¿Invasión de animales silvestres en Mendoza? Qué hay detrás de los nuevos avistamientos

Pumas en jardines, zorros habituados y jabalíes que retozan entre viñedos. La voz de lo salvaje frente a un territorio transformado

Más data: semanas atrás, un cazador entrevistado por este medio contó que había hallado un jabalí de más de 150 kilos a solo quince minutos de la ciudad. Los vecinos de Godoy Cruz y de Luján encuentran comadrejas en sus calles. Y hasta un puma apareció en un patio del barrio privado La Bastilla, en Las Heras.

¿Mendoza sufre una invasión, o somos nosotros quienes avanzamos sobre territorio ajeno?

Uno de los zorritos que vive a metros de la redacción de Diario UNO, en Las Heras.

Encuentros cercanos

No existen censos oficiales que permitan asegurar que ahora haya más zorros, pumas o comadrejas. Los avistamientos tampoco equivalen automáticamente a un crecimiento poblacional: hoy existen más barrios en el piedemonte, más personas mirando, más cámaras y más circulación de imágenes. Lo que sí puede afirmarse es que aumentaron las oportunidades de encuentro.

“Vamos a ver más encuentros porque somos nosotros los que nos estamos metiendo en el lugar donde viven ellos”, asegura la doctora Sophia Di Cataldo, veterinaria, doctora en medicina de la conservación e investigadora del Conicet.

“Hoy tenés en Mendoza zonas muy urbanizadas en medio de la montaña. Eso hace que los animales que vivían allí empiecen a buscar alimento donde pueden, porque su espacio natural está siendo ocupado por los humanos”, reflexiona.

Sophia Di Cataldo, investigadora del Conicet.

Federico Benedetti sale a cazar varias veces por semana. Es integrante de la Asociación de Caza Mayor de la provincia y a la vez se define como conservacionista: "Yo quiero que mis hijos puedan seguir cazando", justifica. Y aclara que no se trata de matar porque sí: él, por ejemplo, se centra en los jabalíes porque esa caza está permitida y además el animal -que es exótico e invasivo- genera daños económicos y ecológicos.

Según su experiencia en territorio, Benedetti interpreta que la transformación del paisaje acorrala a las especies, las obliga a desplazarse; pero algunas también aprendieron a aprovechar los recursos que hay en fincas, chacras y poblados.

El caso del jabalí es notable. “Como Mendoza es muy agreste y en ciertos momentos del año el alimento no abunda, el chancho está obligado a arrimarse a los entornos; no te digo urbanos, pero sí de chacras y viñedos. Antes los chanchos no comían uva; ahora se meten a las viñas a comer, y mucho”, sostiene.

Obsérvese el tamaño de este jabalí cazado recientemente en Mendoza. Un animal como este, con sus crías, puede consumir kilos de alimento en una sola noche.

Y jura que los animales aprenden. Algunos "descubrieron", por ejemplo, que en zonas urbanas los cazadores no disparan, porque hay personas circulando. Entonces las vizcachas han empezado a armar guaridas junto a viviendas o cerca de ellas. "O se meten en fincas que tienen seguridad privada, porque saben que ahí dentro es improbable que alguien ingrese a cazarlos", se asombra Benedetti.

Topadoras y fast food para animales silvestres

Pero los jabalíes son caso aparte, porque son exóticos. Otras especies, como los zorros, son nativas. Y entonces es el humano el que afectó y destruyó parte de su hábitat. El proceso lleva décadas y en algunos casos ya no se puede revertir.

La ciudad avanzó y durante años lo hizo al tuntún, sin plan. Los animales silvestres vieron que había basura, gatos, perros. Alimento fácil. Se fueron metiendo y modificando sus conductas, sin convertirse en domésticos pero criando una nueva generación hija del contacto entre especies.

El cazador Benedetti lamenta: “A veces la gente mete topadoras, prende fuego y se acabó todo. Los animales se quedan sin comida y empiezan a aparecer los conflictos. Entonces el puma, especialmente si está viejo, apela a un último recurso: el casco urbano. Come perros o gatos, lo que encuentre".

