Alberto Fuguet (Santiago, 1963), escritor, periodista y cineasta, ha alcanzado un punto de madurez narrativa en el que puede jugar sus cartas y manifestar sus convicciones con entera comodidad.
Ushuaia, la novela trasandina y melodramática de Fuguet: "El cotilleo es de donde muchas veces salen las historias"
Periodista, cineasta y escritor. El chileno Alberto Fuguet publicó la novela Ushuaia, calificada como "trasandina", con un personaje central procedente de San Luis
En Ushuaia se dio el gusto de ubicar a sus personajes y sus escenarios a ambos lados de la cordillera. Alguien le mencionó que se trataba de una novela “trasandina” y le encantó la etiqueta. Hizo suya la idea.
El personaje que da impulso a la historia es Leticia, una mujer perteneciente a una familia tradicional de San Luis que, por distintas vicisitudes afectivas, cruza la frontera y termina asentada en la comuna de Maipú, en los suburbios de Santiago de Chile, país donde nace y crece Bruno, su único hijo.
Bruno es un hijo sin padre. Nunca lo conoció, ni de nombre. Ese estigma, junto a sus ambigüedades afectivas, será un peso letal en su existencia. Letal al pie de la letra. Sin que su oficio de escritor en ciernes le brinde una salida, un consuelo que su verborreica madre no está en condiciones de garantizarle.
Sobre este eje central discurrirán, en abundancia, parientes, amistades, amores no muy nítidos, convenciones sociales y sus transgresiones, documentos médicos, asimetrías y paralelismos entre Argentina y Chile, todo unido bajo el canon melodramático que hizo brillar Manuel Puig, expresamente homenajeado por Fuguet, como cuenta en esta entrevista.
Desde Santiago, la capital trasandina, dialogamos para el programa La Conversación de Radio Nihuil.
-Hola, Alberto, ¿cómo te va? Qué bueno volver a encontrarnos después de Missing, otro de tus libros.
-¡Hola! Un gusto, acá, al otro lado de la cordillera.
-¿Y cómo está ese otro lado? ¿Cómo está Santiago?
-Ya se nota que la primavera viene, así que está bueno.
-Estupendo. Disfrute, señor.
-A mí me alegra porque es mi etapa más creativa.
-¿Sí? ¿Es el momento que más te predispone a escribir?
-Sí, el que más me gusta. También ocurre que con frío y con oscuridad es mucho más complicado. Esto te sube el ánimo.
-A nosotros no nos deja de asombrar el azar poético que ronda a este programa. El sábado pasado entrevistamos a un escritor ecuatoriano, Ernesto Carrión.
-Aja. ¿Qué pasó?
-Carrión escribió Catálogo de aves muertas, una novela que trata el tema del suicidio. La que muere es Elisa, la esposa del narrador. Y ahora, en el mismo comienzo de tu libro, aparece otra Elisa que marcha también hacia un destino bastante fúnebre. Como que están en la misma línea.
-A lo mejor está en el aire. Claro, efectivamente, tiene algo extraño. O quizás nada extraño. No nos pusimos de acuerdo, eso sí.
-Además, él trabajó con una beca del Malba para este libro. Vos también.
-Bueno, quizás por eso (ríe).
-Y reiteramos lo dicho hace una semana. El suicidio es un tema que incomoda siempre, ¿no?
-Claro, porque es algo que quizás todo el mundo ha pensado. Es algo tremendo que ocurra. Un suicidio en la familia es bastante fuerte. Es como preguntarse: culpa de quién fue.
-La culpa que siempre queda flotando.
-Yo siempre siento algo que hablamos con Missing: que tener un escritor en la familia es parecido también. Es algo que no toda familia quiere tener. Y en el caso de Leticia, se da que el único integrante de su familia monoparental es Bruno. Y Bruno resulta ser dos cosas, escritor y suicida.
-Bruno es chileno. Por eso es interesante saber cómo armaste la novela que, si bien se llama Ushuaia, el eje central de la historia discurre entre la provincia cuyana de San Luis y Maipú, en los suburbios de Santiago.
