Tras más de 15 años al frente de una reconocida panificadora de vanguardia con la que revolucionó la gastronomía en Mendoza introduciendo el pan de masa madre, el emprendedor Ramiro Pérez Juez (43) decidió dar un giro radical a su vida: vendió su parte de la empresa para volcarse de lleno a la producción e investigación de hongos funcionales, un camino que lo llevó a fundar el laboratorio Myco.
La historia del emprendedor que dejó las harinas para sanar a través de los hongos
El emprendedor Ramiro Pérez Juez pasó de vender pan de masa madre a sanar su artritis con hongos funcionales que hoy cultiva, produce y comercializa en Mendoza

Ramiro Pérez Juez tiene 43 años, es licenciado en Comercio Internacional y emprendedor que cultiva hongos para mejorar la calidad de vida de las personas.
Foto: Axel Lloret /Diario UNOEste cambio de rumbo no se dio por un interés comercial sino debido a una búsqueda personal para sanar un problema de salud que afectaba su calidad de vida y para el cual la medicina convencional no encontraba respuestas definitivas.
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Deportista y apasionado por los hábitos saludables, Ramiro convivió durante 10 años con un dolor de espalda agudo y sin diagnóstico claro. Cuando finalmente le detectaron una artritis severa, el tratamiento alopático tradicional a base de inmunodepresores logró apagar el síntoma pero afectó su sistema inmune, provocándole complicaciones como la pérdida temporal de la visión en un ojo.
Fue en ese momento crítico cuando decidió recurrir a la medicina integrativa. De la mano de un profesional que buscó abordar las causas de su dolor y no solo taparlo, cambió su alimentación y le recomendó tomar extractos de hongos adaptógenos y funcionales como Reishi y Melena de León.
A los 6 meses el dolor desapareció y logró el equilibrio físico y emocional que tanto deseaba. Ese proceso de sanación transformó su vocación. Tras el impacto de la pandemia en el rubro gastronómico, Pérez Juez decidió reorientar su modo de vida: "El giro surgió ante la pregunta de dónde quería poner mi tiempo y mi energía", relata el emprendedor en esta entrevista con Diario UNO.
El emprendedor saltó del pan de masa madre al hongo
Lo que comenzó como un cultivo personal para su propio consumo y un proceso de formación con médicos pioneros en micoterapia, se transformó en 2023 en la fundación del laboratorio Myco, hoy asentado en el carril Rodríguez Peña como parte del ecosistema Cumbrar.
Ramiro Pérez Juez se muestra curioso ante lo desconocido, obstinado en su búsqueda permanente por estar saludable. Así fue como un día se puso a amasar pan de masa madre cuando apenas se conocía el término en este lado del mundo.
Nacido en Bariloche pero radicado en Mendoza desde hace 20 años, vino a estudiar Comercio Internacional. Se recibió y la grandeza de esta montaña andina lo atrapó más que la patagónica.
Emprendedor y amante de la vida sana, Ramiro se entusiasmó con la idea de consumir panificados más saludables, de harinas integrales, y aprendió entonces a elaborar pan de masa madre. Abrazó la industria panadera hasta fundar junto a su hermana la primera cadena de panificados sin conservantes en Mendoza: Trigolino.
Ese capítulo de su vida le dio alas para el próximo emprendimiento, forjado desde el mismisimo dolor de su cuerpo. Hace 3 años fue pionero en el cultivo de hongos medicinales en la región.
Los hongos adaptógenos no traen "soluciones mágicas"
Los hongos funcionales y adaptógenos son extractos concentrados que ayudan al organismo a adaptarse mejor a los estresores diarios, tanto físicos como emocionales. Variedades como la Melena de León, el Reishi, el Cordyceps o la Tremella contribuyen a regular el sueño, agilizar la conexión neuronal, reducir la inflamación intestinal y favorecer la concentración.
Sin embargo, desde Myco destacan que los hongos no funcionan de manera aislada ni ofrecen soluciones milagrosas.
