El camino de la medicina veterinaria suele transcurrir, de este lado del mundo, entre clínicas urbanas y la atención de mascotas. Sin embargo, para el mendocino Gonzalo Godoy (38), criado en una geografía desértica, admirando el vuelo de los cóndores y el pastoreo de chivitos en la montaña, su destino lo llevó a un escenario más húmedo y salvaje.
El veterinario mendocino que cuida osos y elefantes en Asia: "El crecimiento está fuera de lo conocido"
A sus 38 años, el veterinario Gonzalo Godoy vuelca su experiencia en el sudeste asiático combinando medicina de alta complejidad y turismo ético
Dejó atrás la aridez y la familiaridad de su Mendoza natal para mudarse al sudeste asiático, impulsado por el deseo de volcar sus conocimientos en el rescate y la rehabilitación de la fauna exótica más vulnerable del planeta.
La vida de Gonzalo Godoy (38) respiró siempre el mismo aire de los animales, aunque su camino inicial estuvo tironeado por el fútbol y la psicología. Al criarse en Godoy Cruz dentro de una familia con un padre veterinario de fama local y una madre arquitecta, el mandato del profesionalismo caló hondo y la medicina animal ganó la elección.
Para evitar que el peso del apellido influyera en sus estudios, decidió armar los bolsos a los 18 años y mudarse a Río Cuarto para formarse en una de las universidades históricas de la veterinaria de campo, iniciando un viaje de desarraigo que ya no tendría vuelta atrás.
Tras dar sus primeros pasos en la clínica familiar Centro Veterinario Villa Hipódromo y colaborar en el zoológico de Mendoza, Godoy comenzó a tejer un frondoso CV de especializaciones que incluyó posgrados en la Universidad Maza, La Pampa, México y hasta España.
El veterinario que cruzó el mapa con un propósito
Su obsesión siempre fue brindar la mejor atención veterinaria a especies no convencionales, siguiendo el consejo de su padre que adoptó como bandera: no ser un generalista que deba improvisar ante un paciente exótico.
Tras practicar cirugías de reptiles en Mendoza, trabajar con grandes mamíferos en La Pampa -como búfalos de agua, ciervos colorados, pumas, jabalíes- y desempeñarse en centros de la Amazonia peruana y safaris de Chile, una propuesta en LinkedIn pateó el tablero de su realidad y lo proyectó hacia Hong Kong de la mano de la organización mundial Animals Asia.
Instalado actualmente en Sri Lanka, donde ejerce como director académico en uno de los pocos centros de rehabilitación de fauna silvestre del país, y colaborando activamente en santuarios y programas de bienestar animal en Vietnam, el mendocino lidera equipos multidisciplinares y multiculturales compuestos por profesionales de España, Inglaterra, Sudáfrica y Australia.
La decisión de cruzar el mapa le generaba incertidumbre pero respondía a su filosofía de vida de abandonar su zona de confort para alcanzar herramientas de bioseguridad y etología imposibles de conseguir en esta región sudamericana.
"No estaba en mi radar irme tan lejos de mi casa pero prefiero tomar las oportunidades que dejarlas pasar; el crecimiento siempre está fuera de lo conocido", reflexiona Gonzalo Godoy. Y resume: "En definitiva me moviliza especializarme para ayudar a generar buenas prácticas de medicina animal, cualquiera sea el ejemplar".
Alta complejidad veterinaria en medio de la selva
La cotidianidad del veterinario mendocino en territorio asiático dista mucho de las tareas en una clínica tradicional que bien podría ser la de su padre en Villa Hipódromo, Godoy Cruz.
Sus semanas al otro lado del mundo se dividen entre jornadas de anestesia y chequeos clínicos, o exhaustivas revisiones de movilidad para osos rescatados (polares, pardos, asiáticos y malayos) que padecen severos cuadros de artrosis tras haber sobrevivido al cautiverio y a las cruentas industrias de extracción de bilis.
La labor requiere combinar el uso de tomografías computadas y fisioterapia con un sólido manejo de la salud mental de los ejemplares, un factor clave que se trabaja codo a codo junto con expertos en comportamiento animal.
La tasa de suicidios en veterinarios, un tema "tabú"
Sin embargo, el dolor en el terreno no sólo se limita a los pacientes. El veterinario habla de algo que otros colegas silencian: el desgaste psicológico que sufren quienes ejercen la profesión frente al padecimiento silencioso de la fauna silvestre, una problemática invisibilizada a nivel mundial.
Al respecto, Gonzalo Godoy manifiesta: "El manejo del luto, el manejo emocional del veterinario es algo que también hay que tener en cuenta. Nuestra profesión es una de las que más se ven afectadas por tasas de suicidios de colegas. Tenemos que estar preparados para gestionar emocionalmente lo que vemos en animales silvestres".
