Según el mismo portal porteño, el presidente, el ministro Ginés González García, la secretaria de Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini han comentado en la intimidad del poder que la evidencia científica aportada por el Instituto Gamaleya será ratificada por los reconocidos técnicos de la ANMAT.
Cuando la ANMAT cumpla con las formalidades de su estatuto legal, y el Ministerio de Salud emita su informe oficial asegurando que la Sputnik V se puede aplicar sin inconvenientes a los mayores de 60 años, Alberto Fernández y Ginés González García harán el anuncio ante las cámaras y recibirían el pinchazo de la primera dosis de la vacuna rusa en vivo.
Esta probable puesta en escena puede coronar un hecho inédito en la geopolítica del siglo XXI: Alberto Fernández será el primer presidente de Occidente que se aplicará una vacuna rusa contra el COVID-19. Y esta circunstancia atípica tiene un condimento que jamás hubieran imaginado los expertos del Kremlin: Alberto Fernández usará la Sputnik V antes que Vladimir Putin, el presidente ruso.
Si el informe del instituto Gamaleya es recomendado por la ANMAT y aprobado por la cartera de Salud, pero sin el dossier que justifica su eficacia sanitaria, podría ocurrir que miles de eventuales pacientes mayores decidan aguardar la llegada de otra vacuna cuando ya inició la segunda ola de COVID-19.
Las dosis de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Sinopharm recién tendrán un aterrizaje masivo para mediados de marzo, y lo único que habría a la mano -si Putin cumple con su promesa política- serían 10 millones de Sputnik V hacia fines de febrero.