Entrevista exclusiva

Mariana Herrera es la primera mendocina que modificó su DNI para "no ser hija de un genocida"

Nació con otro nombre y otro apellido. Pero a medida que conocía las cosas que hizo su progenitor durante la dictadura, maduró en ella una decisión que le cambió la vida. Una historia cruda y llena de esperanza

Mariana Herrera Rubia (54) aún no había nacido y el policía Héctor Lanza ya le apuntaba con un arma de fuego. "Apuntaba a la panza de mi mamá embarazada -su esposa- para amenazarla; y cuando yo era niña y me negaba a comer algo, me ponía la pistola en la cabeza", cuenta ella. La mujer que desgrana su historia a metros de lo que fue la Comisaría Séptima era hija de un represor. Pero ya no.

Son las cuatro de la tarde de un viernes. Sobre la plaza de Godoy Cruz discurre una tarde invernal de esas que anticipan frío cuando se vaya el sol. Mariana entra al bar y pide un cortado. Es la tercera persona del país que decidió desvincularse de un progenitor genocida: Lanza está involucrado en uno de los juicios de lesa humanidad que comenzará en octubre.

"¿Qué hacemos con lo que nos pasa? O nos sentamos a llorar o lo trasmutamos", propone Mariana, ya sin que nadie le esté apuntando a la cabeza.

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Mariana Herrera en la puerta de la ex Comisaría Séptima de Godoy Cruz, que funcionó en los 70' como un centro clandestino de detención.

Mariana Herrera en la puerta de la ex Comisaría Séptima de Godoy Cruz, que funcionó en los 70' como un centro clandestino de detención.

La infancia de Mariana

Esa profesora de Literatura de mirada amplia cuyo relato va tomando impulso vino al mundo en 1968, aunque reconoce que volvió a nacer a los 50.

"Cuando empezó la dictadura, en el 76, yo tenía 8 años. Recuerdo que aquel día amaneció muy nublado y que pasaban aviones de guerra por el cielo haciendo ruido", describe.

Para entonces, sus padres ya estaban separados. "Lanza venía a visitarme cada tanto. Él llegaba a casa y todos, empezando por mí, sentíamos miedo".

-¿Y vos entendías que él tenía algo que ver con la dictadura?

-Sabía que era policía y que me daba terror. Cuando él me pasaba a buscar, me traía a la Séptima o a otras dependencias. Trabajaba también en el D2 (nota del r.: el centro de secuestro y tortura más importante de Mendoza).

-Nada de ir con su hija a una heladería o algo así...

-No. Siempre pensé que él me utilizaba para camuflarse y espiar a otras personas bajo el aspecto de un civil con una nenita al lado. Recuerdo que una vez me llevó donde vivía, en casa de sus padres. Entramos a una sala y había una calavera arriba de una mesa, entre muchos libros. Y me dijo que estaba estudiando medicina. Yo, aterrada y sin hablar. Tenía 6 años y me había convertido en una niña silenciosa.

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"Siempre pensé que él me utilizaba para camuflarse y espiar a otras personas bajo el aspecto de un civil", dice la entrevistada.

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-Vos llevabas su apellido, Lanza. ¿Él también había elegido tu nombre?

-Poco después del parto, mientras mi madre todavía estaba en el hospital, este tipo fue al registro civil y me anotó con el nombre de su madre, Delia. Mi mamá me quería poner María y él se negó argumentando que “era nombre de sirvienta”. Pero María era mi abuela materna, a quien tanto quise. Finalmente, mi madre consiguió que al menos me anotara como Mariana de segundo nombre. Delia Mariana, pero el primer nombre era Delia.

-Y eso te molestaba.

-En la escuela y en el médico me llamaban con ese nombre y ese apellido, que eran como una cruz llena de culpa y de sangre. El día en que conseguí modificarlos fue como cambiar de piel y recuperar la identidad que yo siempre había sentido. Fue parirme: hice supresión de nombre y sustitución de apellido, con ayuda de mucha gente que quiero, como mi pareja desde hace tres décadas, Fabián, mi amiga Stella y su hija Violeta, compañeres de distintas organizaciones, mi terapeuta Jorge Barandica...

-También te contactaste con Mariana Dopazo, que había sido "hija" del genocida y exdirector de Investigaciones de la Policía Bonaerense Miguel Etchecolatz...

-Mariana fue otra persona que me orientó para hacer mi desafiliación, porque me facilitó sus papeles y los de Rita Vagliati (exhija del comisario Valentín Milton Pretti, otro personaje siniestro de la Bonaerense en los setenta). Yo fui la tercera hija de represores en Argentina en cambiarse el nombre, y que yo sepa soy la primera y por ahora la única en Mendoza. En todo el proceso conté también con el apoyo del abogado Javier Rivera y de amigas como la profesora Susana Sagrillo.

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Mariana, que es profesora de Literatura, se expresa en

Mariana, que es profesora de Literatura, se expresa en "inclusivo" con mucha naturalidad.

