Prevención

El plan que prepara Mendoza si el El Niño se transforma en catástrofe

El Gobierno repasó protocolos por el fenómeno de El Niño. Cómo prevé organizar rescates, albergues y ayuda si sobreviene una catástrofe

Por Redacción de UNO

Ante la preocupación por el fenómeno de El Niño, que amenaza con un verano de lluvias y tormentas inusuales, las autoridades evalúan hipótesis -lejanas, pero posibles- de Mendoza frente a la catástrofe. Por eso los intendentes de la provincia recibieron esta semana protocolos para implementar en caso de emergencia.

Si una tormenta obligara a una familia mendocina a abandonar su casa, el operativo debería resolver mucho más que conseguirle un colchón. Tendría que averiguar si alguno de sus integrantes necesita remedios, ayudarla a localizar a sus parientes y encontrar un lugar donde los chicos puedan jugar mientras los adultos intentan entender qué quedó de su vida anterior. Todo ello en medio de cierto grado de caos y estrés que habrá que saber gestionar.

Si El Niño se desata con toda su furia, podría haber inundaciones en Mendoza.

Prepararse por si hay catástrofe

¿Qué haría Mendoza si una sucesión de tormentas, inundaciones y aludes desbordara la respuesta habitual?

Los documentos de Defensa Civil a los que accedieron radio Nihuil y Diario UNO permiten reconstruir esa organización, desde el primer comunicado hasta el regreso de los evacuados a sus hogares. También contemplan el escenario más doloroso: un hecho con muchas víctimas fatales.

Subrayemos: los protocolos no pronostican una catástrofe ni calculan la probabilidad de que ocurra por el Súper Niño. Pero son una forma de estar preparados. Y eso nunca está de más.

Durante los últimos días, los intendentes de los departamentos de Mendoza recibieron estos protocolos como recordatorio y recomendación. El conjunto reúne documentos confeccionados en 2024 -algunos fueron actualizados- y otros que son nuevos.

El comienzo

Imaginemos. Al principio, la familia pensaría que alcanza con levantar los muebles y esperar. Pero el agua seguiría entrando y, desde la ventana, verían que los vecinos tampoco pueden salir. Uno de los adultos llamaría para pedir ayuda. Del otro lado, alguien tendría que resolver cómo llegar hasta esa cuadra mientras otras familias hacen la misma llamada.

El sistema distingue 3 grados de emergencia. En el primero, el incidente puede controlarse con los recursos disponibles en el departamento o la región. En el segundo hace falta apoyo de la Provincia. En el tercero se necesitan recursos provinciales y ayuda externa, regional y nacional.

Para el escenario de mayor gravedad, el plan contempla la activación completa del Centro de Operaciones de Emergencias Provincial (COEP). El esquema ubica al gobernador al frente de la conducción, junto con el director de Defensa Civil, y distribuye responsabilidades entre rescate, salud, seguridad, transporte, asistencia social, comunicaciones y recuperación de infraestructura.

La activación del plan provincial corresponde al gobernador, al director de Defensa Civil o a quienes los reemplacen en su ausencia. Cada organismo participante debe prever responsables, relevos y una organización propia. El plan de tormentas pide, además, autosuficiencia de recursos humanos y materiales para al menos 3 días de operación en terreno.

La organización también contempla ayuda interprovincial, apoyo nacional y militar, y participación de empresas. En el apartado de transporte aparecen medios terrestres y aéreos, con intervención prevista de la Fuerza Aérea y el Escuadrón Lama del Ejército, entre otros actores.

Rescatar personas y volver a conectar los lugares aislados

Cuando llegara el rescate, el más chico querría volver a buscar algo que olvidó. Un juguete, quizás: esas cosas que para un adulto pueden esperar y para un niño sostienen el mundo. Habría que explicarle que ahora deben salir. La familia necesitaría confiar en personas que acaba de conocer, mientras intenta distinguir, entre el agua y el barro, dónde termina la vereda.

¿Adónde termina la vereda? ¿Y las acequias? En un escenario con agua desbordada, se requiere máxima precaución.

La respuesta tendría varios frentes simultáneos. Los equipos de salvamento deberían buscar y rescatar a quienes quedaran atrapados y entregarlos al servicio sanitario. Salud tendría que clasificar a los heridos según su urgencia -el procedimiento conocido como triage- e instalar hospitales o centros de emergencia si fueran necesarios.

Mientras tanto, el área de Ingeniería y Rehabilitación debería retirar material y escombros, abrir accesos y reparar servicios esenciales. El documento prevé instalaciones eléctricas de emergencia y grupos electrógenos para sostener los puntos críticos, además de tareas para recuperar agua, gas y comunicaciones.

