Con eje en el Valle de Uco

Mendoza es la mayor productora de nueces pero con problemas para exportar y traer divisas

La provincia aporta la mitad del total que se cosecha en el país. Sin embargo, vender al exterior y conseguir apoyo para sumar valor agregado sigue siendo complejo. Un cultivo milenario que avanza al ritmo de la "vida sana" y los climas frescos

El camino de las nueces mendocinas va por varios carriles. Uno se relaciona con la historia: junto con la vid y el olivo, fue uno de los primeros cultivos que trajeron a la provincia los colonos europeos. Y otra vía tiene que ver con el futuro y con una industria de gran potencial exportador que precisa afinar ciertas variables.

El ingeniero agrónomo Manuel Viera coordina la Asociación de Frutos Secos de Mendoza y trabaja en el área de Vinculación de la UNCuyo: "Mi tarea es sincronizar acciones y organizar datos estratégicos. Pero el eslabón más importante son los productores", se ataja.

Por su rol, no obstante, posee una visión panorámica sobre una actividad que lo entusiasma y que venía creciendo hasta que las trabas administrativas y la macroeconomía le pusieron un coto.

Las cifras son elocuentes. En el siguiente cuadro puede verse el frenazo que pegaron las exportaciones a partir de mayo de 2022.

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Mucho ruido y toneladas de nueces

Viera cuenta que, al requerir climas frescos, el nogal se da especialmente bien en el Valle de Uco.

"Se produjo de forma artesanal hasta los '90, cuando empezaron a llegar otras modalidades de cultivo desde Chile, que a su vez se inspiraban en lo que estaba sucediendo en California (EE.UU.)", repasa.

Tras la crisis argentina del 2001, el estímulo de un dólar más competitivo hizo que los nogalicultores mendocinos miraran al comercio exterior. Eso se sumó al mercado interno que -de la mano de una mayor conciencia alimentaria- también creció y representa el 60% de lo que se comercializa.

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El ingeniero agrónomo Manuel Viera dice que se involucró con el sector de los frutos secos mendocinos porque vio a

El ingeniero agrónomo Manuel Viera dice que se involucró con el sector de los frutos secos mendocinos porque vio a "un grupo humano que iba para adelante".

El clúster del Valle de Uco y sus atractivos

"Tupungato y Tunuyán iniciaron un proceso de crecimiento que fue posicionando a Mendoza dentro de la lista de provincias con mayor producción de nueces, junto a otro núcleo que se ubica en el norte del país", relata Viera.

"Y eso -añade- ocurrió justo cuando algunos productores de peras y manzanas estaban en problemas, lo cual volvió todavía más atractivos a los nogales".

Entre 2014 y 2017 se consolidó el clúster mendocino. Se sumaron más y más interesados a un proceso que contó incluso con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y que alcanzó en un breve lapso las 5.000 hectáreas cultivadas.

Claro: las ventajas de la nuez eran muchas. El fruto se seca rápidamente al sol o en hornos -"puede hacerse en un día", aporta el especialista- y es almacenable durante meses, lo que permite buscar los precios que más convengan a lo largo de la temporada.

Eso sin contar que, a diferencia de otras frutas, la dura cáscara protege de machucones e imperfecciones varias.

Los beneficios no se agotan ahí. La cosecha se puede mecanizar fácilmente. Como se ve en el video que aparece en el final de este artículo, existe maquinaria que "sarandea" a las plantas y en pocos segundos deja a las nueces en el suelo, listas para ser recogidas.

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Una plantación de nogales en el Valle de Uco (Mendoza).

Una plantación de nogales en el Valle de Uco (Mendoza).

A su vez, el producto tiene un alto precio por kilo. A veces los consumidores se quejan por eso, aunque Viera argumenta: "El precio tiene que ver con que a diferencia de otras frutas, acá vos estás transportando algo que tiene bajo contenido de agua. Desde el punto de vista alimentario, no es lo mismo comer 100 gramos de durazno que de frutos secos".

Viera menciona, asimismo, que la producción por hectárea es menor en relación a otros cultivos. El durazno puede rendir entre 40 mil y 60 mil kilos por hectárea, mientras que la nuez ronda los 2.500 kilod o 3000 kilos de nuez pelada y 5.000 kilos de nuez con cáscara. "De ahí que el precio sea más alto", insiste el agrónomo.

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La nuez: una industria entre el pasado milenario y la tecnología

Hace más de tres mil quinientos años, el Código de Hammurabi, un antiquísimo texto legal -acaso el más viejo, de hecho-, ya mencionaba a las nueces entre las comidas destacadas en la cultura babilónica.

Desde aquella época millones de manos rompieron infinidad de cáscaras. Se sucedieron viajes, comercio, guerras y mucho trabajo. Los griegos traían las plantas de Persia; los romanos asociaban a las nueces con la fertilidad y las llamaban "glándulas (o frutos) de Júpiter". De allí el nombre científico del árbol, Juglans regia. Y, en los últimos años, el auge de los llamados "superalimentos" catapultó a la actividad nogalera de nuevo al primer plano.

La nuez es rica en nutrientes (grasas y proteínas). Contiene ácidos grasos insaturados (omega 3 y omega 6), vitamina E, vitaminas de grupo B, minerales y oligoelementos como fósforo, magnesio, cobre, cinc y hierro. También es rica en fibra.

Los que aspiran a una vida más sana lo saben. En efecto, durante el periodo 2007-2017 la producción mundial se incrementó un 44%, alcanzando las 881.524 toneladas, mientras que la exportación mundial de nueces peladas aumentó un 85% en el periodo 2006-2016. Más que una moda, se volvió una tendencia sostenida.

