A veces, quienes viven en la ciudad imaginan que en las zonas rurales no hay inseguridad. Sin embargo la situación es bien diferente, ya que junto con la temporada de cosecha se multiplicaron los testimonios de productores mendocinos que afirman haber sufrido robos donde los ladrones se llevaron cientos de kilos de fruta de sus fincas.
Productores denunciaron que ladrones hacen "temporada" en Mendoza para robar fruta de sus fincas
Ya circula la expresión cosechas clandestinas. El delito se volvió especialmente visible a mediados de enero, cuando trascendió que en la finca González Videla, de Panquehua (Las Heras), un grupo de unas 30 personas había intentado "levantar" un campo de vid. Los intrusos fueron detectados y huyeron.
Pero, según contaron testigos, la escena se repite con frecuencia en diferentes puntos de la provincia. Incluso en ese lugar único, sede de la bodega más antigua de la provincia y quizá del país.
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"La situación se está volviendo dramática"
En efecto, un referente de la vitivinicultura provincial -que solicitó mantener su anonimato porque es CEO de una importante firma- comunicó el martes pasado en las redes que había sido víctima de otro episodio.
"Esta aumentando fuerte la inseguridad en zonas rurales. Ahora les tocó a mis padres. Les entraron a robar, pero por suerte no estaban. En las fincas la situación se está volviendo dramática", expresó.
Horas antes, Diego Stortini -empresario y miembro de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria de Tunuyán- reclamó que la provincia "organice un programa especial" para afrontar estas situaciones. En especial en el Valle de Uco.
"De octubre a abril tenés en Mendoza a los turistas, más las personas que vienen para la cosecha. Eso genera una masa que tensiona la infraestructura de la Seguridad en la provincia. Y es la situación perfecta para este tipo de incidentes", le comentó Stortini a la periodista de Diario UNO Analía Doña.
Y añadió: "El gobierno tiene que entender que hay gente que hace 'temporada de robo' en Mendoza".
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La estrategia de los ladrones de fruta
En Zona Este hay quejas similares. Desde la localidad de Montecaseros (San Martín), Mabel González relató a este diario los inconvenientes que encuentra como pequeña productora.
Mabel aseguró que por estos días los ladrones se están llevando duraznos. Y agregó que, con arácnida paciencia, los delincuentes aguardarán la maduración de la uva y la ciruela para arrasar con esos cultivos. La cereza, indicaron otras fuentes, también corre peligro.
La entrevistada envió fotos que revelan el modus operandi de las bandas, que operan en etapas. Primero los intrusos van y meten la fruta en bolsas que dejan disimuladas en algún sitio, por ejemplo entre las plantas. Luego, pasan con una camioneta o un camión y se las llevan. En pocos minutos, los salteadores pueden hacerse con cientos de kilos. El eslabón final es la venta en los mercados.
"Además -observó Mabel- buscan fincas alejadas, o eligen la hora de la siesta. Tienen todo el tiempo para planear porque no trabajan. Y al mismo tiempo en mi zona vemos a la Policía haciendo multas a personas que tienen apenas una motito vieja y después queda a pie, viviendo a cinco o más kilómetros del almacén más cercano ¡Nos pegan por todos lados!".
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"Hay un negocio detrás de esto"
Ya el jueves, el empresario frutihortícola Marcelo Riveira conversó con el programa El Ventilador, de Radio Nihuil, y dio más precisiones sobre lo que está pasando.
"Es un problema que siempre ha existido pero viene en crecimiento. Entra gente al campo y hace cosechas furtivas con toda una logística. Antes eran hechos puntuales, pero ahora son regulares y adquirieron otra escala", advirtió.
Riveira destacó que aparte de haber más casos, los ladrones cuentan con más recursos -camiones, camionetas, incluso mano de obra propia- y son cada vez más violentos, hasta el punto de encarar a la Policía.
Y negó que se trate de personas que roban para comer. "Hay un negocio en esto. Normalmente, la gente a la que mandan a cosechar va por muy poca plata. Pero sus jefes se llevan la mercadería y después la venden en los mercados a un precio que nos perjudica".
¿Quiénes son? Riveira dice que no está claro. "Es evidente que nos falta inteligencia sobre este contexto. La Policía Rural intenta pararlos, pero ya no es suficiente. Además, te dejan las plantas rotas y la actividad se va degradando. Yo llevo 10 años en la zona de San José (Tupungato) y por cosas como esta soy cada vez menos competitivo".
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Temores y falta de control
Según coinciden distintas fuentes, las cosechas clandestinas se han vuelto particularmente intensas en los campos donde se cultivan frutas frescas que se pueden comercializar sin procesos industriales intermedios.
A ello se le agrega el robo de estructuras -palos, alambres y mallas- que se revenden en el ámbito de la construcción. Tanto eso como el tráfico con frutos podría resolverse, según insisten los productores, si se mejorara la fiscalización en los puntos de tránsito, distribución y venta.
Jorge Rubio pertenece a la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas Frescas de Mendoza (Aspeff) y confirma lo relatado por sus colegas. "En Panquehua (Las Heras) hemos visto llegar a 20 personas que ingresaron a robar una producción. Cuando el campo está cerca de zonas pobladas, el problema se vuelva todavía mayor".
"Si hubiera más controles de Documentos de Tránsito Vegetal (DTV), que garantizan la trazabilidad de los productos, la cosa podría cambiar, porque se podría comprobar la procedencia legítima de los productos que se comercializan. Pero no se hace como se debería".
El cálculo es sencillo: "Si alguien se lleva 20 cajas de durazno, son 400 kilos que entran en el mercado negro. Los encargados de las fincas que intentan trabajar dentro de la ley tienen que esconderse porque les da miedo enfrentar a esta gente. Mientras tanto, en cuatro o cinco horas te pueden hacer un desastre".
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