Esta es la historia real de dos hombres que, vaya paradoja, aprendieron las artes de la cerrajería y de abrir puertas y candados estando encerrados en la cárcel de Boulogne Sur Mer y cumpliendo condenas por asesinato.
Vicente y Jorge, asesinos y cerrajeros en la cárcel de Boulogne Sur Mer
Vicente Matricani mató a la esposa en 1971 y Jorge Godoy a su hijo, Yoryi Godoy, hace 30 años. En la cárcel de Boulogne Sur Mer aprendieron las artes de la cerrajería

La cárcel de Boulogne Sur Mer, en Ciudad, donde vive uno de los asesinos y cerrajeros.
Asesino y cerrajero parte I
Mendoza, década del '80
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Tribunales provinciales. La pesadísima caja fuerte del juzgado no abre. No hay caso. Inútiles resultan la cantidad y la variedad de las maniobras de empleados y personal de mantenimiento para resolver el imprevisto.
- Debe ser la llave -arriesgan unos.
- O la cerradura... -dicen otros.
Más allá de todas las teorías, adentro de ese cofre de hierro, documentación, expedientes reservados y algunos objetos que son pruebas de distintas causas judiciales se vuelven inaccesibles para todos. Hasta dos armas de fuego hay.
Antes de las 9.30, el magistrado penalista (hoy retirado) alza una mano y da una orden desde su despacho.
- Vayan al penal de Boulogne Sur Mer y traigan a Matricani. Ése nos va a salvar.
Dicho y hecho.
Matricani, preso y condenado por asesinato -valiéndose de pequeñas herramientas de mano y una destreza casi profesional- abría la caja fuerte en un abrir y cerrar de ojos. Ni el mismísimo escapista Harry Houdini lo hubiera hecho mejor.
Con gesto amable, el hombre bajito y semicalvo saluda a todos, agradece la confianza del usía y se deja llevar por dos carceleros de regreso al pabellón que habita en la Penitenciaría provincial.
El cerrajero y preso era Vicente Matricani. Desde 1974 cumplía condena por haber asesinado -en 1971- a la esposa y madre de sus hijas. Cuatro tiros le dio mientras discutían en el auto estacionado en una esquina de Dorrego, Guaymallén.
La escena del crimen, a pocos metros de la casa de la madre de la víctima fatal, que la había recibido días antes, con las hijas, tras la separación de Matricani.
El reo aprendió el oficio y las artes de la cerrajería en los talleres de la cárcel de Boulogne Sur.
Por entonces, el histórico edificio carcelario albergaba a varones y mujeres. Aunque separados por una distancia importante entre pabellones, muchos de esos internos se las arreglaban para contactarse. O para conocerse. Nunca faltaba quien pudiera hacerse cargo de los "buenos oficios". O de llevar y traer desde mensajes hasta vaya a saber uno qué otras cosas.
La vida del cerrajero y condenado por asesinato Vicente Matricani había dado un vuelco extraordinario en los pasillos de la cárcel de Boulogne Sur Mer.
En 1971, a poco de quedar alojado para ser juzgado y condenado por el homicidio de la esposa, conocería a quien luego se convertiría en su segunda y nueva compañera: Susana Arbués, presa desde 1969 por haber tramado y cometido uno de los casos más tremendos y emblemáticos de la criminalidad mendocina: el asesinato del esposo: el maestro Avelino Maure.
La sentencia le fue rebajada por orden de dos gobernadores de turno y cuando recuperó la libertad Matricani se radicó en Buenos Aires. Allí lo esperaba Arbués, también libre.
Matricani y Arbués se unieron en pareja y se radicaron en Angaco, San Juan.
Asesino y cerrajero parte II
Mendoza, hoy
Jorge Godoy tiene 63 años, está preso en el pabellón 15, sector A de Boulogne Sur Mer, y deberá esperar un par de años más para quedar en condiciones de solicitar algunos de los beneficios que prevé el régimen de cumplimiento progresivo de la pena, como la libertad condicional.
Es uno de los presos más antiguos y el domingo 17 de mayo cumplirá 30 años de encierro.
La foja de su expediente de vida carcelaria indica que desde el 29 de junio de 2017 trabaja en el área Cerrajería del penal, que depende de la División Seguridad Interna. Es uno de los encargados de que las cerraduras de la cárcel funcionen.
Jorge Godoy fue detenido en 1996 apenas 4 días después de haber asesinado a su propio hijo: Yoryi Godoy, de 3 años, en la casa de alquiler que ocupaba con la esposa y otros dos hijos, en la calle Bombal de Guaymallén.
Fue condenado junto con la mujer, Graciela Camargo, en 1997, al cierre de uno de los juicios orales y públicos más convocantes de la historia judicial mendocina.
El 13 de mayo, por la mañana, Godoy había golpeado al pequeño Yoryi, lo dejó moribundo y se fue a trabajar. Camargo fue considerada encubridora.
Aquella noche, el hombre enterró al niño en un descampado cercano al hoy desaparecido Autocine Mendoza y al predio de licencias de conducir de Guaymallén.
Al día siguiente, fingió que al chico se lo habían "robado" del playón de un supermercado del barrio Unimev.
Frente a las cámaras, lloró y reclamó que devolvieran a su hijo. Camargo lo acompañó, aferrada a él.
Cuatro días después, la Policía de Investigaciones resolvió el caso. Godoy los guió hasta la morada final del pequeño cuyo paradero y trágico desenlace conmovieron a Mendoza.