El proyecto de reforma del funcionamiento de la Suprema Corte de Justicia que Rodolfo Suarez presentó en la Legislatura recalentó aun más los ánimos -de por sí caldeados- del cuarto piso de los tribunales, donde los siete supremos radicales y peronistas tienen sus despachos. Esta semana, la grieta que desde hace un lustro separa a ambas fracciones se ensanchó unos metros más. La tensión política está por las nubes y cada uno muestra sus cartas. En público y en privado.
La reforma de la Suprema Corte de Justicia ensanchó aun más la grieta entre peronistas y radicales
Reformistas radicales defienden a capa y espada el plan que prevé sortear las causas entre los 7 magistrados bajo el argumento de terminar con la desproporción que hizo que a ese tribunal hayan ingresado más de 7.000 expedientes versus los poco más de 1.000 que llegaron a la Sala I.
Retrucan desde el ala peronista que la jugada del gobernador no apunta a dotar a la Corte de mayor transparencia sino a concentrar el poder, análisis que comparten desde la Legislatura.
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Define la Legislatura
Ahora, la instancia decisiva está en la Casa de las Leyes, donde el PJ ha despotricado a diestra y siniestra contra cada cuestión ligada al Poder Judicial que haya sido planteada por el oficialismo: la designación de nuevos jueces y fiscales, entre otras, ha desembocado en la misma expresión. "Quieren concentrar el poder".
Que el oficialismo tenga mayoría para lograr la aprobación en el recinto se torna infalible y solo es cuestión de esperar. Recién entonces volverán a verse las caras los supremos reformistas Dalmiro Garay, Pedro Llorente, José Valerio y Teresa Day y los antirreformistas Omar Palermo, Mario Adaro y Julio Gómez.
En esta cancha también se impone el oficialismo con un 4 a 3 que el peronismo político-judicial ha fustigado a la hora de los llamados a fallos plenario, sabiéndose derrotado de antemano.
Cuestión de mayorías
Peronistas y radicales de la Suprema Corte de Justicia se enrostran mutuamente esto de las mayorías. y los oficialistas contra ese 2 a 1 en la Sala Segunda que garantizan Palermo y Adaro.
Se dice que en el Poder Ejecutivo echaban chispas en 2021 cuando Palermo y Adaro impusieron la mayoría en la Sala II y dieron vuelta el fallo que había condenado a Raquel Blas y Roberto Macho, de ATE, por cortar calles durante las protestas sindicales de 2016. Se dice que ése fue el punto de partida para la tan mentada reforma y eliminación de las Salas I y II a la hora de receptar nuevas causas.
Los llamados a plenario fueron cuestionados por el PJ por entender que la jefatura político judicial de la Corte imponía su voluntad a fuerza de la mayoría 4 a 3.
Los números oficiales indican que desde 2016 a la fecha, Garay llamó a plenario 2 veces; Adaro, 7; Day, 3; Palermo, 2; Valerio, 9 y Llorente 2 veces, igual que Jorge Nanclares, que se jubiló en 2020.
Diversos temas motivaron estos llamados: los equiparados a jueces, el Ítem Aula -ya hubo tres sentencias plenarias que respaldaron la ley de Cornejo-; los juicios por jurado popular y la APDH de San Rafael por la festividad de Patrono Santiago en las escuelas públicas.
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