Aventura en Pakistán

El mendocino Ulises Corvalán y sus andanzas de alta montaña por el planeta

El experimentado guía de alta montaña ya subió 57 veces al Aconcagua y hace algunos días emprendió el complicado ascenso al cerro Broad Peak, una de las cimas más altas del mundo. Fotos y videos

Hace más de tres décadas que Ulises Corvalán sube y se especializa en alta montaña. Alcanzó la cumbre del Aconcagua 57 veces y coronó el Everest en 3 oportunidades. Pero como un desafío conduce al siguiente, a principios de junio encaró el ascenso del Broad Peak (8.047 mts), ubicado en la cordillera del Karakórum, sobre el lado pakistaní del Himalaya.

Broad Peak significa "cumbre amplia" en inglés. Se trata del cerro número 12 en el ranking de los 14 "ochomiles"; y simboliza, como los demás colosos de la zona, un sendero donde acecha la vida en su versión destilada -aire puro, paisajes alucinantes, amistades- y también algunos riesgos que no perdonan.

Ulises trabaja como guía en esas inmensidades blancas. Esta vez, la empresa Furtenbach Adventures lo contrató para conducir a varios expedicionarios a lo largo de un trayecto de varios días, pasando por los campamentos Goro y Concordia hasta alcanzar el Campo Base del Broad Peak y más allá.

Acompañaron a la expedición que integraba Ulises más de 100 porteadores. Aquí, un esquema del trayecto:

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En contacto

La de Corvalán es una rutina llena de sorpresas. Todos los años, el mendocino recibe ofertas laborales para ir a distintas montañas. Él prefiere las desconocidas.

"Trato de ir a aquellas que no conozco, porque me producen una sensación de aventura y curiosidad particular. En 2021 me ofrecieron el Manaslu -la octava cima más alta del mundo- y cumplimos con éxito. Esta vez fue el Broad Peak", contó por Whatsapp Ulises, en un diálogo que se produjo cuando él andaba por aquellos pagos del Asia profunda.

Y así llegó, semanas atrás, a Pakistán. En algunos sentidos, el paisaje le resultó similar al del Himalaya nepalí. En otros no. "Acá la comida es diferente a la de Nepal, porque la logística es muy complicada. No existen los tea houses ni la posibilidad de comer bien durante la aproximación a la cima. Todo va en lomo de burro o con porteadores", relató el guía.

-¿Y qué se come por esos lados?

-Las comidas abundan en arroz, pastas, un poquito de pollo, productos más locales como el daal o el chapati (un pan típico de la zona). En el camino se come poca verdura y casi nada de fruta, salvo algunos mangos y bananas. Hay que tener en cuenta que se hacen 80 kilómetros a pie desde el glaciar hasta el campo base: el transporte es difícil.

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Ulises tiene 50 años y sube los picos más altos del mundo.

Ulises tiene 50 años y sube los picos más altos del mundo.

La llegada

"Estas no son montañas, son flechas que salen disparadas hacia el cielo", poetizó Ulises el 13 de junio pasado, ya en plena expedición.

Su equipo original se componía de 6 "clientes" y 2 guías -uno era él-. Esa cifra, de todos modos, fue variando. A lo largo de trayecto se sumaron alrededor de 10 personas y otro guía, más los sherpas.

Estos sherpas merecen párrafo aparte. Como sabe cualquier amante del montañismo, pertenecen una etnia compuesta por unas 190.000 personas. Viven desde épocas ancestrales en esa cartografía plena de riscos y ventisqueros: para ellos, el diálogo con la montaña es cotidiano.

Y son, en efecto, quienes se especializaron en acompañar a los locos que, desde los más lejanos rincones del mundo, llegan para desafiar las cumbres del Himalaya y el Karakórum.

Ya en el campamento Concordia, Corvalán compartió estas imágenes para mostrar el espíritu que se vivía entre los expedicionarios:

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Luego, rumbo al Campamento Base, Ulises difundió una vista de 360 grados de la cadena montañosa que muchos llaman "el techo del planeta":

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Complicaciones en el Karakórum, ecos del Himalaya

La cordillera del Karakórum se ubica en la frontera entre Pakistán, India y China, justo enfrente de otro bosque de moles hechas de nieve y piedra, el Himalaya.

Y muchas son las leyendas que circulan sobre los seres que habitan esas tierras. Hasta no hace mucho, los sherpas hablaban de un personaje que en Occidente se conoce como "el abominable hombre de las nieves".

En 1960, incluso, se organizó una partida para ir en su busca, como puede leerse en el libro "Expedición al Himalaya", que escribieron el legendario Sir Edmund Hillary -quien junto a Tenzing Norgay fue el primer humano en coronar el Everest- y el excéntrico escritor Desmond Doig.

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Una imagen del "abominable hombre de las nieves", según la ilustración de un artista nepalí que figura en el libro de Hillary-Doig.

No obstante, a mediados de junio de 2022 el mendocino Ulises Corvalán estaba más preocupado por las nubes que por los monstruos. El optimismo de su equipo sufrió el primer cimbronazo en el campo base del Broad Peak, cuando los sorprendió la llegada concreta y palpable de un temporal.

Acá, un video sobre el panorama entre las carpas:

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Eso fue el 17 de junio. Recién el 21, el guía contó: "Después de varios días de tormenta y nieve hoy asomó un poco el sol y pudimos ver nuevamente al Broad Peak. Los últimos días pasados en el campo base se resumen a dormir, comer, hidratar, y alguna pequeña caminata en los horarios en que no esta nevando".