-Ojo, no es el Maipú de Mendoza, porque en tu provincia también lo hay.
-Hay otro Maipú por aquí, sí, señor. Ahora bien, la novela, por lo que decíamos, tiene un carácter binacional porque durante la narración van cruzando todo el tiempo la cordillera.
-Alguien me lo comentó en Buenos Aires, porque estuve hace unos diez días haciendo la promoción del libro. Y me dijeron que no está malo, que podría ser una novela trasandina. No se me había ocurrido.
-Totalmente. Por eso te decía.
-Hay un momento, incluso, en que hay un viaje otro lugar. Van a unas termas en Salta.
-Exacto.
-Es la historia de una mujer de San Luis que termina emigrando a Santiago. Y mi impresión es que no es la primera persona argentina que emigra a Chile, ni mucho menos. Y sé que hay chilenos que han emigrado a Argentina o a esa región.
-Por supuesto, en un ida y vuelta permanente.
-No sé dónde salió esto, lo reconozco. Pero sí quería que Leticia fuera una mujer o una chica que viniera de un lugar que yo no conociera. Uno, de Argentina. Eso lo tenía claro. Y dos, que fuera de un lugar pequeño.
-¿Pequeño en qué sentido?
-Que no tuviese lo que yo llamo espesor cultural, que no hubiese muchas películas o libros que yo hubiera leído respecto a ese lugar. O sea, quería saltarme Corrientes o Mendoza, porque Mendoza los chilenos la conocen demasiado. Hay demasiados vínculos.
-¿Qué pasó, entonces?
-Y nada, de repente, buscando en el mapa, encontré San Luis y empecé a investigar.
-Todo el transcurrir por Argentina se nota muy natural en tu relato. Ni qué decir todas las veces que pasás por Mendoza: Cacheuta, Uspallata, Cristo Redentor, etcétera.
-Oye, Mendoza es muy importante para San Luis, me di cuenta.
-Sí, porque somos parte de Cuyo, donde se integran Mendoza, San Juan y San Luis.
-Como te decía, opté por San Luis porque me parecía que era un lugar que no estaba escrito. Y me encantó la palabra puntana. Al final, es la historia de una mujer que termina yendo justamente a Viña del Mar a unas vacaciones y nunca regresa.
-Ahí cambia rotundamente su destino.
-Esa es la parte más complicada de la historia. Pero, dicho de manera superficial, es un emigrante que decide quedarse en Chile y tener un hijo chileno.
-Hay un tema muy recurrente en la literatura contemporánea, que es el de las relaciones familiares. De hecho, Missing, que analizamos hace unos meses, es toda una reconstrucción de una parte de tu familia, para terminar haciendo foco en tu tío Carlos. Aquí también, en Ushuaia, la cuestión familiar pareciera ser el núcleo sensible de la novela.
-Estoy de acuerdo, sí. Como la familia, en San Luis, de la que ella escapa. También creo que, en el fondo, uno de los nudos del libro es que por qué se queda en Chile en dictadura.
-Uno la termina entendiendo.
-Porque, al quedar embarazada y no estar casada, esta chica, Leticia, en el '85, se siente más libre en dictadura que, en ese estado, en San Luis, en democracia, por la mirada del qué dirán, por estar haciendo algo que, entre comillas o sin comillas, no corresponde.
-La presión social en una provincia, en suma.
-El libro, a su vez, tiene que ver con el paso del tiempo y con el estatus que ella tenía. Efectivamente, hoy no es tan feroz ser una madre soltera. Pero sí, la familia es donde ocurren las historias. O las historias más cercanas,
-La familia, fuente inagotable.
-También se juega mucho con el chusmeo, con el pelambre, como decimos acá. De ahí vino un poco el libro, que es un homenaje a Manuel Puig.
-Una filiación que explica muchas cosas.
