Historias de vida

Dalila y Mariela Tahan, dos empresarias fuertes y exitosas que comparten ancestros venidos de Siria

Son primas y a pesar de que una es diseñadora de modas y la otra dueña de una empresa de camiones, comparten anécdotas familiares y el profundo amor por el trabajo que hacen

Aunque provienen de diferentes ramas de una familia venida de Siria, las primas Mariela y Dalila Tahan tienen un rasgo que las distingue: son dos empresarias fuertes y exitosas y han hecho de la constancia y el esfuerzo la masa madre de sus carreras.

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Cada una en lo suyo, son líderes. Mariela como directora de Marketing de la empresa de camiones Tahan, que se dedican a la logística nacional e internacional. Dalila, más conocida en el mundo de la moda local: es una de las grandes diseñadoras de alta costura que tiene Mendoza. De hecho, en 2018, fue la encargada de realizar el vestuario para las reinas de la Vendimia.

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Ese liderazgo y esa fuerza para encarar sus empresas y sus vidas, es lo que llevó a Diario UNO a querer reunirlas y que contaran sus diferentes experiencias bajo el paraguas de un apellido que, por lo que ellas mismas relataron, albergó a muchas mujeres que vivieron trabajando a la par de los varones para sacar adelante a sus familias.

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La familia Tahan que vino de Siria a poblar Mendoza

Mariela es nieta de José Tahan, primo hermano de Farahan Tahan, el abuelo de Dalila. Al parecer, los sirios Tahan se tomaron muy en serio esto de venir a poblar América: José tuvo 11 hijos e hijas y Farahan fue más intenso: tuvo 13. Con tanta cantidad de gente, era algo lógico que en la vida real, Dalila y Mariela no se cruzaran tanto.

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Pero sus destinos tienen algunas similitudes: ambas fueron las niñas rebeldes de sus familias. Quizás porque en los árboles genealógicos, las historias de las mujeres se repiten.

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"Mi abuela, a la que le decíamos Zette, escapó de Siria en 1914 escondida en un saco de maíz, sus hermanas mayores ya se habían venido a la Argentina y ella quedó allá sola. Para venirse, con la bisabuela Dalel –muy parecida físicamente a Dalila- se casó con Farahan, que era mucho mayor que ella, Zette tenía 14 años y Farahan 21 años"

El abuelo de Mariela, José, vino con tres hijas mujeres de Siria. Acá tuvo ocho hijos más: cuatro varones y cuatro mujeres.

Por las descripciones de ambas, sus abuelos paternos eran personas muy toscas y hacían del machismo y del maltrato a las mujeres su forma habitual de comunicación, no era algo culturalmente cuestionable.

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“Mi abuelo era terrible, muy bruto, de muy mal carácter. La gritaba todo el tiempo a mi abuela", recordó Dalila.

De chicas, ambas primas no se veían demasiado, eran tantos y tantos parientes que era difícil ponerse de acuerdo.

Pero de lo que Dalila se acuerda muy bien es de la gran casa en la que vivía Jorge, el papá de Mariela. Era una casa en Luján, cercana al museo Fader.

“Habían gallinas y otros animalitos. A mí de muy chiquita, cuando Mariela todavía no había nacido, me encantaba ir a esa casa”

Por su parte, Mariela cuenta que esa era una casa ancestralmente manejada por mujeres. Vivían de la agricultura: ellas sembraban, cultivaban y cosechaban verduras, recolectaban los huevos y cocinaban. En cambio, los varones que eran los comerciantes, salían en carreta a vender.

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"Nosotras venimos de una familia de mujeres muy trabajadoras, pero muy sufridas. De mi lado, las mujeres trabajaban la tierra, cocinaban, hacían todas las tareas del hogar y después era estar impecable para el marido. Mi tía Chicha (la única hermana de su padre aún vive) me cuenta unas historias que no puedo creer. Terminaban de cosechar lo que iban a vender y ya se ponían a hacerle la comida al marido. Llegaban los varones de trabajar y ellas ya le tenían la mesa impecable"

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Una puede pensar en un cuadro absolutamente patriarcal. Pero las mujeres eran las que manejaban las casas y esa herramienta secreta, sobre todo la de transmitirse historias mientras la comida se guisaba en las cocinas y las charlas en los cuartos de costura, era casi un poder sobrenatural con el que se podía hacer magia. Un poder que los varones desconocían.

