David Micoli aprendió desde la cuna que los sueños no llegan solos. Que hay que ir a buscarlos, muchas veces con el cuerpo cansado y la cabeza llena de preguntas. Creció en una familia humilde de San Martín, donde el trabajo en la finca marcaba los tiempos de la vida cotidiana. Pero él quiso otra cosa. Le gustaban las motos. Y sabía que para tener una había que estudiar, sacrificarse, aun a costa de pasar días sin comer.
David Micoli es fan de las motos y creó el primer hotel de Mendoza exclusivo para moteros
Trabaja en la construcción y es un viajero incansable, amante de las motos. Creó sobre la Ruta 7 en San Martín el primer parador hotel motero de Mendoza
Se fue a San Juan para formarse como arquitecto mientras hacía cualquier trabajo que le permitiera sostenerse. Cosechó, fue seguridad privada, trabajó fines de semana y veranos enteros para juntar el dinero que lo mantuviera en la facultad. No hubo atajos ni golpes de suerte: hubo sacrificio. Esa ética del esfuerzo sería, con los años, la base de todo lo que vendría después.
Cuando logró independizarse y montar su propia empresa constructora, cumplió varios sueños materiales. Incluso llegó a comprar una finca, un gesto que hoy recuerda como una conquista personal. Sin embargo, todavía faltaba algo. La moto apareció más tarde, casi como un premio. Fue una Mondial DCR 200, sencilla y económica, pero suficiente para abrirle la puerta a un mundo apasionante que no abandonaría jamás.
Desde entonces, la ruta se volvió su lugar y su destino. Viajó por Argentina y por países vecinos, siempre sobre dos ruedas, siempre acompañado por otros moteros. Y en esos viajes, entre paradas, noches de sueño y madrugadas de partida, empezó a notar una ausencia constante: no existían espacios pensados realmente para quienes viajaban en moto.
Dormir se podía, comer también. Pero nadie parecía comprender del todo al viajero en moto.
Un hotel diseñado desde la experiencia en la ruta
Esa falta, repetida viaje tras viaje, se transformó lentamente en una idea. No como un negocio, sino como una necesidad. David Micoli no pensaba aún en abrir un hotel; pensaba en todo lo que él mismo había necesitado en la ruta y nunca había encontrado. Lo que vendría después sería apenas la consecuencia lógica de esa experiencia vivida.
El proyecto tomó forma en su ciudad natal. Tras meses de recorrer las laterales de la Ruta 7 encontró el lugar indicado y apostó todo a levantar allí algo nuevo. Así nació Punto de Encuentro, el primer parador exclusivo para moteros en Mendoza. Pero antes que un hotel es el resultado de una vida marcada por el trabajo, la perseverancia y la pasión por las motos.
La idea del parador se generó a partir de una certeza: nadie podía diseñar mejor un hotel para moteros que alguien que hubiera dormido decenas de noches en la ruta. Después de recorrer Paraguay, Brasil, Bolivia, Misiones, Bariloche y buena parte del país, Micoli entendió que el problema no era la falta de camas sino la falta de comprensión del viajero sobre dos ruedas.
En cada destino encontraba alojamientos correctos pero incompletos. Faltaba un lugar seguro para la moto, espacios pensados para el equipamiento, tomas de corriente suficientes, servicios mecánicos rápidos y, sobre todo, la tranquilidad de saber que la moto estaba protegida. Esa suma de pequeñas ausencias fue la semilla del proyecto que inauguró hace menos de un mes en su San Martín natal.
En su hotel la moto es protagonista. Desde cualquier punto del parador se puede verla: desde el café, desde el restaurante, desde la habitación, dice satisfecho por su sueño cumplido. Es que en la visita de Diario UNO se confirmó que la construcción fue pensada para que el motero nunca pierda de vista su máquina. “Prácticamente duerme con vos”, dice Micoli, sintetizando una relación que va mucho más allá del objeto.
Servicios pensados para una vida en moto, en permanente viaje
Las habitaciones están preparadas con lugares específicos para cascos, botas y valijas típicas de los amantes de las motos. Hay tomas de corriente en cada rincón, porque el motero "viaja con celulares, cámaras, infladores eléctricos y dispositivos que necesita cargar antes de seguir camino", apunta David Micoli. Y no es un detalle menor: es la diferencia entre seguir viaje o quedarse varado.
Su hotel -que construyó con sus propias manos- cuenta con 10 habitaciones, además de un sector independiente destinado a lavandería. Allí, la ropa sucia del viajero puede estar limpia y seca en poco más de una hora, lista para volver a las alforjas. El parador ofrece también baños con duchas, restaurante, buffet y una playa de estacionamiento techada exclusiva para motos, con seguridad las 24 horas.
La moto nunca queda sola. Está bajo techo, protegida y visible. Esa obsesión por el cuidado responde a la lógica del mundo motero, donde la moto es medio de transporte, compañera de viaje y, muchas veces, el bien más valioso en la vida de su conductor.
David Micoli anticipa que a estos servicios de su hotel sumará en breve un taller de mecánica ligera. La idea es ofrecer cambios de aceite, reemplazo de cubiertas y mantenimiento básico para quienes están en tránsito. “Venís viajando y justo te toca hacer el service, acá lo hacés y seguís tranquilo con la moto”, resume Micoli. Un servicio rápido, pensado para no alterar el ritmo del viaje.
