El último informe de Unicef arrojó una radiografía compleja sobre la situación social en la Argentina. Por un lado, el documento destaca una tendencia positiva: la cantidad de personas en situación de pobreza registró una baja consecutiva y el índice actual se posiciona como el más bajo desde 2018.
Sin embargo, la contracara del dato general sigue siendo alarmante en la población más vulnerable, ya que 4 de cada 10 niños y niñas en el país continúan viviendo bajo la línea de pobreza.
Desde el organismo internacional pusieron el foco en las profundas brechas que persisten hacia el interior de las estadísticas. El informe advierte de manera tajante que los promedios generales tienden a invisibilizar fuertes disparidades estructurales, mostrando que la realidad golpea con mucha más dureza a determinados sectores de la sociedad según su vulnerabilidad social, laboral y de género.
Las desigualdades que los promedios ocultan
La investigación de Unicef refleja que las desigualdades socioeconómicas se ensañan principalmente con aquellos hogares que registran un bajo clima educativo, inserciones laborales de extrema precariedad o que están liderados exclusivamente por mujeres. En estos contextos, las posibilidades de salir de la vulnerabilidad se reducen drásticamente.
Los datos duros del relevamiento exponen con claridad estas diferencias:
- Clima educativo crítico: 68,8% de las chicas y chicos que crecen en hogares con un nivel educativo muy bajo son pobres.
- Falta de empleo: la cifra más dramática se observa en los hogares donde la persona de referencia o el sostén de familia se encuentra desocupada: allí, la pobreza infantil escala de forma estrepitosa hasta alcanzar 74,8% de los menores.
El gráfico de Unicef muestra que en 2016 los niños, niñas y adolescentes eran casi 6 millones y ese número se redujo en 2025 a poco más de 5 millones. En cuanto a la pobreza extrema de cas 1.300.000 bajó a poco más de 1.120.000.
De esta manera, aunque el indicador general muestra un alivio y consolida una mejora respecto a los últimos ocho años, el informe de Unicef enciende las alarmas sobre los núcleos duros de la pobreza. Los especialistas insisten en que, para que el descenso general se consolide de manera equitativa, el diseño de las políticas públicas debe apuntar de forma urgente a revertir la desocupación y a fortalecer los trayectos educativos en los entornos más postergados.