En el caso de Dalila su familia tenía un almacén de ramos generales, una actividad tan típicamente “paisana” –como sirios, turcos y árabes se dicen entre ellos- que no puede dudarse de su procedencia. Pero recuerda que su abuela ya no quería que su abuelo durmiera con ella, porque no quería tener más hijos.

"Perdonen, pero ni hablar del sexo, el servicio sanitario, como le decía yo. Mi abuela, a la hora de acostarse con el marido, ya no quería más. La metía en el medio de la cama a la hija más chica, mi abuelo la odiaba a mi tía más chica por eso"

La relación con los padres Tahan les marcó la vida

En esto es en lo que más se parecen Dalila y Mariela: ambas tuvieron un carácter que no difería mucho del de los varones. De hecho, la aspiración de Mariela era manejar un camión, como su padre.

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"A mí lo que siempre me atrajo es ser chofer de camiones. era mi pasión, yo quería aprender a manejar un camión, quería ser camionera! Mi vieja de los pelos estaba llevándome a declamación a gimnasia, yo quería otra cosa, pero bueno. Finalmente no lo pude hacer. Vine a manejar un camión de grande, en un viaje a Brasil, fue una experiencia maravillosa para mí".

Dalila, por su parte, aprendió a coser a los 12 años y supo que ese era su destino. Hizo el secundario "a los ponchazos" y porque su mamá literalmente la obligaba a ir a la escuela. Su vida estaba en jugar y crear con las telas, a eso quería dedicarse, y de hecho, su instinto de niña se convirtió en su éxito de adulta.

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"Mi padre Jorge era un turco hermoso, de ojos muy azules, que se casó con mi madre que era una española de Murcia. Pero era muy tosco también, y yo me hice muy masculina como él. Estaba bastante enojada, después de grande trabajé mucho ese tema", describe Dalila.

"A mi me criaron igual que a cualquiera de mis hermanos varones (tiene cuatro). Te imponían en respeto a través del temor, mi mamá era la que nos apañaba y mi papá era el que nos retaba... bueno, "retaba" no es la palabra exacta, ahí utilizaban el famoso cinto", relata Mariela

Dalila lo afirma con más énfasis. "¡Te daban cinturonazos! Yo he ligado patadones y cinturonazos que ni te cuento. Mi papá era muy bruto. Después de que murió lo trabajé internamente. Lo perdoné, pero lo hice con mucho trabajo. Logré honrarlo y decir 'esta es tu mejor versión', y entender que no pudo darme lo que me dio de otra manera"

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Mariela también tuvo una experiencia muy fuerte cuando su papá murió. "Con la muerte de mi papá me pasó algo importante también. Cuando estaba en el hospital, lo cuidábamos entre mi mamá y yo, nos turnábamos. El día antes de morirse, se despertó y me empezó a decir el por qué estaba orgulloso de cada uno de los hijos y me habló de mi madre, del trabajo que ella había hecho. Lo que me pasó es que yo me encargué de transmitirle a todos los que había dicho de cada uno, pero no me podía acordar qué me había dicho a mí"

Para poder acordarse de lo que le había dicho a ella, tuvo que hacer un gran trabajo.

"Hace tres años, couch ontológico con Mariana Flamarique, y en la segunda sesión, se me empezaron a llenar los ojos de lágrimas y me acordé: conmigo utilizó la palabra valiente. me dijo que yo era muy valiente"

Ella recuerda un episodio familiar por el que su padre la describió con ese término. "Yo había enfrentado a uno de mis hermanos y me había ido de mi casa. Después, en el 2006, me fui a vivir a Buenos Aires y a llevar la empresa adelante sola. Estuve 12 años ahí".

Dos mujeres líderes en sus trabajos

En sus veinte años, Mariela se independizó de su familia y se puso a trabajar en una bodega. Pero cuando su padre murió y la empresa de camiones pasó a ser responsabilidad de los 5 hermanos, la llamaron para que se uniera. La propuesta era que se fuera a Buenos Aires, a manejar la sucursal de Transporte Tahan desde allá.