-Claramente él sabía, y yo también lo entiendo, que el cotilleo es un lugar de donde muchas veces salen las historias, es donde uno escucha. Tal como en el periodismo, ¿no? El periodismo escucha mucho chismeo y hay que elegir cuáles son las historias que son reales o no.
-Ahora bien, es un homenaje a Puig, pero no resulta explícito porque no lo nombrás en tu historia.
-Porque es un homenaje de verdad, o sea, no se trata simplemente de citarlo, ¿no?
-Perfecto, pero decía que, por ejemplo, en la novela se mencionan varios libros y tus personajes leen más a Mempo Giardinelli o a Hermes Villordo que a Puig.
-Claro, leen porque en ese momento no había Netflix (risas). También tiene que ver con la época en que ocurre. No es que sean ultra intelectuales. Pero hubo una época en que la gente leía, ¿no? Leía en el verano, leía en vacaciones, leía en los buses. Ese mundo ya se acabó. Pero, es verdad, no se me ocurrió. No me parecía que correspondiese que estuvieran leyendo a Manuel Puig. Me tuve que transformar un poco en argentino y eso fue divertido.
-Lo que pasa es que vos, como cineasta, lo podrías haber puesto a Puig haciendo una especie de cameo en una escena pasajera, a la manera de Hitchcock.
-Sí, sí, sí. Me parecía que no hacía falta. O, más bien, que no me convenía, quizás. El verdadero homenaje es el subtítulo, "un destino melodramático". Eso sí es un concepto de Manuel Puig.
-¿Dónde figura?
-Está en un libro (de Julia Graciela Romero) donde se le dedica un capítulo llamado "Un destino melodramático". Y él cree eso, que el drama y el melodrama son suficientemente distintos, que no es lo mismo una tragedia que un melodrama.
-Tus personajes centrales son Leticia y su hijo Bruno, que nace en Chile.
-"Me salió chileno", como dice ella. El libro juega mucho también con ataques de ambos lados, sobre todo, de Leticia, que tiene un lazo de amor y odio hacia Chile, digamos. Yo me divertí con eso, como te decía recién.
-Vas jugando todo el tiempo con esos embates desde ambos lados. Por eso está muy bien que en Buenos Aires te dijeran que es una novela trasandina.
-Es como una historia de hermanos, porque, al final, si uno analiza que somos países hermanos, también en los hermanos se producen estos roces.
-¡Obvio!
-¿Quién es la más alta? ¿Quién es la más querida? ¿Quién es la más inteligente? ¿A la que le hacen mejores regalos? Bueno, esa tensión está entre Leticia y su hermana, que se queda en San Luis.
-A vestir santos, como decíamos antes, ¿no?
-A cuidar un poco a los padres, sí, sí.
-Ushuaia empieza, directamente, con un cuento escrito por Bruno. Después nos enteramos de que ha sido premiado en un concurso de la revista Paula y la crítica destaca que se trata de un relato propio de la "Literatura de los Hijos". ¿Esto aplica también a tu libro o no?
-Me gustaría pensar que es un poco más aún.
-¿Por qué?
-Porque la Literatura de los Hijos es un concepto que se ha inventado y con el yo no estoy del todo de acuerdo, además.
-¿De qué se trata, en concreto?
-Es una cierta literatura, más bien chilena, que tiene que ver con la memoria de haber sido niño en dictadura. Y arranca desde cosas negativas, pero no tanto, porque básicamente los niños no tienden a ser víctimas de una dictadura; pero también tiene que ver con la cultura pop, los helados, la televisión.
-¿Qué no te cierra?
-De repente yo pensé, qué pasaría si lleváramos este concepto, que a mí personalmente no me parece tan marcador, porque ser niño es, relativamente, parecido siempre; qué pasaría si yo hiciera una novela de los hijos, en el sentido de meter la dictadura a lo doméstico.
-Interesante. ¿Cómo?
-No quiero contar más. Pero, básicamente, es como que aquí Leticia no fue víctima de la dictadura en el sentido político, sino que es víctima mucho más que eso. Es jugar con la idea del diablo o La profecía, esa película. ¿Qué pasaría si la dictadura se te mete a tu casa?
