Diego Barrera (52) es el principal acusado por el secuestro y muerte de Diego Aliaga (51). El martes declaró ante el Tribunal Oral Federal 1 y admitió haber matado al ex despachante de Aduana, pero negó que él y su entorno hayan intentado secuestrar a la víctima para obligarla a ceder bienes.
Declaró Barrera y dijo que mató a Diego Aliaga "en una pelea de amigos"
"Se me murió", justificó Barrera durante las más de cuatro horas en las que repasó la secuencia. "Fue una pelea de amigos", dijo también, entre sollozos.
Barrera está imputado junto a su pareja Bibiana Sacolle (52) y los hijos de ella, Gastón (30) y Lucas Curi (28).
El otro acusado es Yamil Washington Rosales (34), el chofer de la empresa de transportes que tenían Barrera y su compañera. Rosales inicialmente acordó con la fiscalía declarar como "arrepentido" pero luego se desdijo. Y su última versión coincide con lo que relató Barrera: los dos dicen que la muerte de Aliaga se produjo accidentalmente en el contexto de una pelea.
El Ministerio Público, que en esta etapa procesal está representado por la doctora María André, descree de esas teorías y sostiene que se trató de un secuestro extorsivo seguido de un homicidio.
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Las horas finales de Aliaga según Barrera
Diego Barrera agradeció al tribunal por haber cambiado su lugar de reclusión. Fuentes judiciales dijeron que, para Barrera, ese cambio de sitio "le salvó la vida", ya que -señaló- "Aliaga era la Policía" y podrían haber existido represalias contra él.
En efecto, el difunto figuraba como informante de la fuerza, de modo que algún contacto existía.
La narrativa del acusado, por lo demás, podría sintetizarse de la siguiente manera. Él y Aliaga eran socios en distintos emprendimientos. Cada uno de ellos llevaba un cuaderno en los que iba anotando los movimientos e inversiones. Uno de los proyectos conjuntos era un centro de rehabilitación en la calle Bandera de los Andes, en Guaymallén.
Sobre este último negocio habrían tenido diferencias. A tal punto, que el 28 de julio de 2020, cuando se encontraron en el local que estaban refaccionando con ese fin, se agarraron a trompadas (siempre según el testimonio de Barrera).
"Aliaga agarró mi cuaderno y lo rompió, queriendo decir que lo que había anotado ahí no era válido", contó Barrera. Entre esas anotaciones habría figurado la compra de una casa en el barrio Dalvian.
El acusado afirmó que, aunque él había pagado ese inmueble, Aliaga le advirtió: "Nunca vas a poder escriturar eso porque los papeles que tenés no valen nada".
Ahí se habría desatado la trifulca. El imputado dijo que su socio lo estaba ahorcando y en ese momento apareció el chofer, Rosales, con una llave inglesa o herramienta similar y golpeó a Aliaga en la cabeza.
Ese golpe hizo que Aliaga quedara "atontado" pero "gritando". Y dado que Barrera sospechaba que en las inmediaciones del lugar estaba Gonzalo, hermano de la víctima, intentó silenciar a su socio metiéndole un trapo en la boca y encintándosela.
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"Y se me murió", insiste Barrera cada vez que le preguntan. Este martes agregó que "no se animaba a tocar" al muerto debido al estupor que le causó ver a su amigo sin vida.
Subrayó que entonces le pidió a su familia que lo cubriera y no dijera nada porque le producían temor los mencionados contactos que la víctima tenía con la Policía. De ahí que -en su versión- trasladara el cuerpo a un galpón de la calle Jujuy, en la Cuarta Sección, y luego le encargara al chofer Rosales el entierro del cadáver.
Para el fiscal Fernando Alcaraz, que llevó adelante la instrucción, Barrera, su esposa y sus hijos, junto a Rosales, operaron de forma coordinada para secuestrar a Aliaga y obligarlo mediante coacción a ceder dos propiedades: una casa del barrio Dalvian y un departamento de la Galería Bamac, en Ciudad.
A eso se le habrían sumado movimientos para quedarse con dos vehículos, entre ellos un Jeep Wrangler y un Chevrolet Camaro. Asimismo, tenían conflictos por dos combis Mercedes Benz Sprinter que habían comprado con plata de Aliaga.
La explicación de Barrera no es azarosa. Si su familia sólo encubrió y no participó del secuestro seguido de muerte, tanto su pareja como Gastón y Lucas quedarían libres, ya que únicamente se les podría achacar el haber encubierto a un familiar.
El tribunal que integran Alberto Carelli, María Paula Marisi y Alejandro Piña escuchará el próximo martes la ampliación de la testimonial de Gastón Curi y luego vendrá el tiempo de los alegatos.
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El caso Aliaga
El 28 de julio de 2020, Diego Aliaga fue visto por última vez con vida. El hombre salió de su casa ubicada en el coqueto barrio Palmares a bordo de una camioneta de un vecino. Lo acompañaba una joven con la que había estado reunido horas antes. Paró en una estación de servicio y finalmente se dirigió hasta una propiedad ubicada en Rodeo de la Cruz. En ese lugar pensaba montar un emprendimiento junto su socio en otro negocios, Diego Barrera. Sin embargo, no volvió a ser visto con vida.
Horas después, el hermano de Diego Aliaga se presentó en una dependencia policial para denunciar la desaparición. En ese momento, recibió un supuesto llamado extorsivo donde le pidieron una suma de un millón de dólares para volver a verlo con vida.
El caso -que siguió en Diario UNO el periodista Sebastián Salas- despertó la alarma de las autoridades y comenzó a investigarse en la Justicia como un secuestro extorsivo -delito de competencia federal-.
Mientras los pesquisas reconstruían las últimas horas con vida de Aliaga a través de cámaras de seguridad y testimonios, la causa empezó a tomar notoriedad ante los rumores de que el hombre se codeaba con autoridades y lograba sacar presos con ayuda del hoy cuestionado juez federal Walter Bento. Por esos días, hasta el propio Diego Barrera aportó esa versión en una declaración testimonial.
Las evidencias fueron cercando al socio de Diego Aliaga hasta el 4 de agosto de aquel año, cuando fue detenido junto a su pareja Bibiana Sacolle y los hijos de la mujer. Las comunicaciones telefónicas que mantuvo el clan familiar el día de la desaparición, sumado a las cámaras de seguridad que grabaron a Barrera entrando a la propiedad en Rodeo de la Cruz y luego ingresando al barrio Palmares en la camioneta que manejaba Diego Aliaga fueron claves para la pesquisa.
El 10 de septiembre de 2020 se encontró el cadáver de la víctima enterrado en un descampado ubicado en Costa de Araujo. Fue gracias a la declaración de Washington Rosales, un hombre que era empleado de la empresa de transportes que tenía la familia de sospechosos. El hombre aportó datos claves para hallar los restos y además quedó comprometido por unas conversaciones que mantuvo con uno de los hermanos Curi, por lo que también fue detenido y procesado al día siguiente.
El 5 de octubre de 2020, Diego Barrera declaró por primera vez como acusado y confesó haber cometido el hecho de sangre. Descartó que se haya tratado de un secuestro, sino que aportó la versión de que se peleó con Diego Aliaga por temas económicos y que "se le fue mano". También quiso desvincular al resto de los sospechosos. Poco y nada le creyó el fiscal Alcaraz ya que ese testimonio no cambió absolutamente nada en el expediente.
Si el caso ya de por sí era complejo, a mediados de 2021 sería todavía más sensible al quedar estrechamente vinculada con la megacausa que investiga el presunto cobro de coimas por parte de una banda que lideraría el juez Bento. De hecho, Diego Barrera ha declarado varias veces en ese otro expediente y ha aportado detalles sobre la mecánica de los sobornos para liberar a presos. Para el fiscal Dante Vega, Diego Aliaga era la mano derecha del juez para gestionar los pagos.
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