Hoy se calcula que Mendoza tiene unos 600 nogalicultores que representan a la mitad de la producción nacional. El principal destino de las nueces mendocinas que se exportan es Italia (44,1% del total).

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Algunos de los productores mendocinos durante una reunión del sector.

Algunos de los productores mendocinos durante una reunión del sector.

La dinámica internacional

La oferta de origen estadounidense y chino -que representa aproximadamente el 70% del volumen global- entra a esos mercados europeos en septiembre. Con el avance de los meses, el fruto se deteriora, lo que abre paso a la producción del Hemisferio Sur, donde el principal jugador es Chile.

¿Cuánto se paga? En algún momento, el kilo de nuez con cáscara se ubicó entre los 3,5 U$S y los 4 U$S. Hoy anda por los 2,5 U$S, en tanto que el costo de producción -según informan los productores- ronda el dólar con veinte centavos durante la campaña 2022.

En Argentina, la superficie implantada alcanzó en 2018 las 14.090 hectáreas aproximadamente, con una cosecha de 18.413 toneladas. Las principales provincias productoras son: Mendoza (5.242 ha. y 9.980 toneladas), Catamarca (4.020 ha. y 2.617 toneladas), Río Negro (1.217 ha. y 2.165 toneladas), La Rioja (2.700 ha. y 2.131 toneladas), San Juan (592 ha. y 1.228 toneladas) y Neuquén (265 ha. y 290 toneladas).

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La "planta agradecida"

Arturo Soriano trabaja con 10 hectáreas de nogales en San Carlos y dice que cuando camina por su finca siente que está rodeado de "plantas agradecidas".

"Tienen entre 18 y 25 años de edad. Y requieren su trabajo, sí. Pero si se las cuida, ellas devuelven con creces", filosofa.

Aunque el nogal es sensible a las heladas, las noches frescas que ofrece el Valle de Uco le agradan. Eso deriva en un resultado óptimo en cuanto a los factores de calidad, que son tres: el calibre (tamaño), la ausencia de defectos (marcas, asimetrías) y el color de la pulpa -mientras más blanco es el interior de la nuez, mejor-.

En realidad, el color blanco no modifica el sabor. Implica, sencillamente, que la nuez tardará más en echarse a perder. Cuando el fruto es amarillo los signos de rancidez comienzan antes.

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Arturo Soriano comenzó a plantar nogales a mediados de los años noventa.

Arturo Soriano comenzó a plantar nogales a mediados de los años noventa.

Soriano retoma su historia, que probablemente es la de muchos. Empezó a mediados de los noventa y eso implicó arriesgarse e invertir.

"Actualmente, un trabajo a conciencia, elaborando bien el suelo, eligiendo las plantas y cuidándolas, te demanda unos U$S17.000 por hectárea hasta que comenzás a ver resultados", detalla.

Ahora Arturo extrae de su campo entre 35.000 y 40.000 kilos de nuez con cáscara anuales. Dice que podría sacar un poco más, porque él utiliza técnicas de hace algún tiempo y el cultivo se ha ido modernizando. Como sea, se lo escucha tranquilo.

"Es un trabajo que requiere paciencia. Al año de vida, un nogal te va a dar 3 o 4 nueces. A partir del cuarto o quinto año ya vas a tener algo más de producción y entre el quinto y el séptimo año vas a entrar en producción plena, ya con rentabilidad", advierte.

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El valor agregado, la exportación y el "Nuezcol"

En diversas charlas con los productores mendocinos de nuez se repite la queja: dicen que en 2022 se exportó poco porque no termina de convenirles. Sus compradores del exterior depositan divisas que, al ser retiradas acá, se entregan en pesos y cotizadas al dólar oficial. Y encima en septiembre ya entra a calar la producción de EE.UU. y se termina la campaña.

"Si es así, a lo mejor me cierra más llevar la producción a una dietética del centro que meterme en el embrollo de mandar cosas a Europa u Oriente", tira uno.

En el siguiente gráfico se ilustra la sensible caída de las exportaciones desde 2019:

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Se puede replicar que se trata de productos primarios y que podrían "sofisticarse" más allá de la nuez con cáscara, que -como se ve- representa la mayoría de los envíos al exterior. Pero los que cultivan responden que no perciben incentivos para añadir valor agregado e industrializarse más. Ni créditos accesibles para maquinaria ni espalda para apostar por nuevas propuestas.

Igual lo intentan. En ese sentido, el primer desarrollo es pelar las nueces. Si se vende "la mariposa" ya envasada hay un primer agregado de valor. Y existen muchas otras maneras. Por ejemplo: los trocitos de nuez sobrantes se utilizan para pastelería, panadería y confitería. La fabricación de bombones es una variante obvia.

Incluso se puede hacer una especie de Mantecol que en vez de usar maní se elabore de nueces, lo que los productores llaman "Nuezcol". En Mendoza hay familias que lo preparan de forma casera. Ninguna ha logrado proyectar la golosina al mercado todavía.

Hasta las cáscaras pueden aprovecharse como leña o combustible. El propio Arturo Soriano dice que este año regaló o tiró entre 4milm o 5 mil kilos de cáscara que, si se afilaran los circuitos comerciales, podrían utilizarse como biomasa para generar energía o calor.

Por último, existe un aceite de nuez que es muy valorado internacionalmente en la gastronomía y la industria cosmética. Con su sobrante se confecciona una harina, otro producto más. Nada se desperdicia y el resultante podría venderse a excelentes precios.

El obstáculo radica en que para obtener ese óleo se precisan prensas especiales y eso exige una inversión importante. Lo que conduce, una vez más, al callejón sin salida de la falta de créditos para innovación.

Para terminar, un video institucional de Frutos Secos de Mendoza donde se muestra cómo es el proceso de cosecha mecanizada:

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