La mendocina Agustina Irusta vivió este jueves junto a su familia un día histórico sobre todo para el mundo católico: la asunción de Robert Prevost, quien asumió como papa León XIV en el Vaticano. Lo que vino después fue una corrida, una marea humana y una emoción difícil de olvidar.
La crónica de una familia que por azar vivió en directo la proclamación del papa León XIV
Agustina Irusta estaba con su familia en la ciudad eterna cuando las campanas comenzaron a sonar. "Vivimos una marea humana", relató

Agustina Irusta junto a su esposo Marcelo y sus hijos Juan Manuel y Emma, en plena asunción del papa León XIV.
Gentileza“Fue una experiencia hermosa, única, y la vivimos desde el corazón de la Plaza de San Pedro. Todo el mundo estaba allí, la ciudad se paró, o al menos eso vi”, relató emocionada.
La emoción al sentir las campanas de todas las iglesias de Roma
“Empezaron a sonar las campanas de todas las iglesias de Roma, bocinas… todo el mundo se dio cuenta de que algo estaba pasando. Y decidimos ir corriendo a presenciar la asunción del papa”, agregó en diálogo con Diario UNO.
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Agustina vivió nada menos que la proclamación del papa León XIV. Pero más allá del hecho histórico, lo que marcó para ella este momento fue cómo lo vivió Roma: en carne viva.
"Nos dimos cuenta que había sido elegido el papa y rápidamente fuimos a la plaza"
“Tomé el teléfono y en el Google, en la primera página, apareció el ‘habemus papam’. Así que le avisé a la familia y dijimos: ‘¡Vamos!’. No sabíamos qué hacer, si tomarnos un taxi o caminar. Y, la verdad, nos imaginamos que todo iba a estar colapsado. Pero Roma es chiquita, uno puede llegar caminando a todos lados. Así que empezamos a caminar”, recordó.
La familia venía de hacer compras y, sin pensarlo dos veces, salieron con bolsas en mano a sumarse a esa marea de gente que avanzaba decidida.
“En todas las cuadras aparecía gente, todo el mundo apurado para tratar de llegar a tiempo. Yo, mientras, iba googleando en el teléfono para ver si aparecía y con la esperanza de que el nuevo papa se demorara en salir. No había mucha información y además las señales colapsaban. Internet no funcionaba bien”, dijo Agustina.
Pero lograron llegar. "Habíamos estado este miércoles en el Vaticano, así que conocíamos bien las entradas. Y aunque la plaza estaba llena, nos metimos por un costado y logramos ubicarnos casi en la mitad. Hay muchos vallados, cortaban por varios lugares, pero estábamos bien en el centro”, agregó.
"Abrieron ventanas, colocaban banderas y tocaban bocina"
Lo que siguió fue una experiencia que no olvidarán y que marca la intensidad con la que muchos fieles viven la religión en una época que a la vez está plagada de nuevas tecnologías y aislamiento.
“La gente estaba muy motivada, abrieron las ventanas, colocaron banderas, miles de celulares filmando al mismo tiempo, miles de medios de todos los lugares. Uno se daba vuelta y veía una cámara con un micrófono, desde medios súper sofisticados hasta un cura transmitiendo solo, vaya a saber para qué congregación. Fue algo hermoso”, reflexionó.
Pero no todo fue calma. “Mis hijos querían ir más adelante. Había muchísima gente. Y en un momento dijeron: ‘Nos vamos nosotros’. Les dimos el celular y se fueron solos para adelante. Pusimos un punto de encuentro, pero la verdad es que en un momento me asusté, estábamos todos apretados, mucho calor, sol. Me puse un poco nerviosa”, relató.
Recién después de la aparición del papa y sus primeras palabras, Agustina pudo relajarse un poco. “Finalmente nos encontramos los cuatro en el punto que habíamos establecido. Me tranquilicé”, señaló.
Y si bien no sabe si volverá a vivir algo así, lo de hoy ya quedó grabado en su memoria. "Súper emocionante todo esto. Nunca esperé vivir algo así”, concluyó sobre la proclamación del papa León XIV.