-Un punto de vista interesante, pero, sacando el tema de la dictadura, en tu novela todos tus personajes importantes son hijos.
-Cómo es eso.
-Veamos. Leticia se va a Chile, entre otras cosas, porque tiene muy mal rollo con los padres. Facu, su gran amigo gay, tiene un peor rollo todavía con sus padres y también abandona su casa en San Luis. Y Bruno tiene mal rollo con la madre, entre otras razones, porque no conoce a su padre. Son todos hijos en problemas.
-¡Guau! Me gustó. Totalmente de acuerdo. Te robo el análisis, sí, sí, sí.
-¿Viste?
-Y todos son gente que está huyendo también, ¿no?
-Todos.
-El más raro, quizás, es Facu, porque es hijo del dueño de un imperio de supermercados. Ese chico es el príncipe de San Luis. Pero, claro, él prefiere ser pobre en Miami o un don nadie. Lo que pasa es que no puede revelar su secreto en San Luis en los ochenta. Entonces, para él, ser rico y tener casas en la sierra y todo eso, no le sirve de mucho. Por lo tanto, tiene que escapar. Leticia termina escapando porque queda embarazada. Y Bruno se escapa escribiendo y después, claro, ya, matándose.
-Todos ellos son gente rara. No hace mucho, a raíz de tu novela Aeropuertos, decías: "Definitivamente pienso que los personajes raros son siempre los más interesantes de estructurar y desarrollar". Acá has seguido por el mismo camino.
-Sí. Tampoco sé hacerlo de otra manera. O sea, a la gente que no es rara, yo la evito, me aburre. No la conozco, quizás (risas).
-Toda una declaración.
-Yo espero que tú seas un poco raro porque me caes bien. En una de esas, el día de mañana nos conocemos y me decepcionas. Qué normal eres, qué aburrido.
-Sería terrible. Haremos lo posible para evitarlo.
-Generalmente, la gente con la que yo pueda relacionarme tiende a ser rara. Y raro me parece que no significa que anda ahora con pelo azul o lleno de piercings, porque eso ya no es raro, incluso.
-¿Entonces?
-Raro significa que, de alguna manera, sienten que no pertenecen del todo a la sociedad. Que son distintos. Y quisiera pensar que mis libros también son raros, que no son exactamente iguales a los demás, digamos.
-Este libro es raro porque multiplica los tiempos, las voces, las fuentes. Está muy inserto en la literatura contemporánea. Pero hay personajes que lo definen textualmente así a Bruno. Por ejemplo, uno de sus amigos, Augusto, dice: "Bruno es un raro, somos 'todos' raros, eso nos une".
-Ah, no me acordaba de eso. Yo no me acuerdo de todo lo que escribo. Porque el libro también está narrado por un periodista, que realmente no aparece nunca. Es un chico que está haciendo un reportaje y que entrevista a toda la gente que conoció a Bruno. Y yo estoy de acuerdo, sí, sí, es un raro, pero después se hace cargo, como acaso lo hacemos todos.
-En otros de los testimonios, Pep, otro amigo, dice: "Era raro. Pero ¿quién no lo es?".
-Bueno, yo creo que la gente que lee también es rara, porque ¿para qué leer si el día está tan lindo ahora? (risas) ¿O si puedes ir al supermercado? O, básicamente, ¿para qué leer si puedes encender Netflix o la tele o YouTube?
-No te hace falta. Tenés el teléfono. Está todo ahí.
-Está todo ahí, claro. También uno puede leer canciones, uno puede leer películas. Pero leer libros es porque quieres algo más, no te basta solo la información. Tiene que ver con que son historias que conectan con la emoción, porque la información, para mi gusto, puede ser bastante desangelada.
-Es cierto, se busca ir a otro lugar.