"Él había dicho que me iba a matar"

Mariana repasa su pubertad y adolescencia y admite que su madre se mantuvo en sordina; una presencia opaca. Fueron sus abuelos, gente sencilla, quienes la criaron: Francisco Herrera era zapatero y María Rubia modista.

"Mi abuela poseía muy poco pero lo compartía con todos. El que quisiera podía venir a comer a casa, siempre había un plato más. Mi abuelo igual. Una vez vi que le regalaba uno de mis juguetes a una niña. Me puse a llorar y él me explicó que podía comprarme otro, pero que esa nena a lo mejor no tenía más juguetes. Me iban enseñando así, con pequeños gestos", recapitula.

"Y la primera vez que vi llorar a mi abuelo fue cuando me vino a buscar a la escuela porque se había muerto Perón. Yo tenía 6 años", agrega Mariana como quien pesca en los mares de la memoria.

-¿Y cómo pesaba la sombra de Lanza en tu casa?

-Mis abuelos no me dejaban salir a ningún lado, porque él les había dicho que me iba a matar. Mi abuelo Francisco era socialista y eso sumaba más inquietud. Cuando yo tenía 12 años Lanza finalmente dejó de aparecer. Eso fue en el 80: yo ni pregunté que había pasado. Luego, en el 87 u 88, mi madre me trajo una carta donde él -Lanza- me aseguraba que había estado preso porque lo acusaban injustamente y que por eso no habíamos seguido en contacto. Yo sentí repulsión. Dejé la carta de lado y seguí mi vida.

Con la vuelta de la democracia, muchos represores intuyeron que se les iba a acabar la impunidad. En el caso de Lanza, se lo asoció con la desaparición del dirigente sindical Roberto Blanco, entre otros crímenes. Más tarde, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final echaron todo para atrás.

-La verdad es que yo nunca quise ser su hija, porque la construcción de paternidad la hace el amor y no los genes. Igual no era tan sencillo en esos años, incluso en democracia. No sabía bien cómo tenía que hacer para cambiar esa filiación. Y me tocaba escuchar frases como "vos siempre haciéndote la rebelde" o "para qué vas a armar ese quilombo", cosas así.

-¿Y qué te dio fuerza en esto de desafiliarte de tu progenitor?

-Fue muy fuerte el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo y de los compañeros y compañeras que lucharon y hasta entregaron su vida para que exista un mundo mejor. Lo que hago yo es en agradecimiento para cada uno de elles y un intento de dar ejemplo a los que vienen después.

-También fue cambiando el clima político en Argentina.

-Cuando en 2004 Néstor Kirchner bajó los cuadros de Videla y Bignone (nota del r.: que estaban colgados en una de las galerías del Colegio Militar de El Palomar, en provincia de Buenos Aires) yo sentí que también podía quitarme la mordaza. Que iba a poder ir a la Justicia y me iban a escuchar. Mi abuelo había muerto, mi abuela estaba enferma. Pero mis hermanas de la vida, Stella y su hija Violeta, me fueron acompañando. A través de ellas llegué a HIJOS y ahí me citaron a la fiscalía para que contara lo que sabía. Fui y hablé, pero a la vez empecé a pedir ayuda para cambiar mi nombre y apellido.

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"Yo nunca me sentí hija de Lanza. Los que me enseñaron sobre la vida con pequeños gestos de generosidad fueron mis abuelos", dice la entrevistada.

El cambio de nombre de Mariana Herrera

La sentencia por el cambio de identidad salió el 18 de febrero de 2018. Mariana festejó su cumpleaños aquel 28 de abril y fue como si fuera el primero. Un renacer.

Poco después, en 2019, llegó el pedido de "captura inmediata" contra Lanza por crímenes de lesa humanidad. Pero cuando Mariana fue a la fiscalía para saber si ya habían detenido al acusado -figura en causas como la 031-F del 2007- le contaron que había muerto en libertad.

A Mariana le hubiera gustado otro final para Lanza. "Ahora espero que en octubre empiece la megacausa en la que se verá su participación durante la dictadura", avisa.

Hoy, la mujer que insiste en pagar su café -y que ya camina hacia la ex Comisaría Séptima para participar de una conferencia- comparte una familia ensamblada con 4 hijos junto a Fabián. Sigue amando la literatura y a pesar de lo recorrido no perdió la sonrisa.

Sabe que en Mendoza hay otros hijos de represores que no se animan a dar el paso: "Yo les diría que uno puede elegir su identidad, que no tiene por qué llevar un apellido impuesto por esta sociedad patriarcal. Y no sólo en el caso de que sus padres sean genocidas sino en situaciones de abandono o por motivos de género. Una puede adoptar el apellido de la persona que la quiso. El tema es no callarse ante la injusticia, defender la verdad y no convertirse en cómplices. De lo contrario, tendremos también las manos manchadas de sangre".

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Mariana dice que las Madres de Plaza de Mayo fueron una inspiración.

Mariana dice que las Madres de Plaza de Mayo fueron una inspiración.

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