Mientras el Obispado de San Rafael resolvió este martes suspender a Carlos Scarlata de su función de sacerdote hasta tanto la Justicia defina si tuvo responsabilidades en la muerte de la docente Valeria Cornejo, con quien tenía una relación amorosa desde hacía años, en San Martín se recuerda al “Pollo” Scarlata, un joven travieso y rebelde que se crió en el Este mendocino.
“Disculpame que te diga: Vos me podés hablar sobre el llamado de Dios y todo eso. Está bien. Lo respeto. Pero, si te tengo que decir realmente lo que pienso, es que si vos te hacés cura, yo me hago ingeniero de la Nasa”.
Esta charla ocurrió hace unos 35 o 40 años. Quien dijo esa frase, hoy la recuerda claramente. Era muy amigo del "Pollo" Scarlata, en esos años. Es una simple anécdota de pueblo, una charla de café, pero tiene otra importancia esta semana. Ocurre que el "Pollo" Scarlata, ese muchacho rebelde, que entraba colado a los bailes, es Carlos Scarlata, el cura Scarlata.
Ahora ha sido noticia por estar sospechado de no haberle prestado auxilio a su amante y haberla dejado morir enferma, ya que tenía lupus y diabetes y se habría descompensado en octubre del año pasado.
Antes de ser suspendido, Scarlata era párroco de la localidad de Lima, en Zárate. Allí se hizo famoso en 2006 por pedirle a las mujeres de su parroquia que no vayan a la Iglesia vestidas con calzas, jeans ajustados y minifaldas. Más aún: después amplió su idea y le pidió a las católicas que deben usar esas ropas.
En San Martín el "Pollo" Scarlata es un recuerdo. Hace mucho que no lo ven. Incluso su hermano varón dijo en su momento que “hace 20 años que no me hablo con él” y una hermana sostuvo que “ha venido algunas veces”. En todo caso, ambos se niegan a contar sobre sus recuerdos familiares y hablar del presente.
Después d el escandalete de 2006, Scarlata intentó aplacarlo diciendo que “yo no le prohíbo la entrada a la iglesia a nadie” y que lo suyo es solo una “recomendación”. Pero lo cierto es que, en el ingreso al templo de la iglesia San Isidro Labrador, el padre Carlos hizo colgar dos carteles, uno con “vestimenta no permitida dentro del templo” dirigida a las mujeres y otro a los hombres, en donde también se indica la “ropa sugerida”.
Según esos carteles, criterio que fue sostenido después por el sacerdote en declaraciones periodísticas, la mujer no puede vestir calzas, jeans ajustados, minifaldas, puperas, musculosas, transparencias, polleras con tajos y toda vestimenta que muestre o permita presumir su cuerpo. A los hombres se les prohíbe el ingreso con pantalones cortos, ojotas, gorra y musculosas.
“En los templos pentecostales, evangélicos, en los de los Testigos de Jehová, en las sinagogas, a nadie lo dejan entrar así y nadie hace escándalo. ¡No sé por qué ahora hacen tanto quilombo!”, dijo el padre Scarlata.
Pero, así como después dijo que no es una prohibición, también Scarlata agregó que esas “recomendaciones” no son solo para ir a la iglesia, sino que son indicaciones de cómo debe vestirse una mujer católica diariamente. “Vos sos hombre. Si ves a una mujer por la calle, vestida con calzas y que le marca todo el traste, ¿no sentís nada?”, le dijo el "Pollo" Scarlata al periodista Reinaldo Sietecase, en una entrevista que le dio a Vorterix en ese momento. Antes, ya se había incluido dentro de los hombres que piden piedad, y había dicho que “debajo de la sotana hay un hombre” y que “no soy de corcho”.
Quién es él
Carlos el "Pollo” Scarlata parece haber tenido siempre una lucha interna. Quienes eran sus amigos de la infancia y juventud, así lo definen. Por un lado, lo recuerdan como un muchachito rebelde, pícaro, de hablar desenfadado, que entraba a los bailes sin pagar. Y, por otro, lo recuerdan sumamente tradicionalista y conservador.
Una amigo del "Pollo", un poco más grande que él, recordó que “yo ponía música en las fiestas y en algún boliche. El 'Pollo' me pedía que le prestara unos discos, él se los ponía debajo del brazo, y se colaba diciendo que también era disc jockey”.
También cuenta que “después lo dejé de ver y, un día, apareció en mi casa vestido con sotana. Ya estaba en el seminario de San Rafael. Yo le dije: 'Disculpame que te diga: Vos me podés hablar sobre el llamado de Dios y todo eso. Está bien. Lo respeto. Pero, si te tengo que decir realmente lo que pienso, es que si vos te hacés cura, yo me hago ingeniero de la Nasa”.
Pero una mujer, ahora adulta, que compartió los años de adolescencia con el "Pollo", recuerda que “siempre mencionaba al diablo metiendo la cola. Una vez, sin ser cura ni nada, me retó por usar una falda corta. Tengo grabado en mi memoria el día que hizo callar a unas señoras de un grupo que capacitaba mujeres, el grupo Kolpin creo, por considerar marxistas la labor y lo que cantaban. Estaba en contra de las guitarras en la iglesia, contra la salida a los boliches, contra las mujeres haciendo trabajo social… '¡Esos grupos marxistas…!', decía”.
Carlos Scarlata es el mayor de tres hermanos. La familia tenía un negocio, todavía muy recordado, Scarlata Gomas, que vendía todo tipo de elementos fabricados con ese material. Originalmente estuvo ubicado en 25 de Mayo al 200, junto a la tienda Pronotto, de venta de ropa de trabajo, y a la Heladería Angelito, que era la mejor de la ciudad y obligado paso de todos. Después, Scarlata Gomas se mudó a un local sobre la avenida Boulonge Sur Mer.
La familia vivía en una linda casa, ubicada sobre la calle Patricias Mendocinas, entre 9 de Julio y Almirante Brown, en pleno dentro de la ciudad.
Algún vecino de esa época, cuenta que “no se podía hacer ruido durante la siesta, porque ellos se quejaban siempre”. También algunos recuerdan que “eran muy tradicionalistas, católicos, y difíciles de tratar”. La familia Scarlata no se diferenciaba mucho de gran parte de la sociedad sanmartiniana. Conservadora, católica, tradicionalista. Podría decirse que esa parte de la sociedad no ha cambiado mucho.
Scarlata fue durante mucho tiempo sacerdote en San Rafael y General Alvear, luego prestó servicios en Roma y después regresó a la Argentina para ir a la diócesis de Zárate.
