Si te olvidas lo que estabas a punto de hacer, te contamos qué significa psicológicamente

Seguro te ha pasado de tener que hacer algo y frenarte porque de repente te olvidaste lo que tenías en mente. ¿Qué significa?

Si te olvidas lo que estabas a punto de hacer, te contamos qué significa psicológicamente

Olvidarse lo que estabas por hacer es normal y además del estrés, puede ser el efecto umbral. Foto The conversation

Es muy normal que una persona esté por hacer algo e inmediatamente se quede paralizado, al no tener recordar qué acción estaba por realizar. Si bien hay algunas curiosidades respecto a este fenómeno, no siempre es una mala señal que ocurra, sino que se combinan algunos factores psicológicos y del cerebro.

Primero, para la psicología tiene una fuerte relación con el estrés. Cuando alguien tiene estrés intenso o crónico, el exceso de cortisol empieza a afectar estructuras cerebrales clave para la memoria, como el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal. Es decir, sostener la concentración y organizar esa información empieza a ser difícil incluso aunque sea con la lista del supermercado o que no te acuerdes lo que tenías que buscar en la heladera.

Además, suele pasar que cuando una persona viene pensando algo y cambia rápidamente de ambiente, por ejemplo del comedor a la cocina, el cerebro tiende a olvidar lo que estaba haciendo. Este efecto se llama para la psicología: "efecto umbral".

Al pasar de una habitación a otra nuestro cerebro asume que una función ha culminado y otra está empezando, por lo cual tendemos a olvidar cosas. Foto Canva

Al cambiar de lugar, el cerebro interpreta que has terminado una función y empieza otra. Tu memoria se reorganiza y parte de la información previa se vuelve inaccesible. Es como si en el teatro comenzara una nueva escena, con nuevo decorado, y el guion anterior se archivara en un cajón, tu mente funciona igual.

Pero tranquilo/a. Afortunadamente, estos olvidos cotidianos y "menores" no significan ningún deterioro al que haya que estar atentos, pues afectan por igual a jóvenes y mayores. Esto quiere decir que es un efecto secundario de cómo nuestra mente organiza la experiencia, y no una señal de alarma ante una posible demencia.

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