También hay una función de seguridad: ordenar el tránsito, facilitar el movimiento de los equipos de respuesta, proteger a los habitantes y prevenir saqueos. La coordinación de los caminos importa tanto para sacar a una persona herida como para hacer llegar agua a un albergue.

Una mochila y un lugar donde pasar la noche

En el albergue, sus pertenencias entrarían en unas pocas bolsas. Alguien les preguntaría los nombres, si toman medicamentos, si falta algún familiar. Más tarde, cuando los chicos consiguieran dormirse, los adultos hablarían en voz baja sobre la casa. A su alrededor habría otras familias haciendo lo mismo: tratando de visualizar la mañana siguiente desde un colchón prestado.

La naturaleza no avisa y siempre es mejor estar preparados para tiempos difíciles. Por eso Mendoza ha preparado protocolos para todo tipo de emergencias.

Para quienes debieran dejar una vivienda destruida o en peligro de derrumbe, el plan contempla el traslado a zonas seguras con un bolso o bulto por persona, una mochila de emergencia. La consigna busca evitar que el transporte de pertenencias complique el operativo.

Entre las instalaciones consideradas para albergar evacuados figuran polideportivos, clubes, campings, templos, hoteles y centros integradores comunitarios. Hay una indicación específica sobre los establecimientos escolares: recurrir a ellos como última opción, después de agotar las otras posibilidades.

Una vez abierto el centro, cada persona tendría que ser registrada. La ficha individual incluye alergias, medicación permanente, estado de salud y contacto de emergencia. También se prevé organizar a los evacuados por grupos familiares y atender especialmente a niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

El estándar sanitario es concreto: al menos un profesional médico y uno de enfermería por cada 100 evacuados. El funcionamiento se organiza en 3 turnos diarios de 8 horas, todos los días, con una jefatura siempre a cargo.

Además de comida, agua e higiene, el procedimiento contempla apoyo psicológico, actividades recreativas y un área de comunicaciones para contactar a familiares. En medio de una evacuación, saber dónde está alguien puede ser tan urgente como encontrar dónde dormir.

El primer mensaje del Gobierno

La historia de nuestra familia mendocina continúa. En el teléfono aparecería un audio que anuncia otra inundación, seguido de un mensaje que lo desmiente. Los adultos mirarían la pantalla y después la puerta del albergue, sin saber a cuál creerle. Hasta que llegara información comprobada, cada vibración del celular traería la misma pregunta: si esta vez hay que levantarse y salir de nuevo.

Durante una catástrofe puede haber mensajes contradictorios. Por eso el Gobierno tiene un protocolo de comunicación.

Una emergencia puede tener su segunda tormenta en el teléfono: versiones que se contradicen, cadenas sin fuente y mensajes que nadie sabe quién escribió. El procedimiento previsto de comunicación busca reducir esa incertidumbre con información unificada y voceros oficiales.

El primer comunicado debería emitirse dentro de la primera hora, con un máximo de 2 horas desde el evento. La instrucción es comunicar lo que efectivamente se conoce, informar medidas de autoprotección y explicar las acciones de respuesta.

Aproximadamente 3 o 4 horas después del primer contacto con la prensa debería haber una actualización: balance de situación, población afectada, servicios movilizados y lugares donde consultar por personas desaparecidas. Luego, el documento propone partes cada hora y una o dos conferencias de prensa diarias, ajustando la comunicación a la evolución de la emergencia.

¿Y si se cae la señal? El plan general contempla distintas alternativas para enlazar a los equipos: redes radioeléctricas, telefonía, internet satelital y radioaficionados. Esa combinación forma parte de la respuesta prevista para sostener las comunicaciones en condiciones adversas.

Donar algo útil y saber adónde fue

A la hora de comer, recibirían alimentos que alguien donó sin conocerlos. Una frazada cubriría las piernas de los chicos; una botella de agua pasaría de mano en mano. Difícilmente pensarían en los depósitos, los inventarios o el viaje de esas cosas. Para ellos, toda esa organización tendría una medida sencilla: que lo necesario llegue cuando hace falta.

Los evacuados necesitarán comida, agua y ropa ¿Cómo gestionar eso?

El procedimiento dispone que las donaciones se soliciten después de evaluar las necesidades. Los puntos de recepción deben difundirse por medios y redes para evitar falsos acopiadores. Cada donante debería recibir un comprobante, y los centros tendrían que registrar qué ingresó, qué salió y qué permanece almacenado.

Los bultos deben llevar la identificación “Donación Humanitaria”, su contenido, origen y destino. El inventario de una carga se cotejaría al salir y al llegar, con registro del transportista y del vehículo. También se contempla custodia cuando resulte necesaria.

Entre los insumos admitidos aparecen agua correctamente envasada, alimentos no perecederos, leche en polvo, colchones, frazadas y materiales de construcción. No se recibiría agua en botellas reutilizadas ni medicamentos en esos centros de acopio. Para los aportes de dinero, los documentos remiten a cuentas bancarias, en lugar de manejar efectivo en los depósitos.

