Las artes visuales ya no esperan el consentimiento de museos o galerías para potenciar y expandir su radio de acción. Hoy, el mercado del arte se abre a nuevas perspectivas a través de su exhibición en espacios no convencionales. En Mendoza, por ejemplo, casi no quedan hoteles o bodegas que no destinen un rincón al arte mendocino.
En la mayoría de los casos relevados por Diario UNO, el objetivo de los dueños de hoteles o bodegas es enriquecer la experiencia del turista. Y por parte de los artistas locales, lo hacen debido a la falta de espacios tradicionales de exposición además de la oportunidad de llegar a otros públicos para que aprecien y compren sus obras de arte.
Hace más de 20 años surgieron las primeras expresiones de esta tendencia en bodegas y hoteles, a través de firmas como Navarro Correas, Park Hyatt Hotel, Zuccardi o Salentein con su recordado espacio Killka. Y hoy aquel boom de los años 2000 se ha consolidado. Algunos más preparados que otros, lo cierto es que alguna pared o rincón de empresas -sobre todo dedicadas al turismo- luce con pinturas o esculturas de artistas mendocinos.
El desafío ahora es profesionalizar el desarrollo de este maridaje perfecto para que los espacios culturales entre toneles o en hoteles se sostengan y potencien tanto el turismo como el mercado del arte local.
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Las bodegas encuentran su identidad en el arte
Hay bodegas y hoteles top en Mendoza que amalgaman sus unidades de negocio con el arte mendocino, y ello les da identidad propia más allá del rédito publicitario que puedan obtener.
La recordada Emma Zuccardi fue una de las pioneras en entender que el vino va de la mano con el arte porque ambos constituyen la cultura de Mendoza y, junto a la gastronomía, son claves para el desarrollo turístico que posiciona a la provincia entre uno de los 5 destinos más elegidos del país. Emma era una apasionada del arte y sabía mucho del tema, nos cuenta Julia Zuccardi, su nieta quien está a cargo de la Cava de Arte de Bodega Santa Julia. En el 2001 la Familia Zuccardi inició con su área de Hospitalidad y sumó un espacio de arte.
La premisa de Emma que se sostiene hasta hoy fue que el espacio sea para artistas mendocinos, "para que quienes visitan la bodega tengan contacto con el arte local", recuerda Julia, y sigue sus pasos en un trabajo que describe como "enorme" al mantener durante 20 años esa sala de exposiciones tan codiciada por los artistas locales y que cuenta con la curaduría de una referente en la materia, Pupi Agüero.
"Es un trabajo de mucha constancia, de mucha responsabilidad. Tenemos 4 exposiciones anuales como mínimo. Lo importante de esta movida es que no sea una moda, que esos espacios se tomen con seriedad y logren permanecer", afirma Julia Zuccardi y celebra la aparición de espacios no tradiciones para las artes visuales "porque de algún modo estamos conectando el arte a nuestro lugar, a nuestra cultura".
El año pasado por Bodega Santa Julia pasaron 58.000 personas, que espontáneamente visitaron su sala de arte. "Esto le da al artista una visibilidad mayor con la posibilidad de vender sus obras también", advierte la hija del bodeguero José "Pepe" Zuccardi.
El arte forma parte del ADN de los hoteles
Belén Graffigna es la hotelera estrella de Mendoza, a quien buscan los emprendedores del rubro a la hora de abrir un albergue. La asesora y entrenadora de equipos para los hoteles describe tres factores que inciden en la identidad de un alojamiento premium: el interiorismo, el paisajismo y, pues claro, el arte.
"No es colgar un cuadro o buscar una pieza sino amalgamarla en todo el concepto de interiorismo del hotel, y en Mendoza hay grandes profesionales que lo hacen muy bien", observa Graffigna, y afirma que las muestras artísticas "forman parte del storytelling que se arma en el hotel en donde el aporte local contribuye a darle una historia que contar que además le da un valor agregado a cualquier espacio".
Y añade que en estos lugares el arte también está en sus mobiliarios. "Hay un arte increíble que los hoteles lo están capitalizando e integra el ADN de los hoteles".
En tanto, el Grupo Huentala tiene un compromiso con el arte, aporta Melanie Camsen, miembro del directorio, acerca de esa filosofía de la empresa que se refleja en sus tres hoteles: Sheraton Mendoza Hotel, Hualta Winery Hotel y Huentala Hotel. "La iniciativa de incluir obras de envergadura de artistas locales y nacionales fue motivada por una creciente tendencia entre los viajeros, quienes no buscan un simple alojamiento sino también experiencias culturales y estéticas que enriquezcan su estancia", explica Camsen y destaca:
Desde el Grupo Huentala reciben muchas consultas de artistas para exhibir sus obras en alguno de sus hoteles. El entusiasmo se debe a la oportunidad de dar a conocer sus obras en un lugar poco convencional por el que circulan a diario más de 2000 personas.