"Tenía 28 años, sola en Buenos Aires me cargué la empresa al hombro. Trabajaba de 7 a 23, golpeaba puertas todo el día. Iba a buscar camiones que me quisieran hacer cargas a lugares muy complicados. Yo iba puerta por puerta, buscando quien me quisiera llevar la carga", relató.

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Después comenzó a crecer, a sumar más personal y su departamento, que también funcionaba como oficina le quedó chico, porque vino su hijo.

En ese momento, se fue a vivir a un departamento en el mismo edificio, cerca de Plaza de Mayp. Esa fue su vida desde 2006 a 2017.

"Allí colapsé, no se conseguían camiones que tuvieran disponibilidad en cargas, yo trabajaba el doble y ganaba lo mismo. Mi hermano menor, Diego, me dijo que me volviera, que ya estaba bien lo que había hecho allá"

En ese momento, el hijo de Mariela tenía siete años y allá se sentían muy solos.

"Quería recomponer mi relación con mi hijo, porque durante años había trabajado casi todo el día y no había podido estar con él. Se sentía un poco desamparado".

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En Mendoza se tomó un par de años para rearmarse y en el 2020, comenzó a desarrollar el área de Marketing de la empresa, en pandemia, desde su casa y con su hijo. "Ahí estuvimos todo el tiempo juntos, lo que no nos había pasado nunca hasta ese momento. No fue tan fácil, pero mi hijo es mi gran motor, siempre me renueva la energía".

En el caso de Dalila, la niña rebelde que comenzó a admirar, a los 6 años, a su tía Irma que era modista de Novias Lucero, y a los 12 ya no quería hacer otra cosa más que coser, la vida le fue más compleja cuando niña.

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"Yo vi una punta de la flecha, me enamoré de mi trabajo, de mi oficio, que te regala emociones interminables por momentos, que pasan a ser historias en la cabeza y en el corazón de cada persona. Me he retroalimentado, porque todas estas fallas y carencias que traés en lo personal y que vienen de cuestiones personales y familiares, yo en mi trabajo lo he ido sanando"

Dalila se ve fuerte y resolutiva, dice que para ella la palabra "problema" no existe, te la generás en tu cabeza. "Si sos acción no podés ser al mismo tiempo obstáculo", destaca.

Sin embargo, le costó que la dejaran ejercer su oficio. Su mamá quería que se recibiera de la escuela secundaria y ella nunca lo hizo.

"Me faltaron tres materias. Pero me pasó que con el tiempo: la directora y las profesoras de la escuela venían a que yo les cosiera y me felicitaban, eso fue una gran alegría para mí".

Primas hermanadas por la costura

Si bien sus perfiles laborales no pueden ser más diferentes, algo las hermana: la moda y la costura.

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Mariela regresó a Mendoza en el 2017 y entre las actividades que hizo hasta que armó el área de Marketing de la empresa de transporte se dedicó a que su tía Chicha le enseñara a coser. "Quería aprender esto, porque también soy asesora de imagen. Además, las clases con mi tía Chicha eran una delicia. Nos poníamos a hablar de la familia y terminábamos o emocionadas, o entendiendo parte de nuestra historia".

Dalila recordó que, entre los grandes acontecimientos que le tocaron por su trabajo, estuvo el de hablar frente a 200 estudiantes de la facultad de Diseño de la Universidad de Mendoza.

"Yo soy medio una impostora, no estudié, nunca me interesó. Hasta que un día vino una profesora de arquitectura y me dijo, quiero que vengas a disertar a la Universidad de Mendoza. Pero no tengo título, le dije y ella me advirtió que eso no era necesario".

"Lo único que les pedí fue una mesa, porque es mi herramienta de trabajo, me puedo apoyar y hablar desde ahí, es como más cómoda me siento. Estuve dos horas hablándole a los chicos y me sorprendí de encontrarme transmitiéndoles algo de mi vida para la profesión de ellos. El éxito profesional no puede pasar por ningún otro lugar que el de amar lo que uno hace", cerró.