Susto. Un vecino encontró este puma en su patio y logró registrarlo. La Bastilla (Las Heras), julio de 2024. Cada vez más animales silvestres se acercan al casco urbano.

La científica Di Cataldo profundiza sobre este desesperado mecanismo de adaptación: “Un zorro que se acostumbra a llegar a un lugar y recibir una galleta se vuelve más confianzudo; pero pierde la capacidad de buscar por su cuenta alimento de calidad. Engorda y presenta alteraciones fisiológicas por no tener una nutrición inadecuada”.

Basurales, la comida de las mascotas, los cultivos y los vecinos que alimentan deliberadamente a los animales silvestres potencian el menú de "fast food" al que acceden los bichos.

Como contrapartida, surgen algunos riesgos. Sobre todo sanitarios. Sophia Di Cataldo explica: “A veces el contacto con el humano ni siquiera tiene que ser directo. Es un error pensar que un perro necesita encontrarse con un zorro o tocarlo para que pueda transmitirse una enfermedad: las pulgas y las garrapatas del animal silvestre caen al suelo; pasa un perro, la garrapata se le sube y después llega a nuestra casa. Así puede transmitirnos un patógeno que portaba la garrapata del zorro”.

Un zorrito bebé encontrado en el casco urbano. Muchísimos de estos animales se pasean a toda hora, sobre todo de noche, en algunos barrios cercanos al piedemonte.

La especialista advierte que entre esas enfermedades están las causadas por bacterias del género Rickettsia, que pueden producir cuadros febriles complejos. Y avisa que en muchos casos el contagio puede ser silencioso y pasar desapercibido.

“Pero la enfermedad sobre la que más recomiendo tener precaución es la rabia. No es solamente un problema asociado a los perros: un zorro, un gato, un puma o una comadreja también pueden transmitirla -remarca-. ¿Cómo la controlamos? Mediante la vacunación de nuestros animales y manteniéndonos alejados de las especies silvestres”.

Y cuando dice "mantenerse alejados", Di Cataldo lo aplica en sentido amplio; aun si el bicho parece muerto.

"La comadreja -ejemplifica- tiene una conducta que consiste en hacerse la muerta. Uno intenta tocarla... y entonces el ejemplar reacciona de forma repentina. Se levanta, muerde y potencialmente transmite enfermedades. Así que la educación ambiental y la tenencia responsable de mascotas son claves para que podamos coexistir”.

Otro zorro hallado en un barrio privado de El Challao, a la orilla de una pileta.

    Una ciudad compartida

    Por sobre la dimensión anecdótica de encontrarse con una vizcacha dentro del baño, el tema involucra decisiones de ordenamiento territorial, educación y control de la caza furtiva. Y, fundamentalmente, un ejercicio de humildad por parte de los humanos.

    "Los animales silvestres son silvestres, no domésticos, justamente porque no necesitan del ser humano para existir. Muchas veces nosotros nos sentimos omnipotentes y pensamos que ellos nos precisan. Por eso es frecuente que la gente quiera darles de comer, acariciarlos o tenerlos como mascotas", cuestiona Di Cataldo.

    Una comadreja overa hallada en calle Colón de Ciudad y rescatada por preventores en 2024.

    Mientras se termina de escribir esta nota, la familia de zorros merodea por el predio de Diario UNO, aprovechando el solcito de un día templado. A veces juegan entre ellos, o con algún gato. Aprenden a sobrevivir en el paisaje que la ciudad construyó encima de su hábitat ancestral.

    En pocas palabras

    • Avistamientos: pumas en jardines y zorros habituados son parte de la coexistencia en territorios transformados.
    • Causas: la expansión urbana y la falta de planificación territorial aumentan los encuentros con fauna silvestre.
    • Riesgos: el contacto con animales puede implicar riesgos sanitarios y la transmisión de enfermedades como la rabia.
    Resumen generado por Thinkindot AI

    MÁS LEÍDAS