Análisis y opinión

Lo que pocos cuentan sobre los ataques de jabalíes en Mendoza

Los ataques de jabalíes suelen relatarse como episodios de animales demoníacos. Pero en Mendoza la historia es un poco más compleja

El cazador está indignado. Me dice que casi todo lo que se cuenta sobre los jabalíes en Mendoza es mentira. "Creeme -insiste-, hago esto desde los 14 años. Ahora tengo 47 y nunca me atacó un jabalí".

Charlamos porque la crónica periodística resaltó esta semana el caso de Daniel, un vecino de Jocolí (Lavalle) que "estaba trabajando en la finca" cuando sintió que los perros se alborotaban en los algarrobales. Al ir a ver qué pasaba, según su relato, un chancho salvaje lo envistió, lo tiró al suelo y lo hubiera matado de no ser por uno de sus pichos, que intervino y lo salvó, aunque quedó malherido.

Incluso el hombre pasó su alias de Mercadopago al aire de Radio Nihuil, para que lo ayuden a juntar la plata que le sale operar al perro: los colmillos del chancho dejaron al can como un colador y el pobre bicho ahora hace pis por uno de los agujeros, si es que todavía está vivo.

jabalíes caza Mendoza
En Mendoza, los jabalíes suelen encontrarse con humanos y otras especies cuando coinciden en los abrevaderos o sitios con agua. El clima árido tiene mucho que ver con eso.

En Mendoza, los jabalíes suelen encontrarse con humanos y otras especies cuando coinciden en los abrevaderos o sitios con agua. El clima árido tiene mucho que ver con eso.

El episodio destapó una ola de comentarios de lectores y oyentes de distintos puntos de la provincia.

Algunos contaron que los jabalíes se meten a los chiqueros cuando las chanchas están en celo "y rompen todo lo que les pongas"; otros recordaron la predilección que tienen por las almendras -en algunas plantaciones son plaga-, y hubo quienes informaron que los productores combaten a la especie con tachos de 200 litros donde los ejemplares caen y luego son rematados desde arriba.

Tres cosas que pocos dicen sobre los ataques de jabalíes

Ojo, lo que expresa el cazador que conversa con Diario UNO no niega el riesgo ni esconde el daño ambiental que generan los jabalíes. Pero suma una duda clave: si el animal que fue noticia en los últimos días atacó de la nada o si reaccionó así porque era perseguido.

El tipo me pide que no mencione su nombre, porque teme que los grupos animalistas lo escrachen en las redes. "La verdad -se sincera- es que casi siempre cazo cuando necesito carne; si no, no. Muchas veces voy con una cámara y me limito a hacer fotos o videos. Tengo máximo respeto por la naturaleza. Pero mucha gente no lo entiende".

Después desarrolla tres datos que casi no se escuchan en la discusión pública sobre jabalíes:

1) El jabalí suele huir, salvo cuando se siente acorralado

"Casi nunca te van a atacar. Lo que pasa es que en Mendoza los jabalíes están siendo cazados con perros, algo que está prohibido, y la mayoría de los accidentes se dan en ese contexto de violencia. Te aseguro que el jabalí padrillo más grande que encuentres, cuando te vea, no te va a atacar; va a salir corriendo a esconderse. Pero si lo acorralan los perros y vos te acercás, la cosa cambia", remarca el cazador.

En una línea parecida, el jefe de Fauna Silvestre de Mendoza, Adrián Gorrindo, opinó esta semana en Radio Nihuil que tanto el caso de Jocolí como el del año pasado en El Carrizal, donde murieron un hombre de 49 años y sus cuatro perros, parecían -más que meros ataques "irracionales"- típicas escenas de cacerías que salieron mal.

Ocurre que en zonas rurales, con la crisis económica de por medio, es probable que haya gente cazando chanchos salvajes para comer. Como alimento, el jabalí aporta una cantidad de proteína similar a la carne de vaca, de cerdo o de pollo, pero con menos grasa.