-Las novelas o los libros son para aquellos a los que les falta un poco de emoción, que quieren vivir otras vidas. Y también para gente chismosa. Yo creo que uno lee también por el chisme. Uno quiere saber qué va a pasar. Y por el morbo. El saber quién mató a quién o qué pasó, también es una forma de thriller.
-Bueno, si hay gente chismosa en el mundo, esos son ustedes, los escritores, y nosotros, los periodistas.
-Sí, sí. También me gustaría que me leyeran aquellos que nos están escuchando. Estoy súper interesado en que me lean en Argentina. Ya se me quitó el miedo.
-Miedo, ¿por qué?
-Porque al principio me podían decir que es poco argentino, que no fui capaz de entender. Pero ahora me estoy dando cuenta de que parece que el libro se entiende en Argentina y que no lo hice tan mal.
-Está muy bien equilibrado. Imaginate que lo dice un mendocino, como tantos otros, que conoce al dedillo Viña Mar.
-Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Sí, claro.
-¿Conoces San Luis?
-Menos que Viña.
-Por eso estuvo bien elegido, porque yo quería una ciudad, que no fuera un pueblo y que, sin embargo, no fuera muy conocida. Yo estuve averiguando mucho y sentí que San Luis era como Kansas, como Nebraska. Y, de hecho, cuando fui, sentí esa sensación, que llegaba a un pueblo americano, como perdido.
-Está bien la elección porque, salvo los que eligen San Luis en plan turístico, para nosotros suele ser una ciudad de paso hacia Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe.
-Justamente, yo no quería competir con una ciudad grande y, sobre todo, no quería competir con una ciudad que ya hubiera estado escrita, porque, claro, a veces uno se da cuenta de que, no sé, Praga le pertenece a Kafka. Entonces, dije: San Luis. Yo voy a poner mi bandera ahí. Espero que algún día me inviten a San Luis.
-Supongo que debería ser un honor para los puntanos.
-Realmente está hecho con total cariño y fascinación. Y escribir de un lugar también es un homenaje, incluso aunque uno escribiera mal.
-Volviendo a los personajes raros de tu novela, ¿ellos son así porque escriben, están en el ámbito de literatura? Y Bruno, además de estar en el ambiente de la cultura, es gay. ¿Eso te hace más raro que a los otros?
-Un poco más, aunque Bruno puede ser gay, pero todavía no se atreve. Eso podríamos discutirlo. Pero también ellos son inteligentes, lo cual es una cosa feroz. Tienen una opinión crítica. No se conforman con lo que opina el vecino. Para alguna gente ser inteligente es una maldición. No se conforman con cualquier cosa. Quieren más. Yo creo que todos quieren más.
-Es una marca, ¿no?
-Todos quieren más. Cuando hay un montón de gente que yo conozco que solo quiere menos. A mí me encantaría querer menos.
-¿Sí? ¿Por qué? ¿Te abruma, de alguna manera, ir a más?
-Yo a nivel económico ya no necesito nada. Yo quiero cada vez menos. Ahora he tratado de achicarme lo más posible. Pero sí quiero más ideas, quiero más libros, quiero leer más libros, quiero más aventuras. No sé. Cada libro, también, es una apuesta.
-Se entiende perfectamente.
-Para mí Ushuaia es como haber ido a Ushuaia caminando. También es una aventura. Pero mucha gente solo quiere ir a hacer siempre lo mismo. A la gente le encanta estar como diciendo yo me quiero jubilar en el futuro y no hacer nada. Pero, claro, aquí yo he optado por una vida no ordinaria.
-Volviendo a Facu, el amigo gay de Leticia, es un personaje secundario, pero brilla mucho.
-No solo el amigo gay, es más que eso. Pero sobre todo me interesó que fue el amor de Leticia. Ella no se daba cuenta de que era gay. Casi fue el padre de su hijo. Tuvieron un rollo. Y fue totalmente manipulada por Facu, que no es tan inteligente, pero es buena persona. Es divertido.
-Más tarde, cuando ya está instalado en Estados Unidos, Facu le escribe y dice, en un momento: "La mejor época de la vida es hasta los veintiuno". ¿Estás de acuerdo?