El parador también cuenta con un shop motero donde se pueden adquirir cascos, chaquetas, accesorios y equipamiento. Todo está integrado a una ambientación que incluye motos en exhibición y hasta autos de lujo, componiendo una estética ligada al universo motor que refuerza la identidad del lugar.
Construir en casa, apostar por la Ruta 7 en San Martín
Aunque recibió propuestas para desarrollar el proyecto en otros puntos de Mendoza, David Micoli siempre tuvo claro que quería hacerlo en su ciudad. Durante meses recorrió las laterales de la Ruta 7, yendo por una y volviendo por la otra, hasta encontrar el lote indicado. Lo compró y apostó todo a levantar allí el hotel.
La inversión fue grande y el esfuerzo, enorme. La obra se concretó en apenas 9 meses. Día y noche, Micoli trabajó junto a sus obreros, combinando su conocimiento técnico con una entrega personal absoluta. No era solo una construcción: era materializar una idea nacida del deseo.
San Martín no solo sumó un nuevo servicio turístico sino que se posicionó como uno de los primeros puntos del país en ofrecer un parador de estas características. El intendente Raúl Rufeil recorrió el lugar junto al equipo municipal de Turismo, destacando el valor de la iniciativa para diversificar la oferta y fortalecer el turismo en moto.
De la finca a la facultad, y de ahí a la ruta
La historia de David Micoli no se explica sin su origen. Viene de una familia muy humilde. Su padre fue finquero toda la vida, y él supo desde temprano que quería otro destino. Estudiar fue su prioridad, incluso cuando eso implicaba mucho sacrificio y privaciones.
Se fue a San Juan a estudiar arquitectura mientras trabajaba de lo que fuera necesario para solventar sus estudios. Cosechó uva, fue seguridad privada los fines de semana, trabajó todo el verano en fincas para llevar dinero a la facultad. Dormía poco y soñaba mucho.
Aunque no está matriculado como arquitecto, David completó la carrera y se recibió como maestro mayor de obra. Fundó su propia empresa constructora, ArqSol Estudio, cuyo nombre combina su formación profesional con un homenaje a su hija mayor, Sol.
Durante años, el trabajo fue el centro de su vida. Logró incluso cumplir otro de sus sueños: comprar una finca. La tuvo, la trabajó y luego la vendió, pero se dio el gusto. Todo lo que consiguió, asegura, fue a base de trabajo. No cree en atajos.
"Todo lo que querés conseguir en la vida lo vas a lograr trabajando, no queda otra; no creo en la gente que se hizo millonaria de la noche a la mañana", confiesa el constructor y amante de las motos.
El flechazo con las motos
La moto llegó a vida cuando pudo independizarse y juntar algo de dinero para comprarse la primera: una Mondial DCR 200. Era barata, sencilla, pero suficiente para encender la chispa. Empezó a salir, a viajar, a cambiar planes. Tanto que llegó a cambiar una camioneta por una moto.
Hoy tiene cuatro. Asegura que no es fanático de marcas. Le gustan todas: japonesas, italianas, chinas. “Soy fanático de las motos”, insiste. Por eso en su hotel no hay distinciones entre Harley, Ducati, Yamaha, motos enduro o pisteras. Todos los moteros son bienvenidos.
El nombre del parador resume esa filosofía. Punto de Encuentro es una expresión habitual entre moteros, esos lugares donde se espera a los demás para seguir viaje juntos. El hotel busca ser eso mismo: un espacio de cruce, de historias compartidas, de descanso antes de volver al asfalto.
Con el hotel busca explotar el turismo en moto
David Micoli reconoce que el mundo de las motos no siempre es fácil de conciliar con la vida familiar. Su pareja, María de los Ángeles Nadales, lo acompaña y lo sostiene, incluso cuando él se va de viaje durante una semana. Hoy ella está cada vez más involucrada en el buffet del hotel y aprendiendo sobre este universo que antes le era ajeno.
Tiene tres hijos: Sol, de 16 años; Agustín, de 13; y Lautaro, de 10. Solo uno, por ahora, parece haber heredado con fuerza la pasión por las motos. A Sol le regaló una para sus 15, aunque todavía no la usa, se lamenta. Aunque tal vez sea cuestión de tiempo.
El futuro lo imagina lejos de la construcción, una actividad que define como muy estresante. Su apuesta está en el turismo de las motos y en Mendoza como polo de atracción. Cree que la mayor accesibilidad a la compra de motos y las mejoras en las rutas, como la transformación que se hará de la Ruta 7 en autopista con peaje, potencia este tipo de emprendimientos como el suyo.
Además sabe de las fortalezas que brinda la fisonomía de Mendoza para el turismo, y en especial para los moteros que suelen buscar rutas con entornos naturales que los desafíe como lo hacen los circuitos de Alta Montaña. De hecho el fin de semana de carnaval se hará un nuevo encuentro en el Cristo Redentor, al límite con Chile, que reúne a cientos de motos de todo el continente.
"Había que explotar este turismo también, brindarle a los moteros un lugar así para que se lleven la mejor impresión de nuestra provincia", concluye.
“Por un motero, para moteros”, es el eslogan que eligió para Punto de Encuentro. No es una frase de marketing: es una declaración de principios. Resume una vida de esfuerzo, pasión y kilómetros recorridos, y convierte a un tramo de la Ruta 7 en algo más que un lugar de paso. En un verdadero refugio para quienes eligen vivir el camino sobre dos ruedas.