La ropa merece una aclaración: el texto permite recibirla limpia, en buenas condiciones y según las necesidades de la campaña, pero también la incluye entre los artículos que no deben aceptarse. Esa contradicción impide extraer una regla general. La convocatoria concreta tendría que precisar qué prendas se requieren y bajo qué condiciones.

Qué pasaría con los voluntarios

A la mañana siguiente, uno de los adultos de esta familia mendocina preguntaría si puede dar una mano. Le costaría quedarse quieto mientras otros cargan cajas y sirven el desayuno. Antes de asignarle una tarea, alguien debería escuchar qué sabe hacer y cómo se encuentra. Mientras tanto, una persona a cargo de las actividades infantiles conseguiría que los chicos se concentraran un rato en dibujar.

Los mendocinos saben de resiliencia, y seguramente se pondrían a disposición en caso de catástrofe.

El Gobierno también prevé cómo incorporar a quienes se presenten espontáneamente para colaborar. Reconoce el valor de esa ayuda, pero advierte que la voluntad no alcanza para asignar cualquier tarea: hay que conocer las capacidades, la experiencia y las condiciones de cada persona.

El circuito incluye registro, evaluación, capacitación inicial, identificación y asignación de funciones. Los voluntarios deben contar con seguro de accidentes personales; para quienes no lo tengan, se contempla la posibilidad de contratar una cobertura. El uso de vehículos o maquinaria ofrecidos también queda sujeto a condiciones de seguridad y seguro.

Hay tareas mucho más amplias que meterse entre los escombros. El documento enumera atención telefónica, carga de datos, traducción, lengua de señas, distribución de insumos y actividades educativas o recreativas. También incluye el cuidado de animales y mascotas, aunque eso no equivale a establecer que todos los centros de evacuados los admitirán.

Un escenario que nadie quiere estrenar

Llegaría también el momento de preguntar por los vecinos que no aparecen. La familia buscaría nombres conocidos entre las noticias, con miedo de encontrarlos y miedo de que no estén. Si hubiera una pérdida, necesitarían que alguien se sentara a hablar con ellos, lejos del ruido y de los teléfonos ajenos. Alguien que pudiera explicarles qué se sabe y acompañarlos en lo que sigue.

Existe la posibilidad de que se produzcan circunstancias muy estresantes, que requerirán el aporte y la coordinación de personal especializado.

Entre los archivos difundidos hay un procedimiento para emergencias con múltiples víctimas fatales. Su inclusión muestra hasta dónde llega el plan, sin constituir una estimación de lo que podría provocar El Niño.

La prioridad de los rescatistas seguiría siendo atender a los sobrevivientes. Para las personas fallecidas se prevén equipos específicos, registro de la ubicación y las pertenencias, identificación y coordinación con las autoridades forenses. El documento contempla conservación temporal en instalaciones adecuadas de hospitales y funerarias, y el uso de camiones frigoríficos de empresas públicas o privadas.

En ese sentido, la experiencia tras la pandemia de COVID ha dejado lecciones importantes.

En un escenario extremo, también se evalúa la necesidad de un cementerio de emergencia, con identificación y registro de las sepulturas. El procedimiento incluye apoyo psicológico para familiares y trabajadores, puntos de información y respeto por las creencias y los rituales de las familias.

El desafío continuaría después de la lluvia. Los protocolos contemplan evaluar daños, organizar el retorno seguro o la reubicación de los evacuados y recuperar la vida cotidiana.

Por supuesto, todo lo descrito en esta nota son planes. Nada más y nada menos. Luego habrá que ver si se logra cumplir con ellos y, sobre todo, si cada uno está a la altura de las circunstancias.

Fuentes consultadas para esta nota

  • Plan Provincial para el manejo operativo de una emergencia por tormenta estival severa y de remoción en masa.
  • Procedimiento para la difusión de información en emergencia.
  • Procedimiento para la gestión de centros de evacuados.
  • Procedimiento para captación y transporte de donaciones humanitarias.
  • Procedimiento para manejo de voluntariado espontáneo en emergencias.
  • Procedimiento para el manejo de cadáveres múltiples.

Producción periodística: Ricardo Montacuto.

En pocas palabras

  • Mendoza: se difundieron protocolos a intendentes ante la posibilidad de un verano de lluvias y tormentas por El Niño.
  • Plan de Contingencia: se detallan escenarios de catástrofe, organización de rescates, albergues y asistencia social con 3 grados de emergencia.
  • Protocolos: se establecen procedimientos para comunicación, gestión de donaciones, voluntarios y manejo de múltiples víctimas fatales.
Resumen generado por Thinkindot AI

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