Y la "caza de control" de la especie está permitida en Mendoza, aunque no su comercialización. Pero como no todo el mundo accede a armas de fuego, algunos salen con lo que tienen: perros, caballos y cuchillos.

"Ahí es cuando se suelen dar los problemas -retoma el especialista que pidió anonimato-. El hombre va a caballo, con cuatro o cinco perros que a veces no han comido en tres días (algunos piensan que eso 'les despierta el instinto asesino'). Los perros rodean al chancho. Pero no son dogos, como se suele ver en la Patagonia; a veces son galgos barcinos, muy livianos, o sencillamente unos cuscos muertos de hambre".

Y cierra: "El hombre se baja para apuñalar al jabalí debajo de una paleta, que es así como se los mata. El jabalí se zafa, ataca y sonaste".

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Los encuentros cercanos con jabalíes no son tan comunes. En general, estos animales huyen de los humanos.

Los encuentros cercanos con jabalíes no son tan comunes. En general, estos animales huyen de los humanos.

Entonces, en esta época del año hay algunos mendocinos yendo a buscar jabalíes. Eso coincide, por otra parte, con la época de celo de los animales, que los altera porque los machos -usualmente solitarios- se acercan a las piaras para competir en busca de sexo con las hembras. Combo perfecto.

"Y lo que hoy vemos en zonas rurales es gente que anda en la noche y se mete sin permiso a reflectorear en campo ajeno. A veces van por los chanchos a los campos de almendras... ¡y después también se llevan las almendras!", ironiza el cazador.

2) Los jabalíes se mezclaron con el cerdo doméstico

En Argentina, los jabalíes fueron introducidos a principios del siglo XX para caza deportiva, pero esa población se salió de control y los chanchos salvajes se expandieron por medio país, mezclándose con el cerdo doméstico. Hoy son una especie invasora casi sin predadores naturales.

"No vas a encontrar uno puro ni por casualidad, salvo en áreas más aisladas, como Desaguadero o General Alvear. A esta altura casi todos los que ves son manchados y tienen las orejas grandes como los cerdos caseros", me apunta el entrevistado.

Eso ha generado variaciones, porque el jabalí tiene un celo o dos al año, con pocas crías en comparación con los chanchos de granja. En cambio, cuando se mestizan pueden incorporar rasgos del cerdo doméstico, tener más crías y un celo más extenso. Consecuencia: conquistan más territorio.

Jabalí - Patrick Pahlke
En Argentina, los jabalíes se han mestizado y ya casi no se ven ejemplares puros. Imagen ilustrativa.

En Argentina, los jabalíes se han mestizado y ya casi no se ven ejemplares puros. Imagen ilustrativa.

3) El problema existe, pero no es una invasión cinematográfica

“No son tantos los jabalíes. El asunto es que te entra una piara a un sembrado de papa, por ejemplo acá en Tupungato, y te destruye media hectárea en una noche. Comen mucho, es muy molesto, pero no son tantos”, insiste la fuente.

Y dice que también hay mucho relato agrandado, mucha caza informal y bastante crueldad invisible.

Por lo demás, el ámbito de la caza es campo fértil para historias y anécdotas. "Yo estuve siguiendo a un jabalí por lo menos 4 años en Desaguadero, y a otro lo seguí como 6 años en Jocolí. Este último era un padrillo mestizo, gigantesco. Y no lo pude agarrar, porque no por nada llegan a ser tan grandes esos animales. Si alguno -cosa muy improbable- ha llegado a pesar 200 kilos, es porque no se arriesgó con los humanos. Los padrillos son los seres más esquivos que hay en el mundo", recapitula el cazador.

Desde el origen de la humanidad hasta los textos de William Faulkner, pasando por las milongas de Larralde, los relatos de cacería son así. Polifónicos, inestables, filosos. Sentados alrededor del fuego, cada uno narró, narra y narrará su versión de lo que pasó. Suele quedar afuera la perspectiva de los más tímidos y, por supuesto, la de los animales.

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