Y siguió: "El pronóstico anuncia que mañana miércoles 22 de junio será el último día de nevadas por lo menos por una semana".

Pero los meteorólogos pifiaron. El grupo emprendió la subida y ni el viento ni la nieve cedieron. En las redes, Ulises ingresó en un silencio que sólo se interrumpió después, cuando se conocieron las peripecias que protagonizó por encima de los 8.000 metros.

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El asalto final

"El lunes 4 de julio, nuestro primer grupo de cumbre inició el ascenso desde el campo 3 (7.100 mts) a las 18, con Chris como guía. A las 19.45 salí guiando el segundo grupo de cumbre, que iba equipado con oxígeno", repasó Corvalán.

"Los dos grupos caminamos toda la noche. Ya era martes 5 de Julio y la cumbre estaba cerca. Nos costaba mucho superar un tramo de escalada, aun con la cuerda fija. La nieve a nuestros pies no era sólida, se caía todo y el esfuerzo era enorme. De todos modos logramos llegar al filo cumbrero", anotó Ulises.

A esa altura, sólo persistían 7 clientes y los dos guías. Hacía frío y nevaba desde hacía mucho. La humedad era altísima. A sólo una hora de alcanzar la cumbre, la visibilidad era prácticamente nula.

En la cornisa

"No se veía nada a raíz de lo que usualmente llamamos efecto whiteout, una luz plana y blanca que elimina cualquier referencia y te deja sin sentido de la orientación. Al lado de nosotros iba un grupo de británicos; se habían sentado a descansar en la nieve. Ya no había cuerda fija para agarrarse", repasó el mendocino.

Ulises contó que Mignma Sherpa -un baqueano que subió 7 veces el Broad Peak- puso cara de "esto no me gusta".

Entonces sucedió. Uno de los locales se había sentado a descansar muy cerca de una cornisa. El piso se veía estable. De pronto, "todo el espacio que rodeaba a este muchacho se desprendió y él cayó hacia el vacío, para el lado de China. No lo vimos nunca más. Se perdió entre la neblina. Son caídas de miles de metros: no hay forma de que haya quedado con vida", se lamentó Ulises.

El altímetro marcaba 8.019 metros, la cumbre estaba a 8.047 y el pakistaní había desaparecido como arrancado por una garra invisible.

"Me miró con sus ojos de niño y lo entendí todo..." "Me miró con sus ojos de niño y lo entendí todo..."

Sólo uno de los clientes, Mike, caminaba cerca de los guías y dos o tres sherpas. Los demás venían detrás. Corvalán recuerda: "Detuve a todo el equipo porque evidentemente la zona no era segura".

Mignma, el jefe de sherpas, se adelantó un poco. "No possible“, repetía. Y el mendocino sintetizó: "Me miró con sus ojos de niño y lo entendí todo".

Era hora de emprender el regreso. El coloso no había cedido esta vez. Quizá la próxima.

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Ulises Corvalán y los amigos

Ocurre que en la existencia de un montañero -y en la vida en general- hay cosas más importantes que llegar siempre a la cima.

Un ejemplo clásico: el 25 de mayo de 1955, una expedición británica intentó coronar el Kanchenjunga (8.586 metros), que según las tradiciones era un monte sagrado, imposible de vencer. Por eso cuando George Band y Joe Brown se acercaron a la cumbre, se detuvieron a pocos metros del risco superior y no avanzaron más como forma de mostrar su respeto por la cultura local.

Lo dicho: a veces la cima -sin duda importante- no lo es todo.

"En cada uno de estos viajes de traés amigos nuevos", confirmó Ulises en su diálogo con UNO. Mencionó a Nima Sherpa, al propio Mignma Sherpa y a Tendi Sherpa.

"Tendi compartió conmigo expediciones al Everest en 2014, 2015 y 2016. Es un guía excelente y calificado que de vez en cuando nos visita en el Aconcagua. Y si yo voy a Katmandú, él está incondicionalmente disponible para juntarnos. Conozco a su familia y su casa", resumió el entrevistado.

De regreso

Había que bajar. La vuelta del Broad Peak tampoco fue sencilla para Ulises y los suyos. Descendiendo por los valles, la expedición se topó en algunos tramos con las consecuencias del temporal en los caminos, como puede comprobarse en estas imágenes:

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Detrás de un cerro, el siguiente. Pasado un río, el otro ¿Dónde se termina el camino para este tipo de hombres? Ni ellos lo saben. A sus 50, Ulises sigue en forma y motivado. "Uno suma experiencia ¡Pero me gustaría haber tenido esta experiencia a los 30!", bromeó el guía mendocino.

"Otra de las cosas que más me alegra es cruzarme con guías que han sido mis alumnos -agregó-. Ver que ahora trabajamos a la par es un gran orgullo y un honor".

-¿Qué desafíos te quedan por cumplir?

-El desafío es estar a la altura de la propuesta laboral que te ofrezcan, desde guiar al Everest hasta ir a Vallecitos. Lo importante es permanecer activo. Hoy el guía de montaña es una mezcla de coach, médico, psicólogo y nutricionista, y los guías latinos son muy buscados por su empatía".

Por lo demás, Ulises Corvalán dice que nunca dejará de gastar suelas por las montañas mendocinas, donde suele organizar con amigos expediciones a cimas que aún hoy están vírgenes y que lo esperan, rodeadas por la soledad del cielo.

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