-No. Pero Facu sí. Yo creo que la vida se divide en dos tipos de personas, los que creen eso y los que no.
-Vos no.
-Yo no. Estoy totalmente en desacuerdo. O, en mi caso personal, no. Si tú me dices te devuelvo los veintiuno, ¡Dios me libre!
-¿Y Facu?
-En el caso de Facu, empieza a darse cuenta de todo lo que es más superficial, quizás, la belleza, el deporte, el ser hijo de tal familia, el vivir en esas casas con gente que hace sorrentinos... Él fue una estrella hasta los veintiuno. Hay mucha gente a la que se le acaba el estrellato al salir del colegio, al salir de la universidad o al salir del equipo de rugby, lo que sea. Y otros partimos recién a los veintiuno o a los veinticinco, digamos.
-Dos andariveles muy marcados.
-Hay algo de justicia. Como que la vida castiga a los que partieron bien y después apoya a los que partimos más tarde.
-Totalmente. Te hago una pregunta literaria. Vos hablás de la influencia de Puig, pero veamos otra referencia que aparece muy al pasar. ¿Puede ser que el espíritu de la novela esté encerrado en Las quejas del joven Werther, el libro de Goethe?
-Sin duda. La historia de Bruno es la de un chico muy chico que no tiene nada claro, que no tiene padre, que es más inteligente de lo que conviene, que tiene esta madre argentina que no para de hablar, no para de hablar mal de Chile, no para de hablar mal de él; una madre que es muy intrusiva pero que, sin embargo, hay ciertos temas que no habla.
-Y no. Leticia mira para otro lado.
-No habla de su padre, no le interesa preguntarle cosas sobre su alma. Entonces Bruno es un chico que se está buscando y es un escritor en potencia. Y es escritor en una casa que no es literaria, a pesar de que a Leticia sí le gustan las novelas, los radioteatros, las películas de Sandro y cosas así.
-En estas enumeraciones vas metiendo recuerdos retro de todo tipo. Te acordás, por ejemplo, del "hijo de la Bolocco con el turco". Y hablando de San Luis, sacás a relucir a los hermanos Rodríguez Sáa y a Esther Goris.
-Sí, sí, sí, sí. Bueno, investigué. Y también, viendo que, si vamos a ser transandinos, ¡seamos transandinos!, ¿no? O sea, el matrimonio transandino del siglo ha sido Bolocco-Turco (risas).
-¿De qué manera rastreaste estos detalles en San Luis?
-Fui a San Luis una vez que tuve la primera versión del libro. Caminé y conocí. Estuve como quince días. Y realmente fue muy impresionante estar allí, porque me sentía que estaba en Xanadú (risas).
-¿Fue para tanto?
-Me sentía que estaba en un lugar mítico, porque yo ya había escrito y pensaba que por ahí circulaban mis personajes. Aprovechaba para corregir.
-¿Como qué?
-Por ejemplo, Leticia iba a otro colegio. Pero conocí a una fan que me invitó y empezó a contarme mil historias. Me contó del colegio Aleluya. Y me costaba creer que existiera un colegio que se llamara así. Reconozco que yo jamás hubiera inventado ese nombre.
-Es singular, sí.
-Porque colegios como los de los salesianos, con nombres de santos, está bien, pero nunca se me habría ocurrido ponerle a un colegio Aleluya. Y efectivamente es el colegio privado más importante de mujeres de San Luis, así que obviamente lo usé.
En pocas palabras
- Fuguet presenta "Ushuaia": la novela "trasandina" explora las complejidades familiares y la identidad a través de personajes que cruzan la cordillera entre Argentina y Chile.
- Homenaje a Puig: la obra se inspira en el estilo melodramático de Manuel Puig, explorando cómo el chisme y las dinámicas familiares generan las historias.
- Personajes complejos: la narrativa se centra en Bruno, un joven escritor y suicida, y su madre Leticia, una inmigrante argentina en Chile, reflejando la idea de que los personajes