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La visión de los curadores de arte en estos espacios
No todos estos espacios cuentan con un equipo de curaduría para montar las exposiciones, ni siquiera con un curador o gestor cultural que se encargue de seleccionar las propuestas más adecuadas para cada lugar. Quienes sí trabajan en hoteles o bodegas "curando" las obras para que sean exhibidas de la mejor manera, opinan que el avance del arte mendocino fuera de las galerías o museos exige la mirada profesional que evite convertir las muestras en simples paredes donde colgar cuadros.
Fernando "El Flaco" Gabrielli viene trabajando como gestor cultural en bodegas desde el 2004 cuando abrió la galería de arte de Navarro Correas. Con propuestas mensuales, esta sala duró hasta 2015, y junto a Killka fueron de los primeros ciclos de arte en bodegas que se dieron en Mendoza.
Gabrielli lleva 9 años como director del espacio de arte de Casa Vigil en Chachingo, que en 2019 ganó el Oro Mundial en la categoría “Arte y Cultura” de los premios “Best of Wine Tourism” que realiza la Red de las Grandes Capitales del Vino.
El "Flaco" aclara que "aquí la idea es intervenir el espacio", ya que Casa Vigil no tiene un lugar diseñado como galería de arte. Generalmente se exhiben pinturas y esculturas. "La sustentabilidad del ciclo -se dan 4 muestras anuales- tiene que ver 100% con la posibilidad de mostrar el arte mendocino a los turistas", remarca en referencia a que más del 70% de los visitantes en Casa Vigil son extranjeros.
Daniel Rueda es voz autorizada si de curaduría de arte en lugares atípicos hablamos. Actualmente, coordina ArteH Espacio Hipercerámico, y los espacios de las bodegas Terrazas de los Andes y Estancia Bodega El Retiro. Sobre el fenómeno, opina que "el arte contribuye en lo identitario de una empresa, genera una mayor vinculación y compromiso con sus grupos de interés para el desarrollo de negocios". De este modo, para el marchand "se genera una relación en la que todas las partes implicadas en el desafío -empresa, artista y sociedad- se ven beneficiadas".
Rueda considera también que en Mendoza "faltan metros lineales para exponer; por ello el artista no sólo logra mostrar sus trabajos en estos lugares, también genera nuevas posibilidades de comercialización y proyectos".
El montaje de una muestra abarca desde la manera de utilizar la luz y los espacios, hasta las estructuras para la creación de los escenarios expositivos. En este aspecto, el curador reconoce: "En los tiempos actuales nos vemos obligados a adaptar las formas de proyección del arte, incluyendo las nuevas tecnologías y desarrollando actividades más dinámicas y participativas con el fin de potenciar la experiencia en los visitantes a la empresa".
Quien brinda su avezada mirada estética en la Cava de Arte de Bodega Santa Julia es Pupi Agüero, quien aporta que el criterio para el montaje de una muestra en un espacio no convencional "debe ser con una mirada distinta, no para especialistas" ya que "será visitada por una mayoría que no va a salas de arte".
Para Julieta Gargiulo, quien dirige el tema cultural en Alfa Crux y Casa Agostino, "relatar la historia del vino y las manifestaciones culturales que le son propias y lo acompañan desde su nacimiento, graba en la psiquis del visitante un recuerdo imperecedero vinculado a su producto".
Ella -que fue directora de Killka en Salentein, entre tantísimas otras salas artísticas en bodegas, y la primera en montar una muestra en el Hyatt de Mendoza- vincula el auge del arte en estos espacios a la arquitectura: "Se comenzaron a edificar bodegas donde la impronta de su arquitectura hace referencia al disfrute del paisaje y sus salas de exposición".
Gargiulo no se preocupa tanto por las condiciones del espacio para los montajes, todo lo contrario, "es fascinante incluir otras opciones, para un creativo es un desafío y una oportunidad". Y en este sentido recuerda una muestra dentro de una antigua pileta de vino en Bodega Viniterra: "Tenía las paredes teñidas de rojo por el vino, teníamos que entrar por la estrecha puesta de la boca de la pileta y cubriendo esas paredes estaban las obras gigantescas de Carlos Gómez Centurión referidas a la cordillera. El paisaje había inundado el espacio del vino. Ayudaba al momento mágico el rastro del perfume que había quedado impregnado en esas paredes".
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Desde tours hasta cosechas de artistas proponen hoteles y bodegas
Partiendo de la premisa que en un museo la obra es protagonista, en cambio, en ámbitos como una bodega es una parte más de la experiencia del visitante, la Familia Zuccardi organiza desde hace casi dos décadas Cosecha de Artistas. Se trata de un evento donde ahí sí el artista visual se lleva todas las miradas.