Esta resiliencia es la que traslada a su trabajo con elefantes asiáticos en el Parque Nacional Yok Don, el segundo más grande de Vietnam.
Allí, la prioridad de la organización es reconvertir las prácticas del turismo de entretenimiento, erradicando por completo actividades comerciales nocivas como el elephant riding (paseos sobre el lomo del animal) o la interacción directa y forzada de los turistas con los elefantes, devolviéndoles a los ejemplares rescatados la libertad de alimentarse y bañarse por sus propios medios en su hábitat boscoso natural.
El equilibrio ético entre la conservación y la realidad social
Uno de los mayores choques culturales que experimentó el veterinario mendocino al llegar a Asia fue comprender que las problemáticas ambientales no pueden resolverse únicamente bajo la mirada occidental de castigo y condena al maltrato animal.
En países en vías de desarrollo, muchas familias dependen económicamente de los elefantes para su subsistencia diaria a través de tradiciones ancestrales y actividades turísticas.
Por este motivo, el enfoque de la organización no se basa en el choque directo con los mahouts (cuidadores y conductores de elefantes) sino en transformarlos en aliados del proyecto de conservación para garantizar su sustento mientras se educa de forma progresiva.
La idea del veterinario no es confrontar sino educar
"A quienes pasean a turistas en elefantes los llevamos con el elefante al bosque, donde empezamos a educarlos y los sumamos así al proyecto, permitiéndoles mantener un sustento económico pero cuidando al animal y haciéndoles ver que su hábitat es el bosque", explica el veterinario mendocino.
De un total de 50 elefantes que se encontraban en cautiverio, el programa ya logró rescatar y amparar a 20 de ellos bajo convenios gubernamentales.
Para el especialista, el secreto de la conservación radica en entender el contexto humano que rodea a la fauna, una postura integradora que confronta con las miradas más radicales del ambientalismo internacional.
"Esa experiencia me hizo entender que proteger a los animales no puede significar destruir la realidad social y la tradición cultural de las personas que dependen de ellos. El desafío es encontrar un equilibrio donde el bienestar animal, la cultura, el turismo y el desarrollo económico puedan coexistir", considera.
Una academia virtual para democratizar la medicina veterinaria
Este interés por democratizar la ciencia y multiplicar los esfuerzos éticos lo llevó a fundar Wild Animals Academy en plena pandemia. Se trata de una plataforma global de educación virtual y consultoría médica que actualmente dicta su segundo posgrado en clínica y rehabilitación de fauna silvestre.
Bajo la premisa de que "por cada profesional formado, cientos de animales reciben una mejor atención", busca dotar de herramientas prácticas a veterinarios de todo el mundo, a la par que utiliza sus redes sociales para visibilizar el trabajo de cuidadores y biólogos en el terreno, advirtiendo sobre los "versos" de ciertas instituciones que ejecutan programas deficientes.
En este sentido dice que "muchos ejemplares que han estado en extinción fueron salvados y hoy están en libertad gracias a los enfoques de conservación de gente que trabaja con ética y profesionalismo para protegerlos; pero no todas las organizaciones trabajan igual".
Mirar al pasado con los ojos del presente
A las puertas de un viaje a Nueva Zelanda como conferencista internacional para disertar sobre la alarmante expansión de la gripe aviar, Gonzalo Godoy se toma un segundo para evaluar el fenómeno de la globalización de las enfermedades y la necesidad de equipos multidisciplinarios.
Admite que lo que más lo desvela es la falta de comunicación efectiva en los comités de toma de decisiones ecológicas, donde muchas veces se margina y excluye la visión holística que posee el médico veterinario sobre las crisis sanitarias y de biodiversidad.
Aunque confiesa que extraña Mendoza, que regresa siempre que puede y que ayuda a las problemáticas de su provincia de forma remota, su mirada está puesta en las posibilidades de desarrollo científico que le ofrece el continente asiático.
Hoy su proyecto de vida está junto a elefantes y osos de Asia
Su presente implica continuar limando las uñas de un elefante, refaccionando hábitats en la selva o adaptando dosis quirúrgicas para grandes plantígrados, un nivel de nicho profesional que hoy Sudamérica no le puede garantizar.
Al hacer un balance del camino recorrido desde las calles de Godoy Cruz hasta los bosques tropicales de Asia, el veterinario conecta su madurez actual con la inocencia de su niñez a través de un ejercicio de honestidad personal.
"A ese niño le diría que no tenga miedo, que salga de la zona de confort para desarrollar mayores habilidades y que siga su intuición, lo que le dicta el corazón con una mente flexible para adaptarse a contextos a veces inesperados", concluye con la certeza de haber transformado la medicina en una herramienta real de cambio global para los animales.