"El nuevo paradigma de la salud es lo que hacés antes de que llegue la enfermedad. Los hongos te van a ayudar a regular el estrés o mejorar tu energía, pero hay que acompañarlos con una correcta higiene del sueño, actividad física y buena alimentación. No creemos en los suplementos mágicos sino en dar herramientas valiosas dentro de un sistema integral de bienestar", sostiene Ramiro Pérez Juez.
En sus inicios, Myco producía su propio cultivo de forma artesanal. No obstante, al escalar el proyecto y responder a la exigencia médica de contar con extractos estandarizados y concentraciones exactas de principios activos, el emprendimiento evolucionó su modelo de negocio.
Hoy importan materia prima de hongos con certificación orgánica y Certificado de Análisis de Origen (COA), garantizando trazabilidad en sus líneas de tinturas hidroalcohólicas e infusiones micronizadas (en polvo y cápsulas). Cuentan con 9 variedades y distribuyen sus productos en puntos de venta, dietéticas y centros terapéuticos de todo Cuyo, en Buenos Aires, la Patagonia y hasta en Chile.
Derribar mitos sobre el hongo y tender puentes con la ciencia
Un eje fundamental de Myco es la educación y la colaboración con profesionales de la salud, promoviendo que médicos, nutricionistas, psicólogos y psiquiatras sean los principales mediadores y guías en el uso de la micoterapia.
Para profundizar este trabajo pedagógico se sumó al equipo la nutricionista Cyntia García, encargada de traducir la evidencia científica y desmitificar el consumo.
"La medicina se está volviendo cada vez más hacia lo natural, buscando generar bienestar en lugar de simplemente curar un síntoma", sentencia la especialista.
Y explica: "No se trata de una medicina contra la otra sino de combinar la medicina tradicional con la moderna. El 80% de mis pacientes que consultan por un plan alimentario sufren de ansiedad; al incorporar los hongos junto a cambios en su rutina cotidiana, los resultados son impresionantes".
García remarca la importancia de vencer prejuicios culturales en el país: "En Argentina no somos de comer hongos; se suele pensar que son venenosos, alucinógenos o inalcanzables para el bolsillo. Es necesario desmitificar esto. Hongos comestibles como el shiitake o el hongo de pino son sumamente nutritivos y económicos".
Y recomienda que "incorporar unos 200 gramos semanales a la dieta o sumar suplementos adaptógenos -cuyo costo promedio ronda los $20.000 por frasco- es una inversión totalmente accesible para mejorar la calidad de vida".
El emprendedor no persigue una moda sino una mejor calidad de vida
Con esa visión de largo plazo, el equipo de Myco desarrolló el programa Myco 360, un espacio de formación y divulgación destinado a brindar información clara a comerciantes, profesionales de la salud y consumidores.
Para Ramiro Pérez Juez, el propósito de este recorrido en su vida es transmitir que "esto no es una moda, es una categoría en crecimiento sustentada por la ciencia".
Y asegura de forma contundente: "Los hongos llegaron para quedarse como una herramienta clave para recuperar el control sobre nuestro propio bienestar".
Con la mirada puesta en expandir más su emprendimiento desde el Oeste argentino hacia el resto del país y la región, Pérez Juez sintetiza el sentido de su apuesta por Myco: transformar una búsqueda dolorosa en una herramienta colectiva de salud preventiva.
"La decisión de emprender en esto no nació del mercado sino de haber experimentado en carne propia cómo un cambio de hábito te devuelve la vida", reflexiona el emprendedor, convencido de que la micoterapia es la convergencia exacta entre la sabiduría de la naturaleza, el aval de la ciencia y el compromiso innegociable con el propio bienestar.
En pocas palabras
- Ramiro Pérez Juez: pasó de vender pan de masa madre a fundar Myco, un laboratorio de hongos funcionales que sanaron su artritis.
- Myco: laboratorio mendocino pionero en la producción e investigación de hongos adaptógenos y funcionales.
- Micoterapia: se presenta como una herramienta para el bienestar integral, combinando medicina tradicional y moderna.