Cosecha de Artistas es una muestra colectiva que surge a partir de la invitación a artistas locales de diferentes géneros y estilos a cosechar uvas o aceitunas, depende cada edición. En mayo de este año, 57 figuras de las artes visuales de Mendoza vivieron la experiencia entre olivos y se inspiraron en ello para crear las piezas que pueden apreciarse en la Cava de Arte de Bodega Santa Julia.
En cambio, el Grupo Huentala ofrece a sus huéspedes tours artísticos. Son recorridos específicamente de arte por los espacios culturales de los tres hoteles de la compañía, donde se cuenta la biografía de los expositores, la historia de algunas de sus obras y las técnicas utilizadas en cada una de ellas.
Hasta septiembre, quienes se alojen en esta cadena hotelera verán en el lobby del Sheraton Mendoza Hotel la muestra "Vino y Arte" de Pato Cadenazzi, en la que refleja a través de mujeres la historia de la vendimia. Y en el salón Cuyum de Huentala Hotel acaba de inaugurar “5to Elemento”, una exposición colectiva de fotografías.
Chandon, por su parte, lleva casi 20 años desarrollando su programa de responsabilidad social “Racimos de Colores”, en el que capacita a docentes para luego volcar sus conocimientos a niños de más de 30 escuelas rurales, ubicadas en los oasis productivos cercanos a la bodega y sus viñedos.
Y Estancia Bodega El Retiro, en Santa Rosa, custodia una significativa colección de arte. En la propiedad de Alfredo Luis Vila Santander, se puede admirar un valioso acervo de obras de arte histórico y contemporáneo, cuyo eje central -en términos de estilos- "es el grupo de pinturas, objetos e imaginería con escenas religiosas asociadas a la escuela cusqueña o a su descendiente, la potosina", explica su curador, Daniel Rueda.
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La opinión diversa de los artistas mendocinos
Enrique Testasecca es uno de los primeros artistas que se animó a exponer en bodegas a principios del 2000. "Estos espacios insertan al artista también en la industria del turismo en Mendoza", opina y analiza:
Dice que los espacios se fueron adecuando al arte y también "se amplió la experiencia de los turistas que ahora hasta pueden visitar talleres artísticos". Para él "es importante a esta altura que los espacios dedicados al arte en bodegas u hoteles estén adecuados para tal fin, para que de esta manera se consolide la tendencia con prolijidad, con seriedad". Y considera que esa pared destinada a las artes visuales "debe ir de la mano de un concepto definido y de un seguimiento técnico que ayude al mantenimiento y proyección de ese lugar como canal de venta; si no, no habrá continuidad".
Gustavo Coppoletta hace memoria para narrar las muestras en Escorihuela que realizaba en los años '90, junto a Sergio Roggerone y Marcelo Mortarotti. Y desde su óptica, hoy estos espacios no convencionales "son casi los únicos donde podemos exponer y generar un encuentro divertido con nuestro público". Rescata que algunas bodegas tengan salas de arte "que son mejores que cualquier sala municipal".
Coppoletta tiene una fuerte presencia en el exterior, es en otros países donde vende y expone sus obras, más que en su lugar de origen. Y precisamente afuera trabaja mucho con las cadenas de hoteles internacionales.
Su colega, Egar Murillo percibe que en las bodegas los artistas no toman riesgos, van a lo seguro para vender, y "el arte es otra cosa". En cambio, las muestras efímeras que proponen en sus talleres tienen "un sentido más experimental". De todas formas, sostiene:
Una mirada opuesta tiene Florencia Aise, quien no suele exponer en estos espacios porque "les decorás las paredes nada más, la gente que va a las bodegas no va a comprar arte; para el artista no es muy conveniente".
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Cómo ser bodeguero y artista a la vez
Jorge Alonso es bodeguero y artista a la vez. En 2018 fundó su Bodega Alonso Guerrero que está impregnada de arte, claro, aunque todavía no cuenta con un espacio dedicado para tal fin.
"Desde muy joven he estado fascinado tanto por el arte como por el vino, la idea de fusionar estas dos pasiones surgió de manera natural, ya que ambos representan formas de expresión y creatividad", sostiene Alonso, quien en su bodega busca integrar la innovación y la creatividad en el mercado vinícola.
Su propósito no es solo producir vinos de alta gama, "sino también crear experiencias únicas que combinen lo visual y lo sensorial". Y su colección Artista Blend es un reflejo de esta visión, donde "cada botella se convierte en una obra de arte", asegura.
El bodeguero y pintor concluye que definitivamente "el arte añade un valor estético y cultural a la bodega, diferenciándola en el mercado".
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