tan tempranos nos llena de satisfacción y nos confirma que la visión que tuvimos al inicio era la correcta.

-La propuesta de Raquis se planta dentro de una corriente que prioriza los paisajes por sobre la clasificación tradicional por uvas. ¿Por qué tomaron la decisión de no poner el nombre del varietal en ninguna de sus etiquetas?

-Fue una decisión que tomamos conscientemente después de muchas charlas, reflexiones y varios vinos de por medio. Creemos que el origen del vino es lo más estable en el tiempo y lo que hace elevar a los vinos argentinos a competir en los mismos términos que los grandes vinos del Viejo Mundo.

En Europa llevan 2.000 años de prueba y error, y van adaptando las variedades y las formas de cultivo a cada realidad geográfica. Acá en Argentina entender eso era una deuda pendiente. Necesitás que la industria madure y vaya comprendiendo que no es todo Malbec, o que no es siempre el mismo perfil de Malbec.

Los vinos de Raquis no especifican su varietal sino su origen, su terroir.

Los vinos de Raquis no especifican su varietal sino su origen, su terroir.

Hay que entender los lugares a fondo, generar un perfil de vino que sea propio del lugar, que tenga su identidad, y empezar a comunicar eso.

Buscamos que Raquis hable de los lugares y no tanto de los varietales. No ponemos en la etiqueta el nombre de la uva, no decimos qué varietal tiene; sólo colocamos el lugar de donde proviene y la añada. Lo hacemos para reforzar la idea de hablar de la identidad de las regiones por sobre la forma de vinificación o cualquier otra característica técnica.

La jugada de eliminar el varietal del vino de la etiqueta

-En un mercado acostumbrado a pedir "un Malbec" o "un Cabernet", esto suena a una jugada arriesgada. ¿Cómo reaccionó el mercado y cómo lo procesa el consumidor?

-Sabíamos que representaba un desafío comercial importante, porque implica educar y proponer un cambio de paradigma. Sin embargo, hoy vemos esa decisión como una de nuestras herramientas más potentes a la hora de comunicar nuestros vinos y, sobre todo, de ingresar a los mercados internacionales.

Fuimos la primera bodega argentina cuyo portfolio está basado al 100% en este concepto del lugar de origen de nuestros vinos. Afuera, el consumidor de alta gama se cansó un poco del perfil uniforme del Malbec argentino tradicional; muchas veces no podíamos lograr que nos sacaran de esa casilla preestablecida.

Cuando fuimos a Estados Unidos, la propuesta despertó interés. No estábamos yendo a venderles "otro Malbec argentino" sino que les estábamos mostrando una zona particular de Argentina con toda su complejidad. El varietal que tiene adentro el vino obviamente va a ser Malbec, porque el Malbec representa a nuestro país, a Mendoza y es el componente principal. Pero no es necesariamente el único componente, ni es necesariamente igual todos los años.

Lo que comunicamos en la etiqueta es Gualtallary, Altamira, Los Chacayes o San Pablo... Cada uno de estos parajes tiene una identidad de terroir tan marcada que el mercado internacional recibe la propuesta como un aire nuevo para la industria del vino de Mendoza y de nuestro país.

La diversidad extrema de los suelos y la obsesión por la montaña

-Además de Raquis, sos asesor de proyectos en zonas muy diversas de la Argentina. ¿Qué te aporta salir de las fronteras de Mendoza?

-El hecho de no trabajar en relación de dependencia me dio la libertad de empezar a asesorar proyectos que me apasionan fuera de Mendoza, y eso me permite estar con la cabeza abierta. Asesoro emprendimientos vitícolas en la Quebrada de Humahuaca en Jujuy, en Alta Gracia en Córdoba, y en la Patagonia, en la Comarca Andina entre Río Negro y Chubut.

El viticultor mendocino además asesora emprendimientos de vino en diferentes regiones del país.

El viticultor mendocino además asesora emprendimientos de vino en diferentes regiones del país.

Si hay algo que me apasiona de este cultivo es que, como ingeniero agrónomo, podés dedicarte a un montón de cultivos pero no hay ninguno como la vid. La vid tiene tantas sutilezas que después se traducen de forma directa y milimétrica en una copa de vino.

Cuando trabajás con soja, con frutales o con cualquier otro cultivo, el producto final no es tan sensible al lugar específico ni a las decisiones diarias que uno toma en el campo. Pero la viña es noble y sensible en ese sentido: representa fielmente los lugares donde se origina y se cultiva.

-¿Cómo definirías esa correlación entre el territorio y lo que finalmente se expresa en la copa?

-El terroir está compuesto por la planta en sí, que funciona como una traductora de todo lo que le pasa a través del suelo, sus características geológicas, físicas, químicas, topográficas. A eso se le suma el clima, que cambia todos los años y te va mostrando distintas manchas climáticas. Y por sobre todo está la mano del hombre que se encarga de interpretar y llevar la viña a buen puerto en ese contexto específico.

Por eso podés probar dos Malbec de zonas que están muy cerquita en el Valle de Uco y te vas a encontrar con dos realidades sensoriales distintas. O podés irte a los extremos del mapa y probar un Cabernet o una Garnacha de la Quebrada de Humahuaca con sus condiciones de altura y sol, y compararlo con un Pinot Noir de la Patagonia que viene de un clima frío y húmedo donde lo único que llega a madurar son las variedades de ciclos cortos.

Tenemos un país tan vasto y hermoso en sus características que el vino se convierte en el gran vehículo para mostrar esa diversidad al mundo. Tenemos un país tan vasto y hermoso en sus características que el vino se convierte en el gran vehículo para mostrar esa diversidad al mundo.

El pulso de Tim Atkin y la caminata al amanecer por Los Chacayes

-Tim Atkin ha seguido de cerca el proyecto de Raquis desde sus orígenes. ¿Cómo fue construyéndose esa relación?

-Él es un crítico que, por su nivel de compromiso, es casi más argentino que inglés. Viene desde hace 30 años o más a la Argentina, todos los años se interesa tanto por proyectos minúsculos como masivos, y ha ido siguiendo el pulso de la viticultura argentina.

Entiende lo que uno le propone conceptualmente porque conoce los lugares al detalle, camina las fincas y entiende los vinos que venimos haciendo a lo largo del tiempo. Maneja muchísima información técnica para tomar sus decisiones y otorgar sus puntajes. Nos sirve muchísimo que venga alguien externo con esa autoridad, nos dé su opinión, valide las cosas en las que creemos. Nos da un empujón enorme.

Vignoni, Nuñez Porolli e Impagliazzo trabajaron juntos en Viña Cobos y en 2020 decidieron fundar su propia bodega.

Vignoni, Nuñez Porolli e Impagliazzo trabajaron juntos en Viña Cobos y en 2020 decidieron fundar su propia bodega.

Se interesó desde el primer minuto por Raquis, incluso cuando ni siquiera teníamos vinos listos para presentarle. La primera vez fue una charla con un café de por medio para comentarle la filosofía de lo que estábamos armando. Los años siguientes le fuimos presentando las primeras añadas.

Este año le comentamos un proyecto nuevo que estamos encarando en Los Chacayes, Tunuyán. Es una finca preciosa a nivel técnico y vitícola, súper alta, un lugar con un suelo fantástico, cerquita del Manzano Histórico. Estábamos en la bodega probando vinos y, si bien no estaba programado en su agenda ir al campo porque sus tiempos están cronometrados, él insistió en que quería ir a la finca. Todavía no se había plantado nada, era suelo virgen. Pero estaba tan interesado que lo llevamos un día, antes de que empezara con su recorrida por las bodegas.

Fuimos al amanecer, caminamos el suelo y el lugar le voló la cabeza. Creo que este premio de Viticultor del Año es también un reconocimiento a esa visión compartida de ir empujando constantemente a Mendoza hacia nuevas fronteras en términos de lugares, de vinos y de conceptos.

Todos los vinos que se vienen en nuestro proyecto de acá a los próximos 10 o 15 años van a tener una influencia directa de estas nuevas fincas de montaña. Todos los vinos que se vienen en nuestro proyecto de acá a los próximos 10 o 15 años van a tener una influencia directa de estas nuevas fincas de montaña.

La sintonía fina a la hora de patear el tablero con un vino nuevo

-¿Cómo funciona la dinámica interna en Raquis entre la viticultura y la enología?

-Es fundamental que los equipos estén integrados por gente que se complemente. Con el "Mono" Vignoni trabajamos juntos desde hace más de 15 años, nos complementamos muy bien, somos muy amigos, hemos hecho muchísimos kilómetros en camioneta juntos y hemos hecho de psicólogos el uno del otro.

En términos técnicos, productivos y comerciales, con Ariel Núñez Porolli y con Francisco Cortez Lepis -que es un comercial que se sumó el año pasado- tenemos las cuatro patas de la mesa aseguradas y firmes. Que la conexión entre la viticultura y la enología esté integrada, sin fisuras, es una de las claves para lograr vinos de alta calidad.

Hay muchos proyectos donde el viticultor es el mismo enólogo, entonces toda la cadena de decisiones está integrada en una misma mente. En nuestro caso, los roles están distribuidos: yo estoy 100% a cargo de la viña y soy el responsable de todo lo que le pasa a la uva en el campo, y Andrés es un talento increíble adentro de la bodega. Pero eso no significa que llega la uva a la bodega y yo me desentiendo de lo que pasa, o que él nunca pisa la finca. Todo lo contrario.

En esto de mostrar los lugares de origen del vino hay que conocer el territorio a fondo y entenderlo. Y para eso no queda otra que patear el viñedo todos los días. En esto de mostrar los lugares de origen del vino hay que conocer el territorio a fondo y entenderlo. Y para eso no queda otra que patear el viñedo todos los días.

El viticultor mendocino, premiado por Tim Atkin, en un paisaje de Los Chacayes.

El viticultor mendocino, premiado por Tim Atkin, en un paisaje de Los Chacayes.

Francisco Cortez Lepis hace todo en sintonía con el "Mono" porque se conocen desde chicos y han laburado siempre juntos, y yo en la finca tengo a Hugo Rosales que es encargado de viñedo y un puntal que va levantando la vara día a día en las hileras. Somos un equipo con el mismo norte y la misma cabeza. Cuando todo eso se sintoniza bien es ahí donde pasan cosas lindas y surgen los grandes vinos.

Más allá de la uva, la mirada está puesta en el vino

-¿Cómo se traduce tu mirada enológica en la práctica agrícola cuando el objetivo final es el vino y no simplemente el rendimiento del campo?

-Tengo una mirada muy enológica de la viticultura. No entro al viñedo buscando rendimiento ni busco cosechar temprano para que el trabajo de la finca sea más sencillo o menos riesgoso. Mi mirada está puesta en el perfil final del vino que queremos lograr. Eso nos lleva a tomar decisiones complejas en el campo. Por ejemplo, decidir esperar y no cosechar después de una tormenta para ver cómo termina de madurar la uva, con los riesgos que esa decisión implica en la montaña.

Nuestro objetivo es el vino, no la uva en sí misma. Como viticultor, mi mirada está siempre proyectando cómo va a quedar el vino terminado. Nuestro objetivo es el vino, no la uva en sí misma. Como viticultor, mi mirada está siempre proyectando cómo va a quedar el vino terminado.

El peso de una copa de vino de origen

De la charla con Facundo Impagliazzo se desprende una reflexión final acerca de la actualidad del vino mendocino en el mercado global.

El momento "bisagra" que provoca su distinción en la lista de Tim Atkin lleva pensar en el inicio de una nueva era donde el paisaje no se esconde detrás de una variedad y el vino de origen argentino le empieza a hablar al mundo de igual a igual a través de sus suelos, sus montañas y de la tradición agrícola que caracteriza al país.

No solo Raquis, cada vez más bodegas y emprendimientos enológicos priorizan el terroir antes que el varietal a la hora de elaborar una nueva etiqueta.

Para Facundo Impagliazzo, el vino de origen aporta más oportunidades de mercado que enfocarse en los varietales.

Para Facundo Impagliazzo, el vino de origen aporta más oportunidades de mercado que enfocarse en los varietales.

Este premio de Tim Atkin valida la noción de que el viticultor argentino hoy es un intérprete fundamental de la tierra. Complementar la tecnología de vanguardia con las técnicas de cultivo ancestrales de la vid aporta, para Facundo Impagliazzo, una identidad única en el vino.

Y el consumidor hoy está ávido por descubrir en su copa las bondades de la naturaleza y no tanto la cantidad de cepas que se dispone a beber.

Temas relacionados: