Marcelo Ayub habla y detrás de su voz se escucha una ópera: son sus colegas del Teatro Colón. El pianista nacido en San Rafael es director de estudios musicales dentro de ese reino en miniatura que constituye la sala más prestigiosa de la Argentina. Y se sigue sintiendo mendocino.

Entrevistarlo es un lío. Marcelo discurre entre ensayos, conciertos, reuniones. Siempre cerca del arte, como pez en el agua. A lo mejor por eso es tan difícil sacarlo de ahí. "A veces, vuelvo a casa y busco el silencio", aclara él.

"Y cuando puedo vuelvo a San Rafael", reconoce, mientras se oyen en el fondo los compases de "Nabucco", la obra que acaba de estrenarse entre rabiosos aplausos. Ayub continúa: "Tengo a mi familia y seres queridos allá en mi ciudad, a la que amo. En Mendoza capital también quedaron grandes amigos".

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El Colón es la sala más prestigiosa del país y el sanrafaelino Marcelo Ayub se abrió paso en ese mundo mágico y de excelencia.

El Colón es la sala más prestigiosa del país y el sanrafaelino Marcelo Ayub se abrió paso en ese mundo mágico y de excelencia.

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Marcelo Ayub: del primer concierto a presentarse en el Colón

Empezó a estudiar piano a los 8 años, rodeado de una familia donde las melodías eran un código compartido.

Marcelo enumera: "Mi mamá había estudiado piano, mi hermana también toca el piano de oído, mi hermano toca la guitarra, mi papá de joven tocaba el bombo y cantaba y mi tía es profesora de música".

Así es como aquel niño al que se le erizaba la piel con las notas llegó a la primera docente que lo guio en ese océano de teclas blancas y negras: Catalina Izaguirre. Luego, su mentora fue Ynés Batura, con quien armó un dúo que se convirtió en profunda amistad.

"Y Roberto Urbay sumó su enseñanza, que fue fundamental. Gracias a ese maestro yo fui orientando mi preparación para ingresar al Colón", suma el entrevistado.

No fue sencillo ni pura suerte. "Mi primer concierto fue cuando tenía 11 años, en la casa del poeta Fausto Burgos y su esposa Elena. Fue el paso inicial de un camino que nunca se terminó. Por eso cada vez que puedo presentarme en San Rafael lo hago con gusto", recalca Ayub, que vive en Buenos Aires hace 16 años.

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-Se dice que la sociedad argentina está desanimada; que perdió la autoestima y la esperanza ¿Qué rol puede cumplir el arte frente a ese panorama?

-El arte siempre ha sido importante, porque se relaciona con la naturaleza humana. Las manifestaciones artísticas corresponden a una necesidad de comunicar que tenemos; y entonces el arte cumple un papel mediador entre las personas. El arte puede cambiar o educar a una sociedad. En el caso de los argentinos, que estamos tan desanimados, podría convertirse en un remedio para superar estos dolores que vivimos a diario, y no sólo desde el punto de vista social sino en todos los sentidos.

-Un intento por recuperar la belleza.

-Todo lo que se relaciona con el arte está conectado con la belleza, que es subjetiva pero a la vez es algo que nos conecta. Y yo creo que la sociedad está necesitando eso: conectarse, comunicarse mejor.

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Se recibió de contador, pero la música pudo más

Cuando tenía 22 años se recibió de contador en la UNCuyo, y entre el 1995 y el 2006 se ganó la vida dedicándose a los números.

Ahora, rondando los cincuenta, analiza: "Yo igual nunca dejé de estudiar música. Mientras trabajaba como contador hacía la Licenciatura en Piano, también en la universidad pública. No tenía fines de semana, pero me gustaba tanto que lo toleraba".

Tan bien tocaba Ayub, que por entonces le recomendaron al joven contador que se presentara para una audición: buscaban pianista para el coro estable del Teatro Colón.

"Me vine a Buenos Aires en julio de 2006 y lo hice con cierto temor, porque me contaron que en dos o tres meses habían echado como a cuatro pianistas", recuerda.

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"Cuando fui a mi primera audición en el Colón estaba preocupado: me contaron que habían despedido a varios pianistas en pocos meses".

Lo tomaron. "En octubre de aquel año empecé a trabajar y en diciembre me renovaron el contrato, así que me tuve que venir a vivir a la capital. Hasta ese momento, iba y venía de Mendoza porque seguía haciendo tareas como contador".

-¿Hoy llevás tus cuentas vos?

-¡Hoy tengo una contadora que me lleva todo! La decisión fue fuerte. Tuve miedo al inicio porque vivir del arte no es fácil: tengo que agradecer a Dios y a mi familia, que me ayudaron. Era una mezcla de ansiedad, alegría y temor. Pero ganó la alegría porque estaba dedicándome a mi verdadera vocación.

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Ayub entró como pianista del coro, luego fue asistente del director coral, más tarde subdirector y -una vez que el maestro Salvatore Caputo retornó a Italia- dirigió ese cuerpo.

Como era de esperarse en él, no dejó de estudiar. "La clave está en el esfuerzo y la dedicación. Estudié dirección musical de ópera en el Instituto del Colón. Es la carrera de repertorista de ópera, es decir la preparación para los pianistas que acompañamos y preparamos a los cantantes. Y más tarde también estudié dirección orquestal en la Universidad Católica", repasa Ayub.

En 2014 concursó para convertirse en preparador de repertorio lírico y pasó a formar parte de la planta estable del célebre teatro. Hoy es director de estudios musicales del Colón, cargo que ocupa desde principios de mayo, cuando el director general y artístico Jorge Telerman presentó su equipo.

"Mi trabajo en el Colón se parece a estar al frente de la sala de máquinas de un barco" "Mi trabajo en el Colón se parece a estar al frente de la sala de máquinas de un barco"

"Este nuevo trabajo incluye la gestión, y consiste en coordinar las actividades de los cuerpos artísticos del teatro: el coro estable, la orquesta estable, del ballet estable, la orquesta filarmónica y todo lo que se relaciona con la organización de esas piezas. Es como estar al frente de la sala de máquinas", especifica.

En el Colón se trabaja en la parte artística de martes a domingo: los días libres son los lunes. "Yo aprovecho esos días libres para dar clases", confiesa Ayub, entre la risa y un poquito de culpa.

Cada tanto se reserva un rato para ir a nadar o juntarse con amigos. "Pero si antes pasaba muchas horas acá, en el Colón, hoy paso muchas